3/07/09

Trabajitos de la Facultad

Travnik


Esta carta fue enviada en la primavera del año 1.186 por Mehmet Bajá, alto funcionario al servicio del Visir en Travnik, a su amigo Selim bey, de Mostar.

"En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso.

Que Él te mantenga la salud a tí y a los tuyos, querido amigo. Te envío esta misiva por conducto de mi fiel Rasim, que seguirá camino hasta Dubrovnik con un encargo mío. Volverá a pasar por allí de regreso a Travnik, así que, si lo deseas, puedes entregarle tu respuesta a su vuelta. Como sabes, es hombre fiel, sordo, ciego y mudo.

Los tiempos están cambiando, querido amigo, y cosas que nos hubieran parecido extrañas en otro tiempo, son hoy hechos a los que nos hemos llegado a acostumbrar. Sigo intentando ganarme la confianza del Cónsul francés, que lleva tiempo aquí; pero desconfía, desconfía... El hombre está tan desorientado, todas nuestras costumbres le parecen tan bárbaras, que parece haber adoptado como norma el pensar que todos esperamos cualquier oportunidad para ponerle en un aprieto. En parte, no deja de tener razón, pero, si supiera lo que hablan de él en el bazar, seguramente perdería su aire imperturbable.

Yunnuz Bajá ha regresado hace unos días de Split y está muy impresionado por el Ejército francés. Tuvo una entrevista con el mariscal Marmont y éste le obsequió con una demostración de sus tropas. ¡Ay, Selim!, esos soldados que están conquistando el mundo son un ejército de verdad: están encuadrados en unidades regulares, obedecen a sus jefes, y sus jefes obedecen en todo a Napoleón. Lo que nos hicieron en Egipto, podrían hacerlo aquí, si Napoleón y el Sultán, a quien Dios nos conserve, no se hubieran puesto de acuerdo contra los ingleses. Pero, si no le fuéramos útiles por eso, sería para ellos un paseo apoderarse de toda Bosnia: los cristianos los recibirían con los brazos abiertos. Los serbios, fíjate los problemas que nos dan; imagina si tuvieran la ayuda de los franceses. Ahora, creo yo, Austria es nuestra aliada sin quererlo. Si no anduvieran en guerras unos con otros, ser´riamos el pastel que se acabarían repartiendo sin demasiado esfuerzo. En este sentido, la alianza de Napoleón con el Zar de los rusos me preocupa. Selim: somos la presa que todos codician y sólo eso nos permite seguir manteniendo la apariencia del Imperio.

La Sublime Puerta ya no da miedo a los cristianos. Somos una pieza en el gran juego de las potencias. Tenemos muchas tierras, ricas, pobladas; somos refinados, pero ya no somos fuertes. A duras penas conseguimos mantenernos entre revueltas constantes. La gente con cierto poder (con más que yo, en todo caso) parece vivir en un sueño; creen que degollar de vez en cuando a unos cuantos campesinos serbios es ser poderoso, y eso no cuenta en el concierto de las naciones.

Los más viejos, el propio Visir, desprecian a los extranjerros, dicen que, si Dios quiere, Napoleón pasará, como otros antes que él, y es cierto; pero nosotros también. Los viejos tiempos ya no volverán. Tenemos aquí, en Travnik, un cónsul francés, y otro austríaco: son enemigos, se odian entre sí porque sus países están en guerra, pero en el fondo están unidos contra nosotros. Entre sí se reconocen, tienen las mismas costumbres, se entienden mientras que nosotros seguimos sioendo algo incomprensible. Ellos aprenden de nosotros, quiero decir, que se enteran de lo que pasa y se lo cuentan a sus Gobiernos... en fin, yo leo sus cartas, claro, pero no puedo retenerlas todas.

