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5/5/11

Bin Laden y Bildu

Todos hemos visto el festejo que se organizó en nueva York a cuenta de la ejecución de Bin Laden por un comando de los SEAL. ¿Qué voy a decir? Desde la frivolidad ante las cosas serias que trae consigo la vida muelle en un país rico, no parece muy elegante eso de celebrar el asesinato de alguien como si fuera la victoria del Barça. Pero, dado que ese alguien ordenó hace años bombardear a los celebrantes, la cosa ya parece más normal.

Mi opinión es que no hay otra forma de hacer estas cosas y cuantos menos detalles trasciendan, pues mejor. Sin embargo, como era de esperar, los medios se están llenando paulatinamente de opiniones indignadas sobre la barbarie de Estados Unidos y la quiebra del Estado de Derecho, que parecen sugerir que lo suyo hubiera sido cursar una solicitud de extradición al Gobierno pakistaní (cuyo aparato de seguridad lo protegía sin duda) para que éste detuviera al interfecto y lo entregara a la Justicia estadounidense con todas las formalidades del caso para que ésta lo juzgase, lo condenase a muerte con todas las garantías procesales y lo ejecutara al cabo de unos años de circo mediático.

Cada uno es muy libre de tener en su propio bar las opiniones que guste, incluso adorar a Yupi al cabo de unas cuantas copas, pero si uno decide echarse al monte y dedicarse a repartir bombazos durante casi treinta años (salvo que pertenezca a ETA), da por hecho lo que dice la Canción del Pirata:

Y si caigo, ¿qué es la vida?

por perdida ya la di

Más aún si, después de haber aprendido de la CIA en los 80 todo lo que tenías que aprender, te dedicas a tocar los cojones al Imperio. No creo que Bin Laden hubiera preferido la opción de los humanitarios a morir como Viriato.

Pero lo que realmente me llama la atención de la prensa de estos días, es la mucha tinta derramada indignándose con la desconsiderada actuación norteamericana con el Jeque Osama y la poca que se está vertiendo para criticar mínimamente el pucherazo que está a punto de perpetrarse en el País Vasco.

No sé qué va a hacer el Tribunal Constitucional. A estas alturas uno no se fía ya de nadie y menos de una Justicia, ordinaria o constitucional, absolutamente politizada y sumisa a la presión mediática. Pero da igual. No debería ser preciso recurrir al Constitucional, ni a Estrasburgo si en este país imperase el sentido común.

Ya lo dije la vez anterior. Se suponía que nosotros éramos los buenos, los demócratas, y que no usábamos atajos y que el terrorismo no iba a acabar con la democracia, y todas esas gilipolleces que algunos ingenios creíamos cuando éramos pequeños.

El derecho a fundar partidos y presentarse a las elecciones, aunque no es de mis diversiones preferidas, es un derecho constitucional. Un ciudadano, aunque no piense como usted, amable lector, sólo puede ser privado de ese derecho mediante una sentencia firme de un tribunal penal, que le condene precisamente a eso, a no poder presentarse a elecciones durante un tiempo determinado.

El privar a unos ciudadanos de ese derecho de por vida porque alguna vez en sus vidas tuvieron alguna relación con un partido ilegalizado, no es posible jurídicamente. Lo es de facto en un estado corrupto como éste. Más aún, cuando lo que realmente se está haciendo, con la excusa propagandístico-histérica del terrorismo, es eliminar competencia para repetir la victoria del PSOE-PP en Euskadi.

Pero, como ya estaban entrenados, este año ya se han arremangado y van a por más: ya no sólo se impide que esos ciudadanos supuestamente contaminados puedan presentarse, sino que, del tirón, nos cargamos las candidaturas de dos partidos sobre los cuales no pesa ni la más mínima sombra de ilegalidad. Así dejamos a más vascos (y vascas) (y a la camarada Loreta) sin gente a quien votar y el pucherazo es más logrado.

Lo que no termino de entender es por qué les prohíben presentarse a las elecciones porque quieren meter a ETA  en las instituciones y, en cambio, no procesan a todos los candidatos (incluidos los de EA y Alternatiba) por colaboración con banda terrorista. No es por dar ideas, ¿eh? Pero si yo fuera uno de los magistrados del Supremo que han ilegalizado a Bildu, me lo pensaría; que igual dentro de nada, por no hacer las cosas bien, los juzgan a ellos por prevaricación. ¡Puf! En cuanto a Pedro J. se le ocurra.

Bueno, de momento, dejamos clarito a esos malvados abertzales, que ya pueden desvincularse de ETA todo lo que quieran, que ya pueden razonar, que ya pueden rechazar la violencia y hacer unos estatutos para Sortu todo lo perfeccionistas que quieran (bastante más impecables que los del PP o los del PSOE, aunque eso no es decir mucho, claro); que hagan lo que hagan, incluso aunque se corten el flequillo ése tan raro que llevan, no les van a dejar presentarse a unas elecciones. O sea, que no existe, ni existirá una vía democrática y pacífica para su participación en la vida política.

Haciendo cosas así, Franco fabricó a ETA.

 

P.D. El pleno del Constitucional ha conseguido –por esta vez- sobreponerse a la intoxicación y nos ha evitado la vergüenza de ver las elecciones que vienen anuladas por Estrasburgo. Desde el fin de semana pasado los medios del Movimiento ya estaban deslegitimando ad cautelam al Tribunal Constitucional. Ahora los van a arrastrar por el fango y pisotearlos por haber desobedecido. Así funciona esto. Bueno, tienen un buen sueldo.

4/11/07

Estoy harto de la sentencia 65/2007

¡Bueno! Pues ya me he leído la sentencia 65/2007. Pensaba, a pesar de todo, hacer algunos jugosos comentarios; pero he cometido el error de leer lo que ha escrito hoy Luis del Pino en El Mundo.

Es que yo puedo ser admirador de Pedro J., Del Pino, Múgica y hasta del inmarcesible Jiménez Losantos, nuestro impagable talibán matutino. Pero los admiro y pongo de modelos precisamente por su habilidad intoxicatriz. Ya se sabe: lo que dijo Newton en su día de que iba a hombros de gigantes y tal (en este caso, don José Goebbels) Pero, cuando veo a uno de mis ídolos reducido a mentir heróicamente como un puñetero novato, confiado en que el porcentaje de anormales como yo que se lean la sentencia de marras será estadísticamente despreciable, pues eso, que se me quitan las ganas.

