Mostrando entradas con la etiqueta Contrainsurgencia preventiva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Contrainsurgencia preventiva. Mostrar todas las entradas

17/7/13

Matar y destruir.

goku_braveheart

 

Hace muchos años, Indro Montanelli, que por aquel entonces aún era famoso maestro de periodistas, cifró en pocas palabras lo más que los italianos esperaban de sus políticos: “que no roben y que nos dejen en paz”. ¿Quién no se conformaría con eso? Por desgracia, es imposible: ¿de qué iban a vivir, de qué iban a alimentar su ego?

Además, los italianos son unos aficionados, como lo demuestra que teniendo –como tienen- políticos, grandes empresarios y líderes sindicales, aún dejen espacio para que sobrevivan la Mafia, la Camorra o la N’Dranghetta, arcaicas entidades que en España no durarían dos telediarios porque nuestros jefes no tienen la menor necesidad de repartir con parásitos folklóricos.

Los políticos tienen que robar. Se meten a políticos para ser poderosos, y los poderosos tienen que robar. ¿Para qué querría uno ser poderoso si no pudiera robar? La peregrina idea de que un político debería no robar sólo se le puede ocurrir a un buen burgués como Montanelli. El poder es mío y, con él, hago lo que quiero, que para eso es poder. Ya no necesito sicarios que vayan a torturar a los campesinos para que confiesen dónde han escondido la cosecha y el cerdo. Sencillamente, no tienen la menor posibilidad de ocultarlos. No hay posibilidad de que los campesinos se subleven, ni Irmandiños, ni Payeses de Remensa, ni Segadors, ni Comuneros: no corro peligro de acabar con las barbas atadas al rabo de una mula entre escupitajos del vulgo. No hay posible Robin Hood ni Curro Jiménez. Hoy, si a alguien se le ocurriera robar al rico para dárselo al pobre, el pobre rechazaría el botín y lo denunciaría. No porque no lo necesite, si no porque no ha tenido huevos de robarlo él mismo y no lo va a reconocer. Porque, si tuviera huevos, también robaría. Por eso se pone de parte del rico contra los demás pobres, por no reconocer que no tiene huevos. No tengo miedo, se la chupo porque quiero. The Economist llama a esto “sorprendente tolerancia de los españoles hacia la corrupción.”

Y es que rebelarse implica, antes que nada, reconocer que te pisotean, te escupen y te mean la oreja. Y eso no: yo soy clase media, no un currito de mierda. No se la chupo a los que mandan porque esté acojonado, sino porque exigir que cumplan lo que prometen es de ingenuos; exigir que no roben es demagogia y exigir que me paguen las horas extras es de jornaleros. Una educación de mierda y unos padres castrados han acabado en una generación con los preceptos más sagrados: responder a los golpes, no chivarte, que tus padres no se enteren; saber quién es tu enemigo y cuáles son las reglas.

Esa caterva de votantes, mamis y papis ablandadores de niños superdotados e hiperactivos , esos que regalan móviles a sus hijos para tenerlos geolocalizados y que los instan a chivarse y poner la otra mejilla para no ponerse al nivel de los malos, son los que mantienen al poder. Son los sicarios.

Sus hijos, sin Dios y sin un fusil, están perdidos. Sólo espero que, cuando esos fanáticos que incuban del Call of Duty, del Counter Strike y demás campos de entrenamiento virtuales pasen a la acción, no tengan piedad.

 

P.S.- Por esto no escribía, porque no tengo nada que decir. No voy a titular el postio “Bárcenas tira de la manta”, “Rajoy manipula la rueda de prensa”, “Rubalcaba plantea una moción de censura”, “En los ERES de Andalucía estaba pringado hasta el apuntador”, etc., etc. Pues, oiga, no. Felices vacaciones.



25/4/13

25-S o 25-A, o lo que sea: causas remotas de la crisis.

hipotecaforges

 

Esta tarde hay convocado un evento alrededor de las trincheras del Congreso con la clara intención de que haya hostias. Yo ya di mi opinión en septiembre y la única diferencia es que ahora hay más gente que dice lo que yo decía entonces, permitid que me vanaglorie. Así que hablaré de las causas remotas o primeras causas de la situación que ha llevado al ministerio del Interior a organizar una nueva trifulca.

Según los liberales ortodoxos, la crisis que nos azota fue causada por el Banco Central Europeo, que se dedicó alevosamente a bajar los tipos de interés, lo que provocó –era indefectible- una orgía de crédito que ha acabado como ha acabado.

Como cualquier explicación de un hecho complejo mediante una única causa es, necesariamente, parcial, por no decir interesada – cuando no estúpida- yo me apunto al carro del arbitrismo y sugiero más causas únicas:

La falta de autoestima:

La gente está tan descontenta consigo misma, que necesita permanentemente hacer ostentación de signos externos de ser estupenda para que los demás le tengan envidia. Por ejemplo: torrefactarse con rayos UVA (sobre todo si son del PP), depilarse todo el cuerpo de barbilla para abajo, llevar costosos ropajes de marca, degustar carísimos gin tonics con extraños ingredientes escanciados con rituales mágicos, conducir coches caros o… hipotecarse.