También nosotros deberíamos aprender de ellos. Hay que hacer algo, querido amigo. Debiéramos aprovechar de algún modo estas guerras de los cristianos, que nos dan tiempo y, con la ayuda de Dios, aprender. Sus estados funcionan, son prósperos y poderosos, al contrario que nosotros, y nosotros podemos hacer lo mismo, que no somos tontos. Si ya una vez fuimos el terror de todos ellos, no veo por qué no podemos volver a serlo. Aunque yo me conformaría con menos; sencillamente con que nos respetasen.

En Egipto quedó claro que no podemos luchar contra ellos. Yo aprovecharía el interés de Napoleón por ganarse al Sultán, a quien Dios proteja y dé prosperidad, para enviar representantes a su corte. Enviaría a jóvenes seguros a Francia, para que aprendiesen cómo se gobierna un Estado moderno. Fíjate en los ingleses: su imperio se basa en el comercio, sus comerciantes van por delante de sus soldados. En cambio nosotros, y que Dios me perdone, convertimos a los comerciantes en nuestros enemigos, porque les sacamos la sangre y les obligamos a engañarnos. Lo mismo con los campesinos. No podemos vivir sólo de expoliar a los pobres, porque de ese modo ellos se levantan contra nosotros y tenemos que pacificarlos, y para eso necesitamos levantar tropas; para levantar tropas, necesitamos más dinero, que sacamos de nuevos impuestos, que provocan nuevas rebeliones... es la serpiente que se muerde la cola. tenemos que comerciar, como hacen los ingleses, y tener un ejército como tienen los franceses, que no haya que estar comprando a cada rato. Si no fuera por mis mamelucos, los que me traje de Egipto, te digo que no sé si me atrevería a salir a la calle.

Lo peor es que, si no actuamos en este sentido, tarde o temprano, unos y otros acabarán sus guerras y empezarán con nosotros. Quisiera evitarlo, con la ayuda de Dios y en la medida de mis pobres fuerzas; pero veo que despreciamos toda novedad como algo fastidioso, cuando no diabólico; que estamos replegados sobre nosotros mismos, sin interesarnos lo que ocurre fuera; que somos bien cortos de miras, pues sólo nos movemos por el propio interés, y por ganar un poco hoy derrochamos lo que podríamos cosechar mañana o pasado mañana. Estamos desunidos, y nos aliaríamos con el mismo Satán (que Dios me perdone) con tal de hacer daño a nuestro vecino, aunque luego nos arrastrase al infierno. Tenemos mucho trabajo, pero un trabajo cuyos frutos no veremos ni tú ni yo. Estoy hablando demasiado, querido amigo. Queda con Dios. Que Él te colme de bendiciones."

1/07/09

Buena crianza II



Metro de Madrid, vagón de la línea 10, interior, día.

Se abre la puerta del vagón. Entro. Por alguna extraña razón, hay sitio para sentarse. Me siento. Abro el periódico y me regocijo en el descanso de mis cansados miembros. Se nota que ya estamos en julio y vacaciones, porque el noventa por ciento de los viajeros son más jóvenes que yo. Frente a mí, una joven de exhuberante pectoral, junto a dos jovencitas de aspecto pijo, raras en el transporte público, de no más de diecisiete años, acompañadas de la que sin lugar a dudas es la madre de la rubia (por lo menos, la llama mamá). Una pareja de mochileros, que seguro que van al albergue de la Casa Campo (el de jóvenes estudiantes, no el de indigentes que está al lado de Los Veranos De La Villa, que está al lado de donde la metadona). Otro jovencito sudamericano, uniformado de Latin King o secta parecida. Otros tres, uniformados de lavapieseros, con rastas, pantalones pirata de marca y camisetas con hojas de maría, caras de Bob Marley y una A inscrita en un círculo; éstos hablan sobre libertad y rebeldía contra El Sistema. Otro par de pijos, sin duda universitarios... En fin, el catálogo completo, currantes excluidos. Más gente, ojo, treintaañeros; algún abogado (a los oficiales de Procurador se les distingue por el trolley) que vuelve de la Plaza Castilla. En fin... y yo.