Y es que estoy harto de explicar en la B.F.I. lo de que al Egipcio no lo han declarado inocente, sino que el Tribunal, de acuerdo con los principios que rigen la civilización occidental que los yihadistas quieren destruir, como bien dice la sentencia, le aplica el principio de non bis in idem, es decir: que, aunque lo encuentra culpable de pertenecer a una organización terrorista, como nadie puede ser condenado dos veces por la misma cosa; en nuestro caso, pertenecer a una organización terrorista, porque ya lo ha hecho la justicia italiana (cuyo servicio secreto, por cierto, fue autor de la mala traducción de la grabación en que se basaba la imputación del Egipcio como inductor del bombardeo), pues no lo puede condenar. También que el tal Trashorras no es un pobre pringao esquizofrénico, sino un mafioso peligroso aunque torpe, porque ¿para qué les vende a "los moritos" la metralla además de los explosivos, con lo que incrimina eso? (¡Huy!, perdón, que la metralla la puso la Policía, se me olvidaba)

Que los principales autores cascaron en Leganés y que no los mató la Policía para que no largaran que, en realidad, habían sido ZP y Rubalcaba quienes les mandaron poner las bombas (a través de sus amigos de ETA, a quienes ya tenían planificada la venta de Navarra primero y de el resto de las Hespañas después), que la susodicha Policía no los congeló y puso ahí los cuerpos y los voló en compañía del subinspector Torronteras que habría ganado a los chinos el honor de inmolarse por la causa y que luego algún moro loco desenterrara su cadaver y lo mutilara (lo que daría más verosimilitud a la tesis islamista: Rubalcaba es que está en todo) El problema es que los cuerpos congelados carecen de capacidad de obrar suficiente para poner a parir a los geos ("mamones" los llamaron, según parece) y liarse a tiros con los subfusiles Sterling que aparecen en la foto reivindicativa del ataque. (por cierto, que ya hay que ser rebuscado para usar Sterling, con lo británico que es eso, con el cargador a un lado y demás) Y, encima, llamar a la familia para despedirse y que vaya la familia al juicio (para conseguir la reagrupación familiar post mortem, sin duda) y lo cuente, y que la corrupta Amena, facilite los datos de las llamadas al pérfido juez Del Olmo.

Bueno, lo peor, es que conozco gente que vive justo al lado y la gente, pues ya sabéis cómo es, que cuando le vuelan la casa de al lado después de un tiroteo, pues como que lo comenta y eso. (ya sé que es un argumento muy cabrón, pero qué le vamos a hacer)

O que no se les hicieran las autopsias. Mecachis... Es que las autopsias se les hacen a cuerpos. Los trozos de moro se "analizan". La sentencia es, vbgr., bastante gráfica sobre cómo se extrajo un cacho circuito impreso de un cacho cuerpo de moro semicarbonizado. Las cosas están bien trabadas: a la gente se la incrimina con varias pruebas, muchas veces la aparición de su ADN y sus huellas en distintos escenarios relacionados con el crimen, la localización a través del teléfono que coincide con las declaraciones de los testigos. Etc. es ridículo tener que andar contando estas cosas.

¡Ah, si...! Los autores intelectuales. Pues también están ahí. Parece bastante claro que "los moritos" sí que sabían hacer las cosas: tampoco es tan difícil, sobre todo si uno está acostumbrado a traficar con cientos de kilos de costo y está relacionado con grupos terroristas organizados. Por cierto, que Al Qaeda ya decía meses antes del ataque que un par de buenas masacres en España joderían a Aznar, y que Zp tenía en su programa la retirada de Irak, que (siempre Al Qaeda) es lo que quería la mayoría de los españoles. Está en internés, y ya no sólo en esas páginas yihadistas que controla la Poli y el CNI. Lo recogen suficientes informes de instituciones fiables. El que quiera, que lo busque, como hago yo.

Sé que mi posición es cómoda aunque no exenta de riesgo. Siempre he rehusado el contacto con los partidarios de que Elvis está vivo y con los del OVNI de Roswell que nos oculta el fumador. Bueno, salvo que sean chicas de bel catar y esté -como mínimo yo- parcialmente borracho. Pero creo que muchos judíos ilustrados también cometieron en los años 30 el error de menospreciar a Hitler y sus chicos por que estaban (los nazis) algo faltos de formación. Y les fue mal, como es sabido.

Me lo tengo prescrito: "no escribas en la Moleskine después del aperitivo del sábado en el Ávila" (si: tengo una Moleskine, ¿Y? ¿qué pasa? Como Jemingüei: me la regalan). Ahora estoy en el bar de las dominicanas de abajo de mi casa, compaginando la redacción de estas apresuradas notas con mi encomiable y nunca adecuadamente ponderada labor de integración en el barrio de la última hija que le quedaba a la dueña por reagrupar. En nuestro caso, una hermosa hurí de color negro con un canalillo altamente impactante, que me ha adoptado como introductor a la cultura y civilización españolas propiamente dichas. Dice que le gusta esto. A mí también, por eso vivo aquí

Pero bueno, todo lo anterior era un simple introito al tema del que yo quería hablar, que era la cosa de nuestras relaciones con Marruecos después de la nueva pirueta del intrépido candidato al Nobel Garzón y del anuncio de la Regia Visita e Ceuta y Melilla.

Pero, resulta que, la camarera del Ávila ya me ha dicho lo que pensaba y, así, pues como que la cosa ya no tiene mucho mérito.

Me pone otro botellín o quinto. Aprovecho que hay poco público porque es puente (aunque yo curré ayer, que soy un pringao) y le pregunto:

-- Zaida, hija, y tú ¿qué piensas de esto de los Reyes en Ceuta y Melilla y el embajador y tal?

Y me dice (más o menos): "normal: si el rey ese que tenemos no hace nada, la gente se cabrea, y bastante tiene con lo que hay"

Hay que decir que la muchacha, aparte de ser amable y atractiva, no lleva la cabeza cubierta más que durante sus horas de trabajo en la cocina, más que nada por la cosa de las normas de la Unión Europea sobre sanidad alimentaria. Pero, aparte de eso, es musulmana practicante y a mí siempre me da mal rollo que me traiga las lentejas con chorizo en pleno Ramadán; pero ella dice que no le importa, que el que es un infiel y va a ir al Infierno, soy yo, no ella.

Lo de la Regia Visita a Ceuta y Melilla: Pues es que Ceuta y Melilla son una incomodidad estratégica en los tiempos que corren. Pero, qué putada: son españolas. De hecho, por lo menos Ceuta de acuerdo con el imaginario popular y el Romancero, pertenecía al Reino Visigodo bastante antes de que hubiera llegado un solo árabe a esas tierras del Imperio Romano que hoy se llaman Marruecos.

Si se echaran atrás en lo de la visita, sería algo vergonzoso y, no sólo vergonzoso, sino peligrosa muestra de debilidad. En cualquier caso, el peligro existe por la mera presencia española allí (y no sólo allí: en Toledo también, y en Madrid, Frómista y Barcelona), como nos recuerdan periódicamente los amigos Bin Laden Y Al Zawahiri. Por lo menos, quedamos como unos machotes y ZP a lo mejor consigue dar un vuelco electoral en las plazas de soberanía, al ser el primer Presidente de Goberno que las visita desde Suárez y promotor de la primera Regia Visita)

Pero al Real Sobrino lo han puesto en un brete, porque, no sólo él, sino los partidos legales y los islamistas de diverso signo y, especialmente, los yihadistas neosalafistas globales que van por Marruecos disfrazados de pashtunes en vez de llevar una chilaba como Dios manda, (los de Casablanca y el 11-M) le van a apretar mucho.

Lo bueno que tienen los afgansi marroquíes es que consideran infieles -no ya al Rey, a los políticos y a las marroquíes que toman el sol en la playa de Río Martil- sino a los propios islamistas autóctonos, que son más bien Malekitas en lugar de Wahabitas, como esos a los que el anciano profesor les vendió por una pela el solar de la M-30 donde se yergue majestuosa la primera mezquita madrileña, bueno: que a todos juntos los consideran como putos kafires, casi como a nosotros, y se dedican a la quema de morabitos; cosa ésta que genera mucha desunión y, como los marroquíes, serán moros, pero no dejan de ser gente normal, pues no les hace ni puñetera gracia.

Lo malo es que lo de Ceuta y Melilla es casi lo único en que todos están de acuerdo. Mala cosa. Con lo bien que se lo están pasando las constructoras españolas traspasando la burbuja a la costa marroquí.

