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7/9/06

Cierta perspectiva


Una ligera perspectiva histórica, ahora que el representante del Gobierno iraní viene a Madrid a devolver la visita de Felipe González. Como resulta que el Gobierno español está adquiriendo cierta relevancia en todos estos follones (obviamente, no tiene nada que ver que Moratinos haya sido durante años representante de la Unión europea en Oriente Medio), lo que sigue siendo objeto de intento de sabotaje por los aventureros habituales, pues vamos a volver a hablar de Irán.

Libro recomendado del día: "Creación", Gore Vidal. Especialmente recomedado a gente que ya tenga una idea sobre sobre de qué coño nos está hablando. Qué le vamos a hacer: es lo que diferencia a novelistas como Gore Vidal, Robert Graves, o Marguerite Yourcenar, por ejemplo, de, por ejemplo, Noah Gordon o Ken Follett. Que saben de qué hablan y no escriben literatura para marujas/os.

Esto va al hilo de lo de la perspectiva histórica. La idea de la Persia de los Aqueménidas que tiene por regla general la gente por estos pagos (me refiero, obviamente, a la gente de cierta edad que aún tuvo la fortuna de padecer un sistema educativo represor y castrante, en el que se aprendían cosas; entre ellas algo de Historia), la idea, etc... es la que ideó la propaganda de guerra ateniense 400 años antes de Cristo. Y es la que permanece entre los europeos semicultos de hoy en día (especie en peligro de extinción, aunque no tanto ya, gracias a La barra virtual y sus blogs hermanos) Ya se sabe: las Termópilas, Maratón, Salamina, Pisístrato, Milcíades, Leónidas, Pericles, etc.

Si tomamos conciencia de ello, podremos tal vez enfrentarnos a los retos de la actualidad con otro talante. Básicamente, tratando de interpretar los hechos de forma ecuánime; no adaptándolos con calzador (o tijeras) al corsé impuesto por nuestros gurús.

Ya he comentado en otro lugar que la propaganda no consiste sólo en tergiversar un hecho concreto, sino que, es una lenta violación psicológica cuyo objetivo es lograr que las masas (sic) reaccionen por reflejo condicionado. Esta lenta violación tiene lugar durante toda la vida del objeto de la misma.

Como la principal, por no decir única, base que tiene el objeto para reaccionar ante un hecho es el sentimiento de que lo ha imbuido la propaganda a que lleva siendo sometido durante toda su vida, por regla general, no es preciso esforzarse mucho. Por ejemplo:

"Irán es malo"

Todos sabemos que los iraníes (que son intrínsecamente malos) quieren tener bombas atómicas y que eso no se les puede consentir. De hecho, la única base para decidir que quieren tener bombas atómicas es que son malos e, igualmente, el único motivo por el que no se les puede consentir, es que son malos.

Claro, que llevan siendo malos desde tiempos de las Termópilas. Casi mil años antes de que Mahoma naciera.

Actualmente son malos desde el año 79. Ahora bien, ¿por qué son malos? Porque, en el año 79 expulsaron del poder a un déspota sanguinario llamado Mohammed Reza Pahlevi, descendiente de una especie de cosaco a quien los ingleses habían hecho Shah porque así les convenía a fin de tener seguras las explotaciones petrolíferas de la Anglo-Persian Oil Company. Eso sí: sus sucesivas esposas Soraya y Farah Diba, daban mucho juego en el Hola y demás prensa rosa. De hecho, a la boda de nuestro principito con la plebeya televisiva, no fue invitado el Presidente iraní, sino Farah Diba y su hijo, que conspira desde USA para que "su pueblo" sea convenientemente bombardeado por su propio bien.

Desde principios del siglo XX, y en especial tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, Los ingleses se ocuparon bastante de Persia porque aún no se había descubierto el petróleo de Arabia y aquello empezaba a ser bastante necesario. Como el Shah se puso un poco tonto aprovechando la Segunda Guerra Mundial y le cambió el nombre al país por Iran, en un guiño a Hitler (en fin, colega, todos somos arios, etc.), pues oye, entre los Soviéticos y los Ingleses, lo ocuparon directamente (en ese momento, Stalin y Churchill se llevaban bastante bien).

Eso era necesario para asegurar el suministro por tierra de material militar británico y norteamericano a la Unión Soviética, en plena invasión alemana y, por otra parte, evitaba que les dieran algún susto con el petróleo que en ese momento era más necesario que nunca para todos. Una vez terminada la guerra, se lo repartieron en zonas de influencia, el Norte para la URSS y el Sur para Gran Bretaña y Estados Unidos. En 1953, había un tal Mossadeq, que como primer ministro, envió al Shah al exilio y no se le ocurrió otra cosa que nacionalizar -tras largas negociaciones fracasadas para que algo de la pasta del petróleo se quedara en el país- una empresa llamada Anglo Iranian Oil company (luego British Petroleum). Así, como si el petróleo de Irán fuera suyo, oiga. Obviamente, fue convenientemente depuesto a su vez mediante un pequeño golpe de Estado con apenas 5.000 muertos, organizado por la CIA y el MI6. Poco después, a Nasser se le ocurrió que el canal de Suez era egipcio, motivo por el cual fue convenientemente invadido por Gran Bretaña, Francia e Israel. Pero en esta ocasión, tuvieron que olvidarlo, porque a Eisenhower no le hizo ninguna gracia.