Yo, que voy tan fresco leyendo la prensa después de toda la mañana dando vueltas por Madrid haciendo cosas relacionadas con el curro. Todos los asientos están ya ocupados.

Y, claro, en ese preciso momento, se abre la puerta del vagón en Alonso Martínez y entra una señora de unos ochenta años, con bastón, faz apacible y evidentes muestras de fatiga. La miro, como quien se enfrenta al destino inexorable. Miro rápidamente a mi alrededor con ojo experto: como siempre, todos se dan cuenta y todos se hacen los suecos: unas hunden profundamente la nariz en la última novela de Larsson, algún Letrado levanta el periódico hasta formar un valladar impenetrable entre sí mismos y la realidad circunstante; otros acentúan lo profundo de su mirada perdida en dramáticas reflexiones sobre la vida y el futuro de la humanidad; los mochileros que van para el albergue miran sus mochilas y ponen cara de infinito agotamiento; los lavapieseros miran para otro lado, como si El Sistema estuviera a punto de irrumpir en el vagón por el lado contrario. Incluso la madre de las adolescentes pijas -ajena a las obligaciones de su cargo- afecta mirar al techo del vagón mientras parece silbar para sus adentros.

Soy el único de todo el vagón que -el deber es el deber- se levanta y le dice que, señora, siéntese, por favor. Ella me mira estupefacta y hasta se resiste retóricamente (la buena crianza) "No se moleste, joven...". "Siéntese, señora". "Gracias, muy amable."

Y, como casi cada día, me pregunto en qué puto mundo vivimos.

27/06/09

Gomorrra




Estos días por fin me he leído Gomorra, el famoso libro de Roberto Saviano
sobre la Camorra napolitana. Estoy sorprendido. El auge mediático del libro,
sobre todo después de la película, entra en la mecánica del mercado; pero el
entusiasmo de gente cercana a mí, incluida la amiga que me lo ha prestado,
me asombra. Resulta que no tienen claro en qué mundo viven. Como decía
uno de mis camellos predilectos, llevan toda la vida en el Oeste y no conocen a
Buffalo Bill.

Yo esperaba algo importante, al estilo de Bob Woodward o John Fisk, o incluso
Loreta Napoleoni; pero qué va, qué va... No hay nada en la obra que no haya
salido en los periódicos o en las sentencias de los procesos antimafia que,
imagino, en Italia estarán disponibles en internet, igual que en España (con
cualquier sentencia de la Audiencia Nacional sobre la mafia rusa o el terrorismo
yihadista podría escribirse una novela del copón). Creo que en el libro no se
menciona un sólo nombre de camorrista que no esté en la cárcel o muerto, así
que las amenazas de muerte no entiendo a qué obedecen, tanto más cuanto
que al parecer la venta de CD piratas de la película ha proporcionado
interesantes ingresos a la Camorra.

El libro es deslavazado, atravesado de reflexiones personales del autor para
excitar el ánimo del lector sin terminar de concretar nada sobre el
funcionamiento concreto del "Sistema", la relación entre negocios legales e
ilegales, el blanqueo de capitales, la corrupción política y administrativa... se
mencionan, hay referencias continuas, pero sin explicar nada. El objetivo del
libro, más que informar, es facilitar sensaciones y para eso lo propio habría sido
escribir una novela.

El último capítulo, que parece un añadido de última hora, sobre el mercado de
los residuos, aunque da algunos datos interesantes aunque muy generales, es
un ejemplo del estilo hiperbólico del autor:

"Si los desechos que escapan al control oficial -según estimaciones de la
asociación ecologista Legambiente- se unieran en un solo montón, su conjunto
formaría una cordillera de catorce millones de toneladas: prácticamente como
una montaña de 14.600 metros de altura con una base de tres hectáreas.
Pénsese que el Mont Blanc tiene 4.810 metros y el Everest, 8.844, de modo
que esa montaña de residuos que han escapado a los registros oficiales sería
la mayor existente en toda la tierra."