17/4/07

La navaja de Ockham

Mientras terminamos de una vez Afganistán III, resumo la última charla en la barra física interina (BFI). Así que, ojo: esto es una charla de bar, no un informe.

Aplicando la navaja de Ockham al estudio de la situación actual, la cosa queda en dos conflictos de nivel global que condicionan la evolución más o menos pacífica del mundo.

Uno: el que enfrenta a Estados Unidos (y su apéndice israelí) con el resto del mundo.

Dos: el que enfrenta al integrismo islámico de índole neosalafista con el resto del mundo.

Obviamente, nos olvidamos del saqueo del África subsahariana que –aunque los dos anteriores desaparecieran- seguiría igual porque desgraciadamente, hoy por hoy África no es sujeto, sino objeto de la Historia. Y los fuertes siempre saquean a los débiles.

La mayoría de los demás conflictos, son ramificaciones de los anteriores y, de hecho, si aplicáramos más a fondo la navaja del tal Ockham, resulta que el segundo ha sido, si no producido, si muy facilitado por el primero.

Cuando digo “Estados Unidos”, me refiero a ese conglomerado compuesto de determinadas élites económico-políticas (en USA la confusión entre política y economía se manifiesta en toda su pureza) que emplean la legitimidad nacional e internacional que les da tener un país para tratar de mantener su posición dominante en el mundo.

En cambio, ese otro conglomerado cuya manifestación más evidente es Al Qaeda, carece de la legitimidad internacionalmente reconocida que confiere la posesión y uso de un Estado. Pero, a semejanza del “complejo militar-industrial” americano, se fabrica la suya propia, recurriendo a una emotividad semejante al patriotismo primario del ciudadano medio americano. Esa legitimidad se llama Islam. A cambio de no tener el control de un Estado, pretenden tener el control de la Umma.

Y, en vez de basarse en argumentos (me refiero a los reales, no a la propaganda) propios de la sociedad postindustrial, se refieren a argumentos medievales. En este sentido, son más eficientes, porque no engañan tanto a sus adeptos.

Un marine chicano de dieciocho años que, en vez de irse a matar a sus ricos se va a matar a otros pobres lejanos, se siente engañado cuando –una vez allí- se entera de para qué lo mandan al matadero. En cambio, un sahid árabe de la misma edad, no es engañado (salvo, a mi entender, por la cosa de las huríes, ya que, por más que uno tenga dieciocho años, pasarse toda la eternidad rompiendo virgos tiene que producir serios escozores)

No es engañado: los que lo envían al matadero pueden estar locos desde nuestro punto de vista, pero no mienten. Por lo menos, mienten bastante menos que sus homólogos norteamericanos. No hay más que leer los comunicados de Bin Laden.

También es cierto que –a cambio de ofrecer un futuro bastante más desagradable- por el momento son responsables de bastantes menos asesinatos; pero todo es cuestión de tiempo y medios.

Mientras tanto, hay otros tres actores globales; La Unión Europea, Rusia y China.

Los Estados Unidos, es decir, esa élite convencionalmente designada como complejo militar-industrial, tiene una capacidad de aprendizaje bastante inexistente, producto de la enorme superioridad material de que ha dispuesto para el logro de sus fines durante los últimos –digamos- 60 años; cifra ésta que en términos históricos es también bastante inexistente.

Por ello, se empecinan en seguir considerando enemigo a todo aquél que no reconozca su supremacía. Cuando la URSS colapsó tras el golpe de Estado del 91 (frustrado por la división Tamanskaya, cuyo mando decidió que no movía un tanque sin un dictamen del Tribunal Constitucional de la URSS), accedió al poder un borracho corrupto que terminó fielmente la tarea. Creyeron que ese era el final, incluso el final de la Historia (lo que el ínclito Sánchez Albornoz llamaba “la plenitud de los tiempos”)

Bien es cierto que, de igual modo, hasta entonces habían dicho creer que el Comunismo era eterno y que jamás saldría de allá donde le llevara la caída de las fichas de dominó. Como, por otra parte, mientras en El País se añoran los tiempos en que Rusia era un edén democrático (debe ser cuando Berezovski, Gusinski, Abramovich o Jodorkovsky eran “oligarcas”, cuando no lisa y llanamente “mafiosos”, en lugar de campeones de la libertad), parecen haber borrado minuciosamente las imágenes de Yeltsin mandando a los tanques a bombardear el Parlamento Ruso con impecabilidad democrática.

Rusia recupera su papel a ojos vistas, lo que había sido previsto por nuestro insustituible Paco Eguiegaray para cuando se librara del lastre de las repúblicas centroasiáticas (aunque él lo decía de un modo no tan políticamente correcto)

En fin, a lo que iba: las directivas de seguridad nacional de los Estados Unidos consideran objetivo militar a todo aquél que pretende desarrollarse sin aceptar ciertos vínculos de vasallaje; incluso de vasallaje más o menos light, como nosotros.

La Unión Europea queda para otra ocasión. Sólo decir que –aparte de su inoperancia política- al final siempre acaba por ser necesaria porque somos demasiado ricos. Aunque resulte enojoso que su población sea –estadísticamente- tan reticente a cuadrarse ante la bandera de las barras y estrellas, lo que obliga a nuestros gobernantes a toda suerte de malabarismos dialéctico-mediáticos.

Y China. China, sencillamente, va saliendo de un pequeño bajón de unos 150 años; cifra ésta que en su devenir histórico es un suspiro, habida cuenta de que los chinos ya andaban quemando bibliotecas cuando los antepasados de los comisarios europeos iban por ahí en taparrabos a cazar mamuts, porque no había ni bares.

En una hipotética historia de China escrita dentro de 300 años, el período comprendido entre las guerras del opio y la actualidad, tal vez se considere un paréntesis no especialmente digno de recuerdo.

Al igual que los chinos, los rusos pueden aprender cosas. Y, por eso, ninguno de los dos aspira a un dominio mundial. En realidad, nunca lo han hecho. Lo que intentan es funcionar de acuerdo a sus posibilidades y desarrollarse todo lo que puedan. Bastaría que los Estados Unidos fueran igual de realistas para que el mundo funcionara bastante mejor.

En ese mundo hipotético, es altamente probable que Bin Laden y sus secuaces acabaran quedándose sin trabajo (los secuaces irían cayendo, pero, como rezaba la divisa de la Legión Azul: “sin idea de relevo y a extinguir en el frente”)

Por fortuna para los historiadores futuros, nada de eso va a ocurrir, y la decadencia del imperio americano (y su apéndice israelí) seguirá produciendo durante bastante tiempo convulsiones suficientes para hacer la vida lo suficientemente incómoda como para que merezca ser contada.

Entre tanto, me conformo con dos cosas: Una, que los pérfidos yankis o, en su defecto, los judíos tengan bien planificado cómo arrasar todas las instalaciones nucleares de Pakistán el día que se carguen a Musharraf.

La otra es que la presión de los progres no sea suficiente como para que la mezquita de Córdoba vuelva a ser mezquita; porque, en este follón –nos guste o no: la realidad existe- los infieles usurpadores de Al Andalus estamos en primera línea de fuego.

