Ayer ocurrió lo que estábamos esperando tras el cerrojazo informativo al Sahara Occidental. Marruecos decidió aplastar por la fuerza la protesta saharaui arrasando el campamento de Agdaym Izik. Gravísimos disturbios en el Aaiún, con muertos por ambas partes. Por cierto, la foto del cadáver uniformado que sale en el País de hoy no es de un gendarme ni de un miembro de las fuerzas auxiliares, sino de un soldado.
A pesar de lo ocurrido, el Polisario se sienta a negociar con Marruecos en Nueva York.
Aminetu Haidar, que no había aparecido por el campamento (para no provocar reacciones de Marruecos, según dice), sale en la prensa.
Mi opinión:
Ha hecho eclosión un factor nuevo: los saharauis originarios que viven en el territorio ocupado por Marruecos. Los organizadores del campamento son menores de 40 años, no están controlados por el Polisario y su protesta no se refería a la independencia, ni a cuestiones políticas, sino a su vida cotidiana; al hecho de vivir como ciudadanos de segunda en su propio país. Es una revuelta social. Marruecos tiene en palmitas a los saharauis que considera importantes para su proyecto, y los jefes del Polisario saben que, cuando se cansen, tienen garantizado un buen trabajo (por ejemplo, de embajador), pero eso no alcanza a la mayoría de la población.
Marruecos ha perdido una oportunidad de oro para aislar al Polisario de la población autóctona. Si hubiera aceptado interlocutores autóctonos y hubiera hecho algunas concesiones, habría introducido una cuña entre los saharauis del interior y los de Tinduf. Pero ha reaccionado como reaccionan las dictaduras con la autoestima baja.
Puede que esta revuelta sea el inicio de una verdadera intifada, o puede que no sea más que un hito en el camino, una fecha para un nuevo imaginario nacional. Pero el factor clave es que, aparentemente, el Polisario es ajeno a estos acontecimientos. sus dirigentes deben estar tan preocupados como el gobierno marroquí (o más).
Cuando en el 76 las columnas de refugiados saharauis atravesaban el desierto perseguidos por los cazas marroquíes que los bombardeaban con napalm, hasta establecerse en Tinduf, concitaron todas nuestras simpatías, y el Polisario, a lo largo de su heroica guerra de quince años con marruecos, se erigió en símbolo de la lucha saharaui, como al Fatah en su momento.
Pero se fue produciendo el mismo proceso que con los palestinos. la potencia ocupante, al igual que Israel, comenzó a colonizar ilegalmente el territorio con ciudadanos marroquíes, que se dedicaron a tener hijos, nacidos ya en el Sahara, y los refugiados temporales pasaron a ser definitivos. Hace 34 años ya. Hoy día, al contrario que los hijos de colonos marroquíes, la mayor parte de la población de los campos ha nacido fuera del Sahara.
El Polisario, un partido único paramilitar, es hoy un instrumento de los intereses de Argelia y tiene como principal interés su propia supervivencia y mantener el estatus de sus dirigentes. Para ello, cuenta con decenas de miles de rehenes: su población civil, que, como en la canción de Ilegales, no vive, sólo espera.
La prueba: mientras los que se supone que son “su gente” luchan –y mueren- en las calles de El Aaiún, ellos se sientan a negociar con Marruecos en Nueva York.
A negociar, ¿qué? saben que Marruecos no tiene nada que negociar. Negocian para seguir siendo considerados los interlocutores del pueblo saharaui, seguir teniendo cierto poder y seguir gestionando la ayuda internacional.
Es sabido que, cuando los refugiados siguen siendo refugiados después de una generación, nunca vuelven y, si lo hacen, llegan a un país que ya no es suyo. Es triste, pero es así. El futuro del Sahara está en manos de los propios saharauis y ayer quedó claro que ya hay dos Saharas. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos, pero tal vez haya que ir quedándose con nombres como Fadel Kmach u Omar Zribiar.