
El heróico Forges continúa defendiendo contra toda esperanza la última trinchera de la Civilización.
Bastaría con la viñeta sola; pero -incapaz de controlar mi disposición logorréica- no me puedo quedar sin añadir algo: pareciera que la Postnouvelle cuisine hispánica fuese mero fruto del delirio de unos cuantos chefs-vedettes decididos a rizar el rizo de la gastronomía considerada como una de las bellas artes, lo que estaría muy en la línea de la evolución del resto de las así llamadas bellas artes. Mas he aquí que la realidad es harto más grave; ya que la pintura, la escultura, la música, la arquitectura, etc. (o lo que queda de ellas) al fin y al cabo sólo atañen a nuestro intelecto; el cual, como ya está suficientemente deteriorado, no parece susceptible de demasiada degeneración adicional.
Amigos, con las cosas de comer no se juega, porque a lo que atañen es a nuestra propia composición orgánica: somos lo que comemos. ¿Será lo mismo una persona hecha de fabadas, lentejas con chorizo, cocidito madrileño, solomillo o bacalao al pil pil, sin olvidar la entrañable tortilla de patatas, ¡aahh! los callos con garbanzos!, que alguien compuesto de espuma tibia de... ¡puajj!, me resisto a mencionar esas cosas?
Hasta hace poco, un español siempre guardaba una última bala en el cargador al discutir con cualquier representante de las razas rosas que aludía, con ese vomitivo aire de superioridad tan suyo, al retraso hispánico. Cuando le habías dejado explayarse hablando de los toros y el flamenco y del ruido y de lo tarde que nos acostamos, entonces -tú- con una leve sonrisa en la comisura de la boca, le preguntabas en tono casual: "Ya, pero ¿y la fabada?".
Y el decadente bárbaro del Norte abría y cerraba la boca, una y otra vez, cual pez fuera del agua, y ponía abrupto fin a su discurso, sumido en la más absoluta humillación dialéctica .
Es decir: nos hallamos ante un eslabón más de la conspiración internacional, gestionada por el Polanquismo en general y EP[S] en particular, para debilitar -más- las esencias de la raza. Señores: si ustedes quieren experimentar con la comida como arte, abran una sala de exposiciones, no un restaurante. No jodan.
Bastaría con la viñeta sola; pero -incapaz de controlar mi disposición logorréica- no me puedo quedar sin añadir algo: pareciera que la Postnouvelle cuisine hispánica fuese mero fruto del delirio de unos cuantos chefs-vedettes decididos a rizar el rizo de la gastronomía considerada como una de las bellas artes, lo que estaría muy en la línea de la evolución del resto de las así llamadas bellas artes. Mas he aquí que la realidad es harto más grave; ya que la pintura, la escultura, la música, la arquitectura, etc. (o lo que queda de ellas) al fin y al cabo sólo atañen a nuestro intelecto; el cual, como ya está suficientemente deteriorado, no parece susceptible de demasiada degeneración adicional.
Amigos, con las cosas de comer no se juega, porque a lo que atañen es a nuestra propia composición orgánica: somos lo que comemos. ¿Será lo mismo una persona hecha de fabadas, lentejas con chorizo, cocidito madrileño, solomillo o bacalao al pil pil, sin olvidar la entrañable tortilla de patatas, ¡aahh! los callos con garbanzos!, que alguien compuesto de espuma tibia de... ¡puajj!, me resisto a mencionar esas cosas?
Hasta hace poco, un español siempre guardaba una última bala en el cargador al discutir con cualquier representante de las razas rosas que aludía, con ese vomitivo aire de superioridad tan suyo, al retraso hispánico. Cuando le habías dejado explayarse hablando de los toros y el flamenco y del ruido y de lo tarde que nos acostamos, entonces -tú- con una leve sonrisa en la comisura de la boca, le preguntabas en tono casual: "Ya, pero ¿y la fabada?".
Y el decadente bárbaro del Norte abría y cerraba la boca, una y otra vez, cual pez fuera del agua, y ponía abrupto fin a su discurso, sumido en la más absoluta humillación dialéctica .
Es decir: nos hallamos ante un eslabón más de la conspiración internacional, gestionada por el Polanquismo en general y EP[S] en particular, para debilitar -más- las esencias de la raza. Señores: si ustedes quieren experimentar con la comida como arte, abran una sala de exposiciones, no un restaurante. No jodan.