5/4/07

Afganistán (II)





Este articulillo ha sido escrito con la sabia colaboración de Piolet. Algunos párrafos son prácticamente suyos, la responsabilidad de los posibles errores, sólo mía. Ha quedado un poco largo, pero qué le vamos a hacer. Esta vez, las fotos son de Wikimedia. Las de los VCI y spetsnaz son de Mijail Evstafiev de 1988. El resto Creative commons o Dominio Público.

1979 fue un mal año para Estados Unidos: no hacía cuatro años que había terminado la guerra de Vietnam con todas esas imágenes de gente pegándose por subir a helicópteros que luego eran arrojados al mar desde las cubiertas de los portaaviones. Al presidente Jimmy Carter, parecían crecerle los enanos mientras veía caer las dictaduras aliadas en Irán y Nicaragua, Portugal abandonaba Angola y Mozambique; hasta se acabó (por intervención directa del Gobierno británico) el régimen de apartheid en Rhodesia, lo que inclinaba hacia la URSS todo el África Austral salvo la República Sudafricana, que quedaba bastante a la intemperie.


La pérdida de Irán, el "gendarme del Golfo", cuando Occidente apenas se había recuperado del choque petrolero de 1973-74 y los sustos posteriores, condujo a Estados Unidos al contraataque, interviniendo en el bajo vientre del enemigo. En Pakistán, el general Zia había depuesto (y ejecutado) al presidente Ali Bhutto e instaurado una dictadura militar. Desde principios de 1979, la CIA, junto con el ISI, los servicios secretos pakistaníes, comenzó a organizar y financiar la rebelión contra el régimen prosoviético de Afganistán. Según Zbigniew Brzezinski, a la sazón Consejero para la Seguridad Nacional, del presidente Carter, las primeras directrices oficiales se dieron el 3 de julio de 1979 (casi 6 meses antes de la intervención soviética); aunque el apoyo a la rebelión había comenzado antes de 1979.

El partido comunista de Afganistán (Partido Democrático Popular de Afganistán, PDPA), estaba dividido en dos fracciones, Jalq (Pueblo) y Parcham (Estandarte) La vuelta a la unidad había sido forzada por Ponomariov en 1977. Como resultado, abandonadas brevemente las rencillas fratricidas, pudieron tensar la situación hasta deponer al príncipe Daud. Después, como se sabe, volvieron a las andadas. A pesar de que en la práctica Jalq y Parcham siempre -menos en ese corto período- actuaron como dos partidos independientes y autoexcluyentes, siempre se presentaban como fracciones del PDPA, hasta que Najibullah lo disolvió en 1988 y lo sustituyó por el Watan (Patria) en el marco de su "Política de Reconciliación Nacional."

La existencia de un régimen prosoviético en Afganistán tras la deposición del príncipe Daud en 1978, fue percibido como un desafío por los Estados Unidos y una amenaza para su influencia en una zona que se había visto sacudida por la caída del régimen del Shah en el vecino Irán. Así las cosas, se decidió apoyar con armamento y financiación a la insurgencia que se había iniciado contra el Gobierno afgano, provocada por las reformas de corte comunista (reforma agraria, educación laica que incluía a las mujeres) y organizada localmente por aquéllos que veían peligrar su posición, principalmente líderes religiosos tradicionales y jefes tribales que ejercían como señores feudales. Aunque esto parezca dejar en buen lugar al Gobierno, el régimen afgano era bastante impresentable, corrupto y su idea de la dialéctica Gobierno-oposición consistía básicamente en la “desaparición”.

En febrero de 1979, el embajador norteamericano en Kabul fue asesinado. En marzo, parte de la guarnición de Herat se sublevaba, al mando de Ismail Jan, (quien, como casi todos los nombres que aparecerán aquí, sigue en activo) asesinando a los asesores soviéticos. El Gobierno afgano perdía el control. En septiembre, Hafizullah Amin depuso a Taraki (que posteriormente fallecería de muerte natural debajo de su almohada) Ante la situación de inminente colapso, con desintegración de las fuerzas armadas y pérdida de poder del Gobierno sobre amplias zonas del país, la Unión Soviética intervino directamente en las navidades de 1979.























El Ejército Soviético desplegó sus unidades en las principales ciudades del país, tratando de mantener abiertas las vías de comunicación e inició, por una parte una represión sin contemplaciones de la insurgencia (represión que no prestaba especial atención a eso que hoy se conoce por “daños colaterales”) y, por otra, la implantación de reformas que deberían convertir Afganistán en un país moderno incluido en la fraterna alianza con la Unión Soviética, comprendiendo la reforma agraria y la construcción de un sistema educativo, sanitario y de infraestructuras.

En seguida, las escuelas donde estudiaban niñas se convirtieron en objetivo prioritario de los rebeldes, que adquirieron la fea costumbre de matar a los maestros y maestras antes de incendiarlas; en ocasiones con los alumnos dentro. Cuando aquí se habla de matar, nos referimos al acreditado método del “arte de matar despacio” afgano consistente en despellejar viva a la víctima; sistema que también conocieron muchos soviéticos que no conocían el poema de Kipling y no habían tomado la elemental precaución de guardar la última bala para su uso personal.


En un principio, las acciones militares contra los rebeldes, sobre los que se descargó todo el peso del Ejército Soviético, lograron, como suele ocurrir en estos casos, un cierto control del país y una oleada de refugiados hacia los países vecinos, especialmente Irán y Pakistán, que según cálculos de ACNUR alcanzaron los tres millones y medio -la mitad en Irán, lo que incitó al régimen de los ayatolas a intervenir- a los que hubo que sumar los desplazados internos. A la brutalidad de la actuación soviética se unieron los llamamientos de los líderes religiosos a abandonar la tierra islámica ocupada por los infieles, rápidamente seguida de la llamada a la Yihad contra el invasor.

Ante la intervención soviética, el Gobierno Norteamericano optó por apoyar a la insurgencia con la finalidad de empantanar a la URSS en una guerra de desgaste que le supusiera costes políticos y económicos inaceptables. A medida que fue pasando el tiempo, se fue consiguiendo el objetivo de recluir a los soviéticos en los principales centros urbanos, mientras la insurgencia campaba por sus respetos en las zonas rurales y montañosas, no obstante el acoso aéreo al que se la sometía.

El límite impuesto por los políticos a las fuerzas soviéticas fue de 75.000 hombres en unidades de combate; el resto eran personal de apoyo. La cifra media fue de 108.800 efectivos, de los cuales 106.000 uniformados y el resto civiles contratados para tareas de (re)construcción. No está de más observar cómo cambian los tiempos: Los líderes de la Unión Soviética carecían de vista para los negocios.

El apoyo norteamericano fue incrementándose paulatinamente, y coordinándose con el del Gobierno saudí, Emiratos Árabes Unidos y numerosos donantes particulares, principalmente saudíes, pero también el del Gobierno islámico de Irán, que abastecía a las guerrillas chiíes.


A principios de 1985, el Gobierno soviético era consciente de que se había metido en una guerra de desgaste que le había llevado a una situación de punto muerto, por lo que se realizó una planificación que pretendía obtener la victoria sobre la insurgencia en el plazo de dos años. En primavera fue enviado a Afganistán el general Mijail Zaitsev se incrementó el número de fuerzas especiales –spetsnaz- en Afganistán, desplegando una tercera parte de las disponibles y diseñando una estrategia que permitiera retomar la iniciativa militar, basada en la infiltración y en operaciones aerotransportadas con apoyo de helicópteros que llevara el combate al territorio enemigo. Igualmente, se desplegaron más fuerzas del KGB en apoyo de las fuerzas especiales y regulares del Ejército. Igualmente, se les dotó del material más moderno y los medios de comunicación mas sofisticados disponibles para interceptar las comunicaciones y coordinar los ataques aéreos.