¿Por qué una base de tres hectáreas? ¿El Everest tiene tres hectáreas de
base? Yo soy así, no me imaginé una montaña como dos Evereses, sino una
tambaleante columna de unos 170 metros de lado por 14 kilómetros de altura.

Dato: al igual que se escandaliza de que un pobre capo haya amasado merced
a su actividad delincuencial la inenarrable fortuna de ¡35 millones de euros!
(angelito):

Vertedero comarcal de la Vega Baja del Segura:

Residuos urbanos: 327.000 toneladas/año.
Residuos de la construcción: 57.000 toneladas/año.
Residuos voluminosos: 7.300 toneladas/año.

Una obra tan "documentada" llama AK-47 a todo chisme derivado del invento
de Kalashnikov. Mejor llamarlo cuerno de chivo. En internet están disponibles
todas las versiones para reconocer los materiales y, entre otras cosas, su lugar
de fabricación, algo la mar de interesante para seguir el rastro desde su origen
hasta el usuario final. Así se descubrieron los manejos de los servicios secretos
franceses para armar de tapadillo al ejército ruandés que estaba cometiendo el
genocidio tutsi ya antes del 94, aunque, obviamente, nadie ha hecho una
pelicula sobre eso. Fíjate, qué lástima de oportunidad perdida. En cambio, ya
se sabe: los arsenales abandonados a su suerte de los países del Este ¿De
qué países, qué arsenales, cómo se consiguen las armas, cómo llegan a
Nápoles?

La Camorra está en el negocio de las armas, pero sólo aparece como
vendedora. Así, la Camorra adquiere carros Leopard del ejército de Alemania
Oriental para vendérselos a Arkan, el señor de la guerra serbio durante el
conflicto balcánico. Primera noticia que tengo. Si me dices T-72, vale, pero
ignoraba que el ejército de la RDA tenía Leopard. Eso sí: los carros iban
desmontados. Da la impresión de que tú coges un carro de combate de 50 o 60
toneladas y lo desmontas como si fuera un CETME para pasar la aduana. Me
gustaría que explicara el procedimiento ¿lo cortaron en trozos con una lanza
térmica y luego pensaban volver a soldarlo? Este tipo de cosas abonan la
impresión de charlas de bar no confirmadas.

Lo de probar el corte de la droga en los yonkis no te vayas a cargar a algún
cliente, era una práctica tan extendida en Madrid que me sorprende que
alguien se sorprenda de ello a estas alturas y, cuando trata sobre la distribución
de sustancias al por menor, me da la impresión de que ese hombre no se ha
fumado un porro en su vida. Parece haberse inspirado directamente en los
folletos de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (que, por cierto, la
propia FAD ha comprendido que no sirven para nada)

Los talleres donde se confeccionan las vestimentas de la alta costura italiana...
¿Acaso alguien pensaba que se cosían en fábricas versallescas por modistos
vestidos de etiqueta? El mercado. Punto. ¿Quién es responsable, la Camorra,
Versace o el estado italiano?

La impresión general que queda (no digo que sea la realidad, digo que es la
impresión que me ha dejado a mí) es que los camorristas son una amalgama
de aficionados que hacen el trabajo sucio a las grandes empresas, a las de
verdad y que, como por esos lares el Estado no existe salvo en forma de
Carabinieri, la única que consigue algún tipo de trabajo a la gente es la
Camorra y por eso existe.

Lo único que son tan primarios que son muchos y se dedican a darse
puñetazos en el tórax y a pelearse entre sí a tiros en lugar de centrarse en el
negocio. Si al final el autor se viene a vivir a España, podrá ver cómo trabajan
los profesionales en un país civilizado. Todo ordenado, pocas familias,
respetables, y los tiros (de plomo) como último, último último recurso. Y todo
legal, joder, como debe ser.