Desde ese momento, el Shah mantuvo el petróleo en manos occidentales, como debía ser y se llevó a partir un piñón con Israel; se dedicó a formar un ejército inmenso para mantener el orden en la zona y a occidentalizar -que no democratizar- el país. Lo que pasa es que era bastante tosco en general, aunque no en algunas habilidades tradicionales (no, porque las principales policías políticas del mundo libre, en general subsector vasallos, pero no sólo, enviaban allá a sus torturadores a mejorar la técnica: La SAVAK gozaba de altísima reputación en ese campo) y la gente estaba notablemente quemada con su dictadura, considerada bastante feroz.

En los años 70, cuando los americanos se dedicaban a venderle al Shah lo más novedoso de su arsenal (vbgr., es el único país aparte de USA que ha tenido cazas F-14) resulta que la oposición se reunía para conspirar. La figura central era un tal Jomeini, que vivía exiliado en París y que era Ayatola. En aquella época nadie sabía por aquí lo que era un ayatola y ni siquiera lo que era un chií.

Sorprendentemente (las repentinas caídas de las dictaduras vasallas siempre pillan a la CIA con el pie cambiado) (bueno, no necesariamente a la CIA, lo que pasa es que, como los gobernantes sólo quieren oír lo que les gusta, no acostumbran a hacer caso de los informes adecuados) el Shah cayó rápido. Se formó un gobierno, con Jomeini, pero con más gente. Sobre todo había algo horrible: el partido Tudeh ¡comunistas! Pero los Estados Unidos, con la habilidad que les caracteriza, en lugar de ver qué pasaba, e intentar apoyar un poco a los demócratas laicos, pongo yo por caso, inmediatamente la cagaron y decidieron que el nuevo régimen era su enemigo. Que, por otra parte es lo que deciden cada vez que un dictador vasallo es derribado.

Resultado: A tomar pol culo, en breve plazo, la variedad del gobierno y los clérigos chíis se quedaron con todo. Como encima entraron en la embajada USA cuando los americanos acogieron al depuesto Shah y todos sabemos lo que pasó, pues eso.

Bueno, al principio, se limitaron a manifestarse en el exterior de la embajada, pero el seráfico Carter decidió que Estados Unidos dejaba de comprar petróleo a Irán (600.000 barriles diarios); como las cosas pintaban mal, el gobierno iraní decidió retirar 12.000 millones de dólares depositados en bancos estadounidenses, y, claro, qué listos: Carter ordenó que se congelaran los depósitos iraníes (en román paladino, robó a Irán 12.000.000.000 dólares de 1979) Lo peor de todo es que los iraníes consiguieron reconstruir la mayor parte de los documentos secretos de la embajada aún después de pasar por la trituradora. Mala cosa.

Rápidamente, el seráfico Jimmy Carter les montó una guerra, merced a la intervención de un colega de los yanquis de nombre Saddam Hussein, que invadió Irán con un ejército armado con todo lo que tenía la hoy conocida por comunidad internacional. Esa guerra duró casi 10 años y produjo millón y pico de muertos. Ahorremos los detalles. España, por ejemplo, no sólo suministraba cetmes a Irán, sino bombas y minas de Expal a ambos bandos.

La imposición de la república islámica fue sumamente sangrienta. Por un lado, ya habían aprendido que, si lo intentaban hacer de modo civilizado, los mataban en seguida (tema Mossadeq), así que optaron por cargarse a todo aquél que hubiera tenido cierta relevancia en el régimen anterior, empezando por toda la SAVAK. Las imágenes de los muertos colgados de las grúas en el centro de Teherán se hicieron famosas y convengamos en que es bastante feo coger a una mujer y decirle que bueno, que le perdonan la vida a ella y a sus hijos si dice que Alá Akbar y tira personalmente de la palanca para ahorcar a su marido. Por otra parte, Jomeini se quitó de encima enseguida a toda la claque de políticos de oposición y se dedicó a explicar a los iraníes hasta cómo tenían que cagar. Verídico.

De hecho, estas cosas le costaron la presidencia a Jimmy Carter y ayudaron a traer al pragmático Reagan. Como se sabe, Reagan solucionó el tema de los rehenes de la embajada, no mediante la conocida incompetencia de la Delta Force -previamente comprobada por Carter en su último intento de ganar las elecciones mediante un golpe de efecto- sino por el simple expediente de suministrar armas e inteligencia a Irán (como hacía lo mismo a la vez con Irak, se aseguraba de que la guerra durase y los tenía entretenidos masacrándose mutuamente y además, el negocio seguía garantizado. Por otra parte, el petróleo subía y los que tenían que ganar más, ganaban más: como ahora mismo y como debe ser)

Tras la era Reagan, advino ese gran hombre: Clinton. Ese sí que se lo montó. Como otro vendrá que bueno te hará, está consiguiendo ser considerado como un gran estadista amante de la paz. Pero organizó su guerra encubierta y estuvo a punto de atacar Irán muy en serio. De hecho, parece que estaba bastante entusiasmado con la idea.