Ante la presión soviética, el Gobierno estadounidense optó por aumentar el apoyo a los muyahidin, de acuerdo con Pakistán y Arabia Saudí, pasando de su objetivo inicial de una guerra de desgaste, a una estrategia que buscaba la derrota de la Unión Soviética en Afganistán y su retirada (directiva de seguridad nacional 166 del Gobierno USA)

Buena parte del armamento suministrado a los insurgentes a través de Pakistán, procedía de China. Se trataba en general de material de diseño soviético, Kalashnikov, lanzagranadas RPG-7, minas contra carro, granadas de mano y Detgaryov DShKs, la vieja ametralladora ligera soviética de la que se suministraron más de 5.000. Igualmente se envió armamento egipcio (morteros)

La ayuda militar se incrementó exponencialmente, incluso con intervención directa de comandos pakistaníes entrenados por la CIA en territorio afgano y el intento de llevar la guerra a territorio soviético, tanto mediante operaciones de sabotaje como por una táctica de desestabilización de las repúblicas centroasiáticas, mediante propaganda y sostén a los embrionarios movimientos islamistas que años después conduciría –entre otras cosas- a la guerra civil en Tayikistán. El plan había sido aprobado en 1984 en una reunión entre el director de la CIA, William Casey con el presidente pakistaní, general Zia en Islamabad. Aunque existía el temor de una reacción a gran escala de los soviéticos, entre 1984 y 1987, la CIA y el ISI coordinaron diversos ataques más allá del Amu Daria, frontera con la URSS. Paralelamente, se imprimió propaganda antisoviética en los idiomas de las repúblicas musulmanas de Asia Central, describiendo la represión contra los basmachi durante la Revolución, libros sobre religión islámica, etc.

A partir de 1985, no sólo se facilitó a los muyahidin el armamento más moderno disponible, incluidos los famosos misiles antiaéreos portátiles FIM-92 Stinger, equipos de transmisiones, vehículos y explosivos modernos; sino información clave de inteligencia obtenida a través de satélite e intercepción de comunicaciones acerca de los objetivos soviéticos en Afganistán, despliegues, etc.

Tanto la URSS como los Estados Unidos dedicaron a la guerra de Afganistán muchos más recursos de los que habían empleado para la cooperación al desarrollo hasta entonces. La intervención costó a la Unión Soviética unos 5.000 millones de dólares anuales de media, frente a los 100 millones de media entregados como ayuda en los 25 años anteriores. Por su parte, la ayuda estadounidense a la resistencia islámica comenzó con unos 30 millones de dólares en 1980 (frente a unos 20 millones de dólares anuales de media de cooperación), 50 millones en 1981 y 1982. Las cifras eran tan bajas principalmente porque aún no había suficientes rebeldes a quién entregársela.

A medida que la resistencia iba siendo organizada, la ayuda militar fue incrementándose. Según cifras oficiales, con Reagan subió a 80 millones en 1983, 120 millones en 1984 y 250 millones en 1985, 470 millones en 1986 y 630 en 1987, continuando a ese nivel hasta 1989. Entre 1986 y 1989, teniendo en cuenta que por acuerdo mutuo el Gobierno Saudí se había comprometido a igualar la aportación norteamericana, la ayuda militar total a los muyahidin superó con creces los 1.300 millones anuales, sin contar las aportaciones de donantes particulares y la del Gobierno iraní a otros grupos (el Hoyatoleslam Zahedi y Alí Zahedi). En todo caso, estas cifras no incluyen los gastos de la CIA, que fueron cuantiosos.

La ayuda se canalizaba hacia Pakistán, donde se organizaron con apoyo de la CIA diversos campos de entrenamiento, donde el ISI pakistaní y miembros de las Fuerzas Especiales instruían a los muyahidin en el uso de armamento moderno y tácticas de guerrilla y sabotaje, lo que mejoró paulatinamente la eficacia de los guerrilleros, tanto en el aspecto táctico como organizativo. Dado que la distribución de la ayuda se dejaba básicamente en manos del ISI, éste favoreció principalmente a sus grupos preferidos, especialmente a la muy integrista Hizb-i-Islami, de Gulbuddin Hekmatyar. Los donantes saudíes dirigían su ayuda a líderes como Abdul Rasul Sayaf.

Todo ello se vio complementado de manera fundamental con el apoyo de las autoridades religiosas de Arabia Saudí y Pakistán llamando a la Yihad contra el invasor soviético. Las emisiones de radio saudíes se podían escuchar en todo Afganistán. Desde finales de 1984, comenzaron a llegar a Pakistán voluntarios de distintos países musulmanes para unirse a la guerrilla afgana. Osama bin Laden, magnate de la industria de la construcción y multimillonario saudí emergió entonces como una de las figuras claves en la organización de ese flujo de voluntarios. Al alcanzar Peshawar, los nuevos reclutas eran puestos al cuidado de la Mektab ul-Jidmat (Oficina de Asistencia), que estaba dirigida por un estrecho colaborador de Bin Laden: Abdullah Azam.

Durante este periodo, Bin Laden colaboró estrechamente con la CIA y el ISI (extremo éste que hoy niegan todos los implicados). Se calcula que unos 35.000 voluntarios musulmanes de 40 países se unieron a la guerrilla afgana durante los años 80. El entrenamiento de los muyahidin en la guerra de guerrillas corrió a cargo del ISI. Sin embargo muchos de ellos fueron entrenados directamente por la CIA. Según el general Mohammad Yusuf, director de la Oficina afgana del ISI, entre 1983 y 1987, al menos 11 equipos del ISI, entrenados por la CIA operaron en Afganistán para atacar aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, depósitos de combustible, puentes, instalaciones eléctricas y otros objetivos sensibles.

En mayo de 1985, los servicios pakistaníes agruparon a los receptores de su ayuda en la Alianza de los Siete, por ser siete los grupos guerrilleros: Hekmatyar, Massud, Ahmad Gilani, Yunuis Haled, M. Nabi y S. Modjadeddi. El jefe -coordinador o secretario- formalmente era Abdul Rasul Sayaf. Por su parte, en diciembre de 1987, los iraníes harían lo propio, creando la Unión de los Ocho, en la que entraron otros tantos partidos chiís; todos ellos insignificantes en comparación con las guerrilas de Massud -al menos 30.000 hombres- o Hekmatyar, el doble.

En abril de 1986, las fuerzas soviéticas y el ejército gubernamental tomaron la mayor base de la guerrilla, cerca de la frontera con Pakistán tras una durísima batalla en la que se anunció la muerte de 2.000 muyahidin y 200 soldados pakistaníes (sin cifras de bajas propias). El 4 de mayo, tras varias semanas de tratamiento médico en Moscú, Babrak Karmal dimitió por motivos de salud, siendo sustituido por el nuevo secretario general del Partido, Mohammed Najibullah, pashtun y jefe de la policía política (KhAD).