28/05/09

Sustancias




A mediados del s. XIX, el Imperio Británico entró en guerra con el Imperio Chino. En aquella sazón, el Emperador de China, el Imperio del Centro, aún tenía la curiosa idea de que Victoria, Regina Imperatrix, cuyos casacas rojas se disponían a desmantelar su Imperio, era una pintoresca vasalla que gobernaba en su nombre a unos bárbaros feísimos de caras coloradas que comerciaban en sus puertos.

El sistema empleado por el Gobierno chino para designar al general que indefectiblemente habría de derrotar a los bárbaros, fue ordenar a los candidatos la redacción de una composición poética sobre los fastos de celebración de la victoria. Como es sabido, tal victoria nunca tuvo lugar y China dejó de ser una potencia mundial para deslizarse a velocidad uniformemente acelerada por la pendiente que lleva al muladar de los estados fallidos.

Aquella guerra se produjo porque los honorables comerciantes anglosajones consideraron inaceptable para Las Reglas del Libre Comercio que el Gobierno chino decidiera prohibir la importación de la principal mercancía occidental: unas bolas parduzcas que proporcionaban paraísos artificiales: opio.

El Gobierno chino estaba alarmado por el creciente número de súbditos suyos enganchados al opio; pero más alarmado estaba por el insoportable desequilibrio que ese tráfico producía a su balanza comercial.

El Gobierno de Su Graciosa Majestad se alarmó, a su vez, ante la previsible ruina de sus honorables comerciantes y de que el rentable saqueo de la plata y demás productos chinos pudiera tocar a su fin.

Resultado: el derecho inalienable de los chinos a drogarse fue garantizado por las armas frente a su gobierno inicuo, que pretendía prohibírselo.

Durante los siguientes 100 años, poco más o menos, las diversas sustancias estupefaccientes y psicotrópicas fueron una cuestión neutra y hasta literaria; hasta que en los años 20 del siglo pasado, los sucesores de aquellos honorables comerciantes acometieron lo que podríamos llamar un "ensayo general con todo" en los Estados Unidos de América. Rescataron del olvido los argumentos del gobierno chino de mediados del XIX, y, mirando por el bienestar de los súbditos de la Unión, prohibieron la elaboración, comercio y consumo de bebidas alcohólicas.

Resultado: altamente satisfactorio. Se demostró empíricamente que la demanda de sustancias para colocar al personal es inelástica y que no decrece apreciablemente por más que encarezcas su precio o dificultes el acceso a las mismas.

Por otra parte, al eliminar la carga impositiva sobre las sustancias, el beneficio de los honorables comerciantes se incrementa proporcionalmente, generando grandes fortunas; lo que se traslada con limpieza al flujo circular de la renta, que será dedicada a cosas prácticas en lugar de a esas tonterías en las que los gobiernos acostumbran a malgastar el dinero de los impuestos que roban a la gente. Además, no hay problema, porque el dinero obtenido del tráfico ilegalizado debe ser blanqueado y, al final, genera ingresos fiscales quieras que no.

Más ventajas adicionales:

- Se crean muchos puestos de trabajo en los sectores relacionados con la represión.

- Se justifica el incremento descontrolado de dicha represión con una excusa tan moral como es la salud física y espiritual de la ciudadanía.

- Se incrementa la delincuencia, lo que produce un efecto de retroalimentación, asustando mucho a la gente, que reclama más represión y más merma de libertades perfectamente inútiles para la vida ordinaria.
- Se genera un nivel saludable de corrupción de forma que los funcionarios públicos puedan mejorar su nivel de vida y gastar más.

- Como la ciudadanía lo reclama, se reducen democráticamente más libertades inútiles y se aumenta el control sobre la población: incluso aumenta la estabilidad laboral: Edgar Hoover estuvo más de 40 años al frente del FBI, lo suficiente como para conducir la transición desde la prehistoria a la situación actual.