Entregar de por vida una parte sustancial de tus ingresos a un banco, con las consiguientes privaciones,ha sido (y –ojo- sigue siendo) muestra de status: es algo que te diferencia de esos pordioseros inmaduros que viven de alquiler.

Obviamente, si los hispanos e hispanas tuvieran más interés en disfrutar de la vida que en angustiarse por la imagen que proyectan hacia sus semejantes, se lo pensarían dos veces antes de hacer el canelo pagando, durante toda su vida útil, diez veces el valor real de una casa.

Remontándonos más allá en la búsqueda de las primeras causas, llegamos, lógicamente, a la razón de que se haga tanta tontería que, obviamente (somos arbitristas, no lo olvidemos) no es otra que el sistema educativo.

El colegio:

Se supone que sirve para suplir la incapacidad de los padres para educar a sus hijos, bien porque su nivel de Matemáticas o Historia no alcanza, bien porque son demasiado estúpidos y es conveniente facilitar a los niños unas concepciones del mundo más acordes con la realidad.

¿Cumple el colegio tales funciones? A las pruebas me remito. Si el colegio cumpliera la función para la que, al menos en teoría, es sostenido con fondos públicos, los jóvenes humanos terminarían la ESO dominando algunas habilidades básicas como:

  • No firmar nada sin leerlo antes.
  • Si no entiendes lo que has leído, preguntarle a alguien que sí lo entienda para que te lo explique.
  • Si, una vez que te los han explicado y lo has entendido, te parece que, la verdad, es una burrada que no debes firmar, no firmar.

Pero, claro:

  • Firmas sin leer, porque leer lo que firmas significaría reconocer que no estás al cabo de la calle de todo el tema: ¡Reconocer que no sabes algo! ¡Horror!, se van a reír de mí los otros niños. Eso jamás. Firmo.
  • No preguntas. Lo mismo de antes, pero aún peor, porque, encima, si alguien es capaz de llegar a esta 2ª fase, no le va a pregunta a un abogado, qué va, qué va… Los abogados no son de fiar (los banqueros, sí, por alguna extraña razón) y, además, son carísimos. Quita, quita, no me voy a dejar cincuenta eurazos para que me den disgustos. Le pregunto al vecino, que ya tiene una hipoteca y, a ver, qué me va a decir, ¿que no haga el gilipollas como él?
  • Suponiendo que alguien le haya echado huevos suficientes como para llegar hasta la 3ª fase, haya leído, haya preguntado y se haya acojonado, ¿va a dejar por eso de firmar? ¡NO!, no hombre, no… no va a reconocer que es un acojonado. Aparte, que la negativa a firmar no sólo le reportaría la humillante mofa de todos sus amigos y conocidos ya esclavizados de por vida por su banco, sino, con toda probabilidad, el divorcio. O sea: que, de todas formas, firma.

Con lo que, aunque el colegio te haya enseñado un método de pensar, no ha conseguido mejorar tu autoestima: no te consideras juez de tus propios actos y dueño de decidir lo que quieres hacer con tu vida.

Y la cagarás.

Conclusión: puestos a buscar únicas causas, todas parecen plausibles; pero, en realidad, todas concurren a la causación del daño.

Si lo de la autoestima os parece estúpido, igual de estúpido es, por sí solo, lo de los tipos de interés: Si el hecho de que los tipos de interés anden por los suelos implica –indefectiblemente-  que se va a montar una burbuja inmobiliaria, por la misma regla de tres, ahora que llega el buen tiempo y decenas de miles de muchachas de dieciséis años salen a nuestras calles caracterizadas de putas, entonces debería –indefectiblemente- montarse una orgía de violaciones.

Oiga, no es lo mismo: si violas a una chica y te pillan, te meten en la cárcel.

A, pues sí: no es lo mismo.

 

Dibujito de cabecera: Viñeta del gran Forges en El País.



29/11/12

Lo que han demostrado las elecciones en Cataluña

El Tambor del Bruch

 Es que no hay nada como la épica para distraer la atención de lo esencial, oiga.

 Ya sabemos que el súbito ardor independentista del Señor Mas sirvió para que los medios dedicaran a las delicias/horrores de una  eventual independencia de Cataluña el espacio que quitaban a la catástrofe económica y social producida por nuestra casta política. Así han tenido a la gente distraída discutiendo en los bares con sus iguales en vez de pedir cabezas: “Si Mas gana, va a acabar con el cáncer en Catalunya” - “No sé qué hace el gobierno que no saca los tanques a la calle”. A la vista del resultado electoral, me llama mucho la atención que a nadie parezca sorprenderle que Mas haya liado la que ha liado para nada. Bueno, para nada, no: para perder 12 diputados así, sin ton ni son.