Najibullah proclamó la "Política de Reconciliación nacional". En enero de 1987, anunció un alto el fuego unilateral, dando garantías a los líderes insurgentes de amnistía y pronta retirada de las tropas soviéticas si negociaban con el Gobierno. En julio, sustituyó el Consejo Revolucionario por un Consejo de Estado, ofreciendo 20 puestos en el mismo a la oposición, así como un posible puesto de Primer Ministro y definir el estatus de afganistán como "Estado islámico no alineado"; más tarde, transformó el Consejo de Estado en una Asamblea Nacional aún más amplia. La "Política de Reconciliación Nacional" fracasó, al no ser aceptada ni siquiera por los muyahidin menos extremidtas y, entre otras poderosas razones, porque a nadie le interesaba que los afganos se "reconciliasen" y actuasen por cuenta propia.

En 1988, se firmó en Ginebra un acuerdo afgano-pakistaní, garantizado por Estados Unidos y la Unión Soviética, en el que se regulaban las relaciones entre ambos estados, se establecía el principio de no intervención y se garantizaba el regreso voluntario de los refugiados. Otro acuerdo entre Afganistán y la Unión Soviética, disponía la retirada de las tropas soviéticas, que comenzó poco después, completándose en 1989. El acuerdo de Ginebra y la posterior desaparición de la Unión Soviética, dejó al Gobierno afgano sin apoyos externos frente a las diversas guerrillas, sostenidas por Arabia Saudí e Irán, amén de los contribuyentes privados. Por supuesto, la CIA se guardó muy mucho de respetar el acuerdo.

A lo largo de la guerra (y en la mejor tradición afgana) se sucedieron intentos de negociar con los distintos grupos insurgentes, entre los que consta un encuentro personal entre el general soviético Varennikov y un jefe guerrillero de Herat que acordó neutralizar sus tropas evidentemente a cambio de fondos. En general, los distintos intentos a alto nivel del OKSV de llegar a acuerdos con la guerrilla eran torpedeados de oficio por el KGB y su ahijada, la KhAD. Como suele suceder, los distintos servicios compiten por negociar con el enemigo presumiblemente victorioso para salvar la piel llegado el caso, mientras impiden unánimemente que lo hagan quienes se están jugando el pellejo a diario.

La guerra continuó tras la retirada soviética y el Gobierno aguantó mal que bien durante un tiempo, hasta que en abril de 1992, el presidente Najibullah fue destituido por sus vicepresidentes, refugiándose en la sede de la ONU en Kabul. Los cuatro vicepresidentes se repartieron el gobierno y comenzaron negociaciones con el comandante muyahidin Ahmed Shah Massud, jefe militar de Yamaat-i-Islami que había adquirido fama legendaria durante la guerra contra los soviéticos. La intervención del tayiko Massud en la capital, suscitó la reacción de los grupos muyahidin de mayoría pashtun. Desde Pakistán, Gulbuddin Hekmatyar, jefe del grupo fundamentalista Hizb-i-Islami, amenazó con bombardear Kabul si el Gobierno no renunciaba. El presidente provisional, Abdul Rahim Hatif se comprometió a entregar el Gobierno a una coalición de los grupos rebeldes. Poco después, las fuerzas de Massud y Hekmatyar combatían entre sí en las calles de Kabul.

A finales de abril, se formó un Consejo de Gobierno provisional encabezado por Sigbatullah Modjadidi (a quien años después veríamos presidiendo la Loya Jirga). La alianza de grupos musulmanes moderados liderada por Massud - recién nombrado ministro de defensa del nuevo Gobierno- expulsó de Kabul a los fundamentalistas de Hekmatyar. El nuevo régimen fue reconocido a renglón seguido por Pakistán, Irán, Turquía y Rusia.

El 6 de mayo de 1992, fue disuelto el partido Watan, que había gobernado el país desde su creación en 1988 para sustituir al PDPA, y se estableció un Tribunal especial para juzgar a los ex mandos comunistas. También fueron disueltas la KhAD y la Asamblea Nacional. El nuevo Gobierno inició cambios para imponer la ley islámica, prohibiendo la venta de alcohol y obligando a las mujeres a cubrirse la cabeza y usar ropas tradicionales. A fines de mayo, los principales grupos rebeldes, incluidos Hizb-i-Islami de Hekmatyar y Yamaat-i-Islami, de Massud, anunciaron un acuerdo de paz, comprometiéndose a convocar elecciones en un año y a la salida de Kabul de las milicias tayikas del ministro de Defensa Massud y las uzbekas del general Abdul Rashid Dostum, antiguo general del régimen comunista que se había pasado al bando rebelde para seguir en el poder.



Al poco, el presidente Modjadidi escapó ileso de un atentado y la tregua se rompió. Los combates entre Hizb-i-Islami y Yamaa-i-Islami arrasaron Kabul, dejando 5.000 muertos en una semana. A finales de junio, Modjadidi cedió la presidencia a Burhanuddin Rabbani, líder tayiko de Yamaa-i-Islami, que intentó formar un Gobierno de unidad. Hizb-i-Islami continuó su lucha contra el gobierno, exigiendo la salida de Kabul de las tropas de Massud y Dostum.

Después de 14 años de guerra, el país estaba arrasado, la economía paralizada y el sistema productivo destruido. La ONU anunció un programa de ayuda de ¡10 millones de dólares! para abastecer de alimentos y medicinas a la población desplazada por la guerra. Según ACNUR, había en ese momento cuatro millones y medio de refugiados afganos, repartidos entre Pakistán e Irán, cuyo gobierno estaba deseando deshacerse de ellos.

En junio se llegó a un acuerdo entre Hekmatyar y Rabbani para formar Gobierno y convocar elecciones en 18 meses. Rabbani seguiría de Presidente, Hekmatyar sería Primer Ministro. Massud dimitió como ministro de Defensa y Dostum permaneció al margen del acuerdo.

En enero de 1994, Dostum se alió con el Primer Ministro Hekmatyar y lanzaron una ofensiva contra la capital, el Estado se desintegraba por completo. Kabul fue dividida en zonas en manos de grupos rivales, provocando el éxodo de tres cuartas partes de sus habitantes. La división de Afganistán estaba propiciada por los intereses encontrados de distintos países de la región, en especial Irán, Pakistán y Rusia, que apoyaban a los distintos grupos en lucha.

Hekmatyar comenzó a proclamar que llevaría la Yihad a las repúblicas centroasiáticas de la ex-URSS, lo que recordaba demasiado al Gran Afganistán que tan poca gracia le hacía a su padrino, el gobierno de Pakistán. Eso llevó a que le cerraran el grifo. A estas alturas, lo que interesaba era un apaciguamiento del conflicto y un escenario estable -el que saliera del reparto-; no una extensión de la guerra a los países vecinos, de los cuales Tayikistán ya estaba en guerra civil.

Con la desaparición de la Unión Soviética El Gran Juego adquiría un carácter nuevo: la lucha por el control de las inmensas reservas de petróleo y gas natural de las repúblicas centroasiáticas.

En esas, en 1995, apareció en el sur de Afganistán un nuevo grupo armado: los taliban, que con el apoyo de Pakistán pretendían crear un Gobierno islámico unido en torno a su versión wahabí del islam. La fuerza talibán había ido creciendo con el apoyo del Gobierno de Benazhir Bhutto, presidenta de Pakistán entre 1994 y 1996 por la sencilla razón de que habían demostrado ser más fiables que los tradicionales beluchis pasando las caravanas de contrabando de su marido, Azif Ali Zardari que, junto con la madre de Benazir, Begum Nusrat estaba obteniendo cuantiosos beneficios desvalijando el país.