¿Por qué la Ley Seca sólo fue un ensayo? Supongo que por tres motivos:

a) Se prohibió una droga socialmente aceptada, de hecho, se prohibió una de las bases de la Civilización Occidental; lo que -obviamente- molestaba a casi todo el mundo, generando desafección al Gobierno y, como cada cuatro años los ciudadanos de la Unión tenían que votar, la cosa era insostenible.

b) Sólo se prohibió el alcohol en Estados Unidos, por lo que el tráfico de drogas de calidad, por ejemplo, Johnnie Walker o Moët Chandon, quedó en manos de empresas perfectamente legales de terceros países que, aparte de incurrir en prácticas de competencia desleal con la Cosa Nostra, proporcionaban jugosos ingresos a sus respectivos fiscos.

c) Los Estados Unidos se convirtieron en el hazmerreir del mundo. (De hecho, lo mejor de la Ley Seca fue catapultar a Concha Piquer al estrellato)

Visto lo visto, los honorables comerciantes reflexionaron sobre los resultados del experimento y extrajeron sus conclusiones:

Se dieron cuenta de que no podían garantizar el apoyo de los electores, bebedores en su mayoría, a la prohibición con el sólo auxilio de unas cuantas sufragistas histéricas y algunos predicadores más bien heterodoxos.

Por otra parte, comprendieron también que la siguiente prohibición, para que fuera eficaz, habría de ser a escala mundial.

Así, hubo que esperar a que

a) Se inventaran instancias internacionales que fueran, al menos temporalmente, consideradas unánimemente como guays: la ONU y la OMS.

b) Se generalizaran sistemas eficientes de indoctrinamiento: la tele y el cine en (sonoro y en tecnicolor) que saturaran a la población target hasta que asumiera por simple inercia la situación.

Entonces, aplicando lo aprendido, se concentró la prohibición en sustancias no tradicionales en el mercado occidental (básicamente, opiáceos, cannabináceos y cocáceos), por tanto, no defendidas socialmente y cuya extracción del comercio de los hombres generó escasa alarma social y afectó poco a las grandes empresas. Se esperó a que fueran ilegales para promover su consumo como algo socialmente prestigioso.

Resultado: óptimo. Como mínimo, decenas de miles de puestos de trabajo represivos, sistemas penitenciarios saturados de gente que en los años 40 no habrían hecho nada ilegal, incremento exponencial de la delincuencia violenta generada por la prohibición, corrupción rampante, estados fallidos, excusas perfectas para intervenir en terceros países (pobres) financiación autónoma por los servicios de sus guerras subterráneas, control de la población hasta unos niveles insospechados, pero la mar de útiles: ¿derecho a la intimidad? ¿habeas corpus? ¿secreto de las comunicaciones? Como había dicho anteriormente el último jefe de la Ojrana, a la única gente que le preocupa que la policía le lea las cartas antes de que el cartero se las eche en el buzón, es a los delincuentes. Oposiciones políticas desmanteladas casi sin esfuerzo; miles y miles de muertos: miedo, que es lo que necesitan los que mandan para que el populacho les exija que hagan precisamente aquello que están deseando hacer.

A día de hoy, si los cárteles de las sustancias decidieran sacar su pasta del banco, nos enteraríamos de lo que es una crisis, y no esta moñigada.

A pesar de lo dicho, la experiencia me ha llevado a creer más en las coincidencias y en la infinita estupidez humana que en las conspiraciones. En este caso, la situación, salvo por parte de núcleos de moralistas muy activos, se mantiene más que nada por inercia; como una guerra de guerrillas enquistada e imposible de ganar. A pesar de todo, o precisamente por ello, resulta que el gramo de coca en Madrid, hace 20 años costaba, si no eras amigo del camello, unas 12.000 pesetas, o sea, unos 72 €; a día de hoy, en las mismas condiciones, cuesta 50 €. Teniendo en cuenta que, si esos 72 € hubieran correspondido al alquiler de una vivienda, en 20 años se habrían convertido en 148,25 €, se plantean cuanto menos algunos interrogantes sobre la eficacia de la prohibición y las prioridades sociales.