A efectos ilustrativos, me remito a Richard A. Clarke: "Contra todos los enemigos" ; Madrid, Taurus, 2004.- Clarke era asesor presidencial de Seguridad Nacional con Clinton y con Bush, hasta después del 11-S. Tiene otro libro posterior bastante interesante: "Como derrotar a los yihadistas", Madrid, Taurus, 2005.

Hoy, siguen buscando como locos una excusa para atacar Irán (¿recuerdan el eje del mal?. El hecho de que dicho país desarrolle tecnología nuclear (algo que, casualmente es muy impopular entre los progres, lo cual hace a los iraníes dificilmente defendibles incluso por éstos, que se apuntan a todas) no significa nada. Irán es signatario del Tratado de No Proliferación y aplicaba voluntariamente su protocolo adicional, que permitía más control por parte de la Agencia para la Energía Atómica, de la ONU. Irán no hace nada que no tenga derecho a hacer, ni que no haya hecho desde hace mucho tiempo.

Como me estoy extendiendo mucho, sólo tocaré telegráficamente 6 puntos a desarrollar en otro momento, si acaso:

a) El actual presidente Iraní es un tipo bastante estridente y, desde luego, no ayuda mucho a su causa diciendo cosas como las que dice (no hablo de lo que hace, que puestos a hacer, no hace nada. Al contrario que otros que se dedican a arrasar países tan ricamente) Pero un detalle que no suele destacarse: es el primer presidente desde el año 79 que no es cura y, además, sorprendió su victoria en las elecciones frente a Rafsanyani, peso pesado del régimen.

b) Como es sabido y nos han explicado todos los analistas, Irán es el culpable de que Israel haya arrasado Líbano este verano en defensa propia.

c) Se exige a Irán que deje de hacer algo absolutamente legal y a lo que tiene perfecto derecho.

d) Hasta ahora, que parece por lo que dicen los medios que ya tienen bombas atómicas (Armas de destrucción masiva: ¿les suena?) y que están en un tris de tirárnoslas encima, lo único que han hecho es experimentar con centrifugadoras para enriquecer uranio, en general ni siquiera con uranio, sino con gas inerte. Por otra parte, el uranio para ser usado como combustible nuclear, debe ser enriquecido entre el 3 y el 5%; pero para ser empleado como explosivo nuclear, debe ser enriquecido por encima del 90%, lo que exige un proceso bastante diferente. Pero, ¿qué más da? Los persas son intrínsecamente malos para todos aquellos que vimos 300 espartanos, la peli de Victor Mature, cuando éramos pequeños.

e) Los vecinos de Irán, que no han respetado jamás la legalidad internacional en este punto y que, por otra parte, son o bastante violentos con sus vecinos, o bastante poco fiables o ambas cosas (India, Pakistán e Israel) están atiborrados de cabezas nucleares y, por lo visto, a todo el mundo le parece genial.

f) Me parecería la cosa más normal del mundo que Irán quisiera tener cabezas nucleares. Tal como está el mundo, es la única manera de tener claro que los estados depredadores cargados de megatones te van a dejar más o menos en paz. Es obvio que si Saddam Hussein hubiera tenido armamento nuclear, seguiría gozando de esos sus palacios de tan dudoso gusto.

Lo que pasa es que, como Al Baradei ya ha dicho oficialmente que no existe ninguna evidencia de que el programa nuclear iraní tenga fines militares, es evidente que la cosa está muy fea. Aún recuerdo cuando dijo lo mismo de Irak ante el Consejo de Seguridad (lo vimos en directo en la tele) y, todos sabemos lo que ocurrió.

Apunte para un post-erior: Hasta el s. XVIII, el mundo islámico (en general, el Imperio Otomano) estaba más o menos en igualdad de condiciones con la Cristiandad (la hoy llamada comunidad internacional) Lo que pasa es que perdió el tren de la revolución industrial (y, cuando estaba a punto de no perderlo, se lo hacían perder, vbgr.: Egipto 1888. Woolseley) Hablaremos de ello en su momento, que estoy muy vago.

Por cierto, que se me olvidaba consignarlo: Ya han iniciado una bonita campaña de descrédito personalizado contra John Fisk y Seymour Hersh. Deben estar dejándose una pasta en pagar columnistas. (Ver El País recientemente. Qué casualidad: el mismo periódico donde le han publicado algo a Hersh cuando lo del Líbano)

Y, para terminar, no obstante todo lo dicho, Irán no es precisamente el país donde me gustaría vivir. Pero, ¿por qué la capacidad del Departamento de Estado para aprender de la Historia es nula?