Para cuando la familia presidencial acabó en la cárcel, los talibán ya se habían convertido en una fuerza importante, que podía dar garantías de seguridad a Unocal y a cualquier otra multinacional que quisiera instalarse en Afganistán. Contaban con amplio apoyo en las zonas de mayoría pashtún. En poco tiempo conquistaron Kandahar y varias provincias vecinas. En febrero, habían tomado el cuartel general de Hekmatyar en el centro del país, mientras Dostum se hacía fuerte en el Noroeste de Afganistán, donde se había refugiado gran parte de la población de Kabul. Los talibán impusieron en las zonas bajo su control un régimen islámico sumamente rigorista.

A mediados de 1996, los taliban sitiaron y bombardearon Kabul, que fue tomada en septiembre. El Gobierno se retiró al Norte. Al entrar en la capital, los taliban sacaron de la sede de la ONU, donde llevaba cuatro años encerrado, al ex presidente Najibullah, lo apalearon, lo arrastraron por las calles, lo castraron y lo colgaron en una plaza con la boca llena de billetes de banco.


Dostum rompió su alianza con Rabbani para aliarse con los talibán lo que facilitó el avance de éstos hacia el Norte, pero a los quince días rompió su acuerdo obligando a los talibán a retroceder. En el Norte se formó una alianza antitaliban de los principales grupos muyahidin, liderada por Ahmen Shah Massud, el antiguo jefe militar de Rabbani.

En 1997, Pakistán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos reconocieron al régimen talibán, que dominaba dos tercios de Afganistán. En 1998, Estados Unidos lanzó ataques con misiles de crucero contra campos de entrenamiento terroristas en Afganistán (y una fábrica de medicamentos/armas químicas en Sudán) como represalia por los ataques con bomba contra las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania. En 1999, la ONU impuso sanciones económicas contra Afganistán, incluyendo un embargo aéreo, presionando al Gobierno para que entregara a Osama Bin Laden, acogido en Afganistán tras haber forzado los Estados Unidos su expulsión de Sudán.

Es de señalar que durante estos años, miles de yihadistas de todo el mundo islámico habían sido entrenados en Afganistán para ser enviados a combatir a Bosnia, Kósovo y Chechenia, guerras en las que seguían contando con el apoyo del tándem Norteamericano-Saudí.

No obstante todo ello (o precisamente por ello) las compañías petroleras norteamericanas seguían con sus proyectos y mantenían amistosos contactos con el régimen taliban, intentando llegar a un acuerdo que permitiera el paso de las conducciones que deberían llevar hasta el mar los hidrocarburos centroasiáticos sin pasar por territorio ruso, condición necesaria para rentabilizar económica y políticamente los intentos de control de aquéllos.

A lo largo de 2001, el régimen talibán incrementó sus actuaciones integristas, en este caso iconoclastas, destruyendo buena parte de los fondos del museo arqueológico de Kabul y volando las estatuas gigantes de Buda en Bamiyán, juzgan a trabajadores humanitarios acusados de promover el cristianismo y, en definitiva, se van convirtiendo en algo cada vez más impresentable para los medios y el público occidental, que parecen enterarse en ese momento de la existencia de un ropaje femenino llamado burka o del hecho de que las mujeres afganas no pueden estudiar ni trabajar fuera de casa.

El 9 de septiembre de 2001, Ahmed Shah Massud, el líder más carismático de la oposición al régimen afgano, fue asesinado por los talibán, presuntamente con apoyo del ISI pakistaní. Algo grave estaba a punto de pasar.

13/7/06

Están todos como putas cabras


Anteayer se dio la noticia de que Shamil Basayev, el salvaje comandante checheno, había muerto. Yo, llamé a Piolet para contárselo y le desperté de la siesta. Comprobamos en la página web de los pérfidos chechenos (
www.kavkazcenter.com) (no confundir con www.kavkazcenter.org , que pasa más o menos lo mismo que con el club de fans de Ratzinger, mira que esta gente no deja pasar una) y aún no lo tenían claro. Se remitían a la información facilitada por el gobierno títere de Ingushetia. Al final, resultó ser cierto, alabado sea Dios, el sheikh ya es mártir.

Recomendamos vivamente la citada página oficial de los matarifes. Una de las mejores páginas informativas que hay, gracias a la pasta saudí. (Por cierto, que tanto rollo esotérico sobre cómo se financian los de Al Quaeda y ahí, en la sección "support", te puedes comprar el libro de Basayev siempre que pagues con Visa o American Express... Je!) Sobre todo es interesante si alguien sabe ruso, o -en su defecto- tiene el Babylon: puede acceder a la versión original, que es la rusa. Las fuentes bien informadas, se nutren de lo que viene en Inglés, que es una versión descafeinada. Insisto: comparad.

Es casualidad que en el tema checheno estén de acuerdo progres bienintencionados o no, formato Goytisolo (según el nivel de compromiso con El País: tantos artículos al año, tanta pasta) y los ex-troskos reconvertidos cuyo paradigma es el así llamado filósofo André Glucksman, ya abiertamente fascista: un Jiménez Losantos culto, digamos.

Glucksman odia a los musulmanes. Los musulmanes son el paradigma de la intolerancia y el oscurantismo: son fascistas y... ¡feos.! Envidian nuestra democracia, porque tienen miedo de la Libertad, etc., etc. En todas partes, menos en Chechenia. En Chechenia, los de Al Quaeda son –continúan siendo- heroicos luchadores por la Libertad, frente a la barbarie comunist... digo rusa. En fin. Ya decíamos que es en Chechenia donde Bin Laden y la CIA siguen trabajando codo a codo contra el verdadero enemigo común.

Bueno, esto lo cuento porque Piolet me dijo anoche que le diera pie, que no le parecía propio hablar de esto a continuación de las andanzas de Agamenón. Lo entiendo.

Por otra parte, ETA, una vez más, ha actuado. Esta vez en la India. El horror ha vuelto a desatarse, pero aquí los amigos de Basayev son los malos, porque los Indios no son rusos (aunque no se lleven mal). Y aquí viene lo de que me jode ser profeta:

Si repasamos el penúltimo mensaje de Bin Laden, anunciaba a quien tuviera ojos para leer lo que iba a pasar: lo que está pasando desde entonces, y así lo contábamos nosotros Y así

a) Afganistán.
b)India.
c) Sudán.
d) Somalia.
En cuanto a Afganistán... Buff Ya empiezan a no poder decir que las bajas son accidentes. Y, también, me remito a posts anteriores

Etc. En fin... No sé para qué quiere el CNI tanta pasta, si aquí ya nos lo sabemos.
Nota bene:

Es que no puede uno retrasarse un día con el post. Te retrasas un día y Hezbollah le abre un segundo frente a Israel en Líbano empezando con una derrota del Tsahal que, aunque haya sido en una escaramuza, es algo que no se puede consentir porque se te suben a la chepa. Resultado: Israel habla abiertamente de guerra y ataca el Líbano. Dios nos pille confesados. Esto, o se acaba pronto, o va a traer mucha cola. Ya comentaremos. Están todos como putas cabras.

27/4/06

Lo último de bin Laden (por el momento)

Pues después de los últimos escarceos faranduleros, volvemos al vicio:

Me bajé de al Jazeera el último comunicado de Bin Laden, y lo he traducido de acuerdo con mis pobres luces (Piños, sugerencias) para que los que no saben suficiente inglés lo lean si quieren y mis colegas vuelvan al trabajo.

Lo de bin Laden en cristiano (¡Huy, qué estoy diciendo!)

