Como mis allegados conocen perfectamente, tengo superpoderes: ya se sabe, percepción extrasensorial y cosas así. Como siempre los he tenido, me parecen la cosa más normal del mundo y a lo mejor por eso no concibo qué puede esconderse tras la palabra “sobrenatural”; así que a veces me siento más identificado con el Dr. Sheldon Cooper de lo que sería procedente.
El Dr. Sheldon Cooper en acción
Digo esto a cuenta de la polémica suscitada por la próxima aparición en nuestras librerías del nuevo libro de Stephen Hawking, del cual, al parecer, lo único que interesa es que –según las noticias- no considera necesaria la intervención de Dios para crear este universo nuestro.
Hace tiempo, un libro de divulgación sobre Física habría pasado desapercibido en la sección semanal de “Ciencia” de los periódicos que la tengan; pero la actual situación de histeria polemicista no permite que la ciencia trabaje con la deseable discreción.
Por supuesto, ninguno de los sesudos defensores de la Fe que infestan la prensa ha leído el libro que –recordemos- es de próxima aparición; pero la boñiga autoreferencial opera según sus propias leyes y ya tenemos a todos opinando.
Para no extenderme demasiado, de todas las tonterías que he leído estos días, me quedo con dos ideas:
a) Que Hawking ha cambiado de opinión sobre… ¡No! No sobre gravedad cuántica versus Teorías de cuerdas (M):
La Dra. Winkel y el Dr. Cooper polemizan: Gravedad cuántica Vs. supercuerdas
…sino acerca de la intervención de Dios en el origen del universo porque en Historia del Tiempo decía lo contrario. Falso. En H. del T., no concede a Dios ningún papel relevante. Además, precisamente este verano he releído dicho libro (y hasta lo recomendé) No sigo porque cerciorarse de que digo la verdad es tan sencillo como leerse el libro.
Claro, que si interpretamos la Biblia literalmente, ¿por qué no hacerlo con las metáforas que les gusta usar a los físicos teóricos?
b) Que la ex-mujer de Hawking ha declarado que sólo gracias a su fe pudo encargarse de cuidar a su marido con la enfermedad que tiene.
Aparte de que Mrs. Hawking cuidaría también de los no despreciables ingresos de su esposo y que éste, como buen científico (encima, enfermo) debía de ser una compañía bastante insoportable, este argumento trata de hacer aparecer a Hawking como un tipo desagradable al lector; un traidor a esa Fe que, precisamente, mantuvo a su amante esposa junto a él.
Como argumento, es muy débil: Si sólo gracias a su fe, la ex- Sra. de Hawking pudo seguir junto a su marido mientras avanzaba su devastadora enfermedad, ello sólo significa que es una persona bastante poco recomendable; ya que no lo hizo por amor, ni por simple decencia personal, sino por miedo a ir al Infierno si le abandonaba, en contraposición a la esperanza de ir al Cielo si cumplía con su obligación.
Es decir, refuerzo negativo y refuerzo positivo cuyo modus operandi nos detalla el impar Skinner y nos lleva a pensar que el Conductismo, tan al uso en las escuelas de adiestramiento canino, no es sino otro hijo bastardo del Cristianismo.