21/05/09

Contrastes culturales




Mis mayores me educaron para que mirase siempre por algo denominado "el día de mañana", concepto éste que parecía aludir a una especie de consumación de los tiempos customizada. El día de mañana incluía dos conceptos: "colocarte" y "ser alguien", que, contra lo que pueda parecer a los descarriados usuarios de estos tiempos de perdición, eran casi sinónimas; digamos que lo uno conllevaba lo otro. He de decir que "colocarte", carecía por aquel entonces de cualquier connotación politoxicómana (de hecho, el término "politoxicomanía" no existía en nuestro diccionario).


Para convencerte de que estudiaras, te remitían con insistencia al cuento de la cigarra y la hormiga o a la parábola evangélica de los talentos. Obviamente, yo pensaba que lo que les dejaba el amo cuando se piraba eran talentos de otro tipo, o sea, 2 o 3 inteligencias. Por cierto, que en esta parábola está el germen del pensamiento liberal. Una vez que estaba pedo sostuve que se trataba de una interpolación de Adam Smith. Por desgracia, un conocido que estaba haciendo el doctorado en semíticas (y tan pedo como yo) me sacó de mi error, prorrumpiendo, a renglón seguido, en maldiciones en Siríaco y posteriormente haciendo que nos echaran del bar porque el hombre, aunque erudito, es karateka y nos pusimos a hacer Kumite y... bueno, eso da para otra historia.


A lo que iba: lógicamente, el día de mañana que uno esperaba era otro. Más que administrador de fincas o jurídico militar, yo me decantaba por ser un afortunado conquistador (de naciones ignotas, ojo, que en aquella época las niñas eran todavía unos coñazos con coletas que entretenían sus ocios con juegos aberrantes, como la goma o el maiselfo yuti) o, al menos, intrépido explorador de igualmente ignotos territorios.


Ahí empecé a apuntar maneras, creo yo: la primera vez que me visualicé a mí propio, no abriéndome paso a esforzados machetazos de parang o kampilang (según fuera con malayos o dayaks) por los manglares, ni exterminando para beneficio del género humano a los malvados tughs de los Sunderbunds, (con mi kriss envenenado con jugo de upas -o baba de bis cobra- y mi carabina de mar cargada de metralla hasta la boca) sino contándolo luego en sesión solemne de la Real Sociedad Geográfica ante un público erudito y entregado.


Pero bueno, el tiempo pasa y, aunque tú sigues pensando que "el día de mañana" debe estar ya a la vuelta de la esquina, en realidad, según tus cálculos infantiles debe de haber pasado hace por lo menos 15 o 20 años y, un buen día, descubres que tu cara se va convirtiendo en una caricatura de si misma y, ni has conquistado nada, ni has exterminado para beneficio de la humanidad a los puñeteros tughs del tal Suyoddahnna (mírame: yo también soy un tigre) y, lo que es peor: es que ya ni te interesa, así que tampoco es que lo eches de menos.


Eso sí, uno tiene su consuelo, aunque sea un poco ruin: lo de "colocarse" (o sea, tener un curro fijo y bien pagado, para toda la vida) ya sabemos que pertenece a un pasado que no ha de volver: era un sueño para generaciones de posguerra y autarquía. En cuanto a lo de "ser alguien"... bueno, resulta que lo que hacía la gente que "era alguien", o sea, lo lógico: llenarse los bolsillos, hacer favores a los colegas, enchufar a los hijos de los colegas (y hasta a las hijas, si era para secretarias), tener coche oficial (en el avión ni se pensaba entonces) para usos particulares... (mi abuelo tenía un Seat 800 oficial, con chofer, también usado como micro-taxi) o sea, todas esas prebendas a que aspira toda mentalidad feudal (o sea, normal) va y resulta que hoy día son delito. Y no sólo son delito, sino que te sacan en los periódicos y te ponen a parir y hasta te graban las charlas con los colegas.


Y, oye, uno será lo que sea, pero también le educaron para ser una persona de orden y, de eso de delinquir, nada; hasta ahí podíamos llegar.