Este link ya funciona

Como la CIA ya ha dicho que es auténtico, nos ahorramos disquisiciones sobre este particular y lo comentamos directamente. Lo que me jode es que los medios de aquí no publiquen estas cosas. No dan ninguna excusa, ni siquiera la de no dar publicidad a los terroristas. En realidad, es fácil de criticar, pero resultaría trabajoso y los periodistas tendrían que currar y saber qué decir, lo que no suele ser el caso. Además, como dice cosas con las que hay mucha gente de acuerdo, pues puede ser hasta peligroso.


La duda que surge es la misma que con cualquier político: ¿se cree todo lo que dice, o está vendiendo una moto? Si se lo cree tal cual, está ya fuera del siglo; si no se lo cree del todo, eso tranquiliza más, porque, simplemente, es un político normal que manipula lo que puede. Como puede verse, sigue con el rollo habitual, no sólo de los islamistas, sino de -por ejemplo- la Falange: yo no tengo la culpa de nada. Siempre hay un enemigo malísimo (Vbgr.: el contubernio juedo-masónico-izquierdista-internacional) que me putea a mí que soy la leche y soy bueno. Que haya cosas que son verdad, o medio verdad, vale; pero quede ahí lo dicho.

Por otra parte, es curioso que en la prensa hayan salido diciendo que dice cosas que no dice; por ejemplo, que ofrece una tregua a Estados Unidos. Eso es mentira. Lo decía en un comunicado anterior, pero aquí, no. Tampoco hace referencia a Irán (que para algo son unos herejes, ¿qué digo herejes?, los chiis son directamente infieles)

Empieza por las caricaturas de Mahoma, que ya es agua pasada, lo que indica que no ha podido publicar antes y aprovecha para dar su opinión ahora. O no ha querido, porque si fuera cierto que está en Arabia Saudí, claro, habría que despistar. Sobre esto, no dice nada nuevo, aparte de que hay que matar a los infieles que ofenden al profeta.

Se centra en demostrar la existencia de una guerra de los cruzados y los sionistas contra los musulmanes (a veces, a la coalición cruzado-sionista, se unen -¡ojo!- los hindúes)

En Afganistán e Irak, ya sabemos lo que hay, también habla de Bosnia, de Chechenia y de Indonesia; pero me centraré en los puntos principales:

Apoya casi de pasada a Hamás. De hecho, muy de pasada; se limita a decir que el rechazo occidental del triunfo de Hamás es una prueba más de la existencia de la cruzada. Hamás se ha apresurado a decir que Bin Laden puede decir lo que quiera, pero que no tiene nada que ver con ellos; que sus planteamientos y sus objetivos son muy distintos. Les falta decir que por favor, no hable bien de ellos.

Dedica una parte importante del rollo a Sudán. Y esto sí que es interesante. Bin Laden está muy relacionado con Sudán: vivió allí en tiempos de Hassan el Turabi, haciendo carreteras y conducciones de agua en zonas pobres, lo que era muy popular, hasta que los americanos bombardearon aquella fábrica de medicamentos diciendo que lo que fabricaba eran armas de destrucción masiva, y el Gobierno Sudanés le dijo que mejor que plegara y fue cuando se volvió a Afganistán. Así que también está mosqueado con el Gobierno sudanés de al Bashir.

Acusa a Estados Unidos de haber provocado la secesión del sur del Sudán, organizando un ejército de sureños y forzando al presidente al Bashir a firmar un tratado que sella dicha secesión. Una cruzada contra el Islam. Lo que no menciona es que esa guerra fue en realidad una guerra de exterminio del régimen islámico contra las poblaciones infieles del sur: negros cristianos y de religiones tradicionales; entre sus éxitos está el genocidio de los Nuba, esos negrazos tan guapos que fotografió Leni Riefenstahl. El sistema de siempre: exterminio, quema de cosechas, violaciones masivas, separación de los niños de los padres para educarlos en el Islam, etc. En conjunto, DOS MILLONES DE MUERTOS en diez años de los que casi nadie se ha enterado.

Tampoco menciona que, al poco de firmar el tratado de paz y, en efecto, hacer viceprimer ministro de Sudán a John Garang, el líder de rebelde, el avión de éste se estrelló casualmente sin supervivientes. Otra cosa es que sea obvio que, sin ayuda externa, los del sur se habrían comido los mocos.

Pues bien, tras avisar de que hay que reconquistar el sur para el Islam, ahora se centra en Darfur: En Darfur, el lío lo han organizado directamente los Estados Unidos, aprovechando unas disputas entre tribus, que han agravado intencionadamente para quedarse con el petróleo.

Bueno... Aparte de que lo cuenta como si las dos partes estuvieran igualadas, lo que no parece –desde luego- ser el caso, la verdad es que eso mismo ya lo comentábamos hace año y pico. El gobierno, que ahora contemporiza bastante (de eso le acusa bin Laden) con USA se quita de en medio a los rebeldes para tener el control de los pozos de petróleo. Si no, a ver si los americanos prefieren negociar con el enemigo.

En resumen, llama a los muyahidin a que vayan a Sudán a luchar por la causa de Dios y que aprovechen la estación de las lluvias, que dificulta el transporte para hacer contactos y llevar minas y RPGs. Parece que el gobierno de al Bashir se ha convertido en objetivo. No hay nada peor que los ex-amigos.

En cuanto a Pakistán y Cachemira, defiende la lucha de los rebeldes cachemires y de los pashtun que ayudan a los talibán y demás muyahidin de Afganistán. Ataca insidiosamente al general Musharraf a quien, imagino que está condenando a muerte al llamarle "ayudante converso" de Bush. Lo digo por lo de converso. En fin; tampoco es ninguna novedad, pero que no se olvide que para bin Laden Musharraf ya no es musulmán. Ha apostatado y debe morir.

Se mete bastante con Francia, lo que es sumamente inquietante, porque es el único país europeo que menciona expresamente. Por el velo y, en general, por el trato inhumano que da a los musulmanes. Especialmente le preocupa que estén haciendo canales de TV en Marruecos.

Esto de la tele le jode bastante, porque considera que es el instrumento de los cruzados y sionistas para dominar culturalmente al Islam e introducir el vicio y la depravación. Mala cosa para los empleados de dichas teles. A todo el mundo le jode la libertad de expresión. Aunque sea la libertad de propaganda.

Menciona Bosnia, como otro jalón de la cruzada contra el Islam y Chechenia. Lo de Chechenia es interesante, porque allí, vemos a Al Quaeda en su avatar primigenio: es decir, defendiendo los intereses de los Estados Unidos. Recordemos que entre los líderes de los heroicos luchadores por la libertad de Chechenia (esos que vuelan escuelas después de torturar a los niños, o edificios enteros o atacan objetivos militares como hospitales o teatros) tenemos saudíes, jordanos, por ejemplo. El origen de la guerra en Chechenia fue el que fue, y los interesados en que a Rusia, de ser posible, le crezcan los enanos, son los que son. En fin, qué cosa tener enemigos comunes... Uno se acuerda del cargamento de esos aviones a los que se permitió salir de Estados Unidos tras el 11-S, cuando todo el espacio aéreo estaba cerrado.

Finalmente, insiste en que el principal campo de batalla es Irak, donde se juega todo: la victoria en Irak sería la victoria de los Estados Unidos. Su derrota en Irak, sería el comienzo "del reflujo de la marea cruzada-sionista"