Porque, vamos, aunque llegué a pensarlo, he desechado la idea de que Rajoy le mandara a Mas unos albanokosovares diciéndole “¡Venga Artur, monta un pollo o te parto las piernas!”. No, he llegado a la conclusión de que se creyó que iba a arrasar. Pero, hombre de Dios, ¿no vio en la Diada la cantidad de senyeras que tenían una estrellita? En fin…

Esa actuación me parece prueba evidente de que esos señores que se supone que nos gobiernan viven absolutamente al margen de la realidad. Como buenos sátrapas, no tienen la más mínima idea de lo que le pasa a la gente normal, ni les interesa. Su percepción de las cosas está fabricada por una cohorte de asesores y empresas demoscópicas cuya única función es manipular al populacho a la opinión pública, para mantener sus sinecuras y, una vez que han convencido al sátrapa de que es el más listo y el más guapo… ¡hombre!, no van a desilusionarlo contándole que lo que realmente piensa la gente es que es un gilipollas o un delincuente. Igual los despide y pone en su puesto a otros que le laman el culo con más ahínco. En fin, ese es el tipo de gente que nos manda, Y nos gusta, porque los votamos.

A mí, lo anterior me parece evidente per se, pero no debe de ser así para todo el mundo; por lo menos, no para los augures, arúspices y demás creadores de opinión. Porque he leído innúmeras columnas y artículos que hablan de relaciones de fuerzas y errores de cálculo, pero ninguna que describa los hechos con el término que a cualquier persona no alienada le viene inmediatamente a la cabeza: Estupidez. Pura y simple estupidez.

Constatar definitivamente que nuestros amados líderes, no sólo parecen estúpidos, sino que, por lo visto, lo son y que, encima, no se cortan de exhibir su estupidez en público (lo que significa que no son conscientes de ella), me permite albergar cierta esperanza y es que igual cunde el ejemplo y esto sólo es el inicio de una epidemia de suicidios políticos.

Tenue esperanza, en verdad, porque sé que la memoria de pez (ictiomemoria) del pueblo soberano les seguirá permitiendo perpetrar estupideces cada vez más novedosas con los votos de la ciudadani@.

_______________

P.D. Mis mejores deseos desde aquí al Partido Pirata, que ha hecho lo que ha podido en este primer intento.



12/11/12

La independencia de Cataluña, la huelga general del 14-N y el fútbol.

Brigadistas recogiendo rancho en prisión ante guardias civiles

La guerra civil estalló porque los grupitos que en los años treinta detentaban el poder en Hispania no querían compartirlo con los que habían ido surgiendo desde fines del siglo anterior. La república perdió la guerra civil porque nunca existió como tal. Frente al bando nacional, rápidamente sometido a un mando único bajo férrea disciplina, la república nunca dejó de ser un amasijo de obediencias partidistas y lealtades dudosas sin un objetivo común, ni siquiera ganar la guerra.

Si los líderes republicanos hubieran servido al interés nacional en vez de servir al interés particular de su facción, el alzamiento ni siquiera se habría producido porque los generales que lo dirigieron habrían sido fusilados antes del 18 de julio: todo el mundo sabía quiénes eran y lo que estaban tramando, pero nadie hizo nada por pararlos.

Como sabemos, no se los fusiló, y pasó lo que pasó. Pasó que en el bando republicano cada uno siguió con su política de camarillas intentando mandar en lugar de los que mandaban antes o, por lo menos, mandar más que los demás de su bando, mientras la gente moría en el campo de batalla y en la retaguardia, hasta el desastre final. En un momento dado, la república se dividió en tres estados: Gobierno central, Cataluña y Euskadi (cuatro, si contamos la parte de Aragón controlada por los anarquistas), que se ponían zancadillas entre sí. Para cuando se recuperó algo de control, el PNV ya había rendido Euskadi antes de huir dejando en bragas a Santander y Asturias y entregando a Franco miles de prisioneros para fusilar. Los comunistas intentaban controlarlo todo, mientras los socialistas y anarquistas naufragaban en peleas internas y los trotskistas eran exterminados. Durante la batalla del Ebro, el ejército más eficaz que había conseguido formar la república, fue aniquilado en una batalla de desgaste mientras los generales que mandaban las fuerzas de Levante (en cuyo beneficio se había montado al operación) y Extremadura desobedecían las órdenes y súplicas de Rojo para avanzar en sus frentes tal como habían planeado. Por su parte, mientras las mejores tropas de la república española morían defendiendo Cataluña, Azaña y Besteiro trapicheaban con el enemigo en Londres, a espaldas del Gobierno, para rendirse. En fin, eso: un desastre.

Aconsejados por el Departamento de Estado y el partido social demócrata alemán -gente seria y mayor- los herederos de los años 30 aprendieron la lección y, así, la transición unió a los sucesores del franquismo y de la república en una sola casta política capaz de atender adecuadamente las necesidades de los poderosos del mundo. Metafóricamente, considero la constitución de 1978 como el Decreto de Unificación de los grupúsculos de ambos bandos para, por fin, volver a un sistema racional de partidos turnantes (de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas) libre de las veleidades revolucionarias surgidas en el siglo XIX, para mejor servir a los que importan, que son, como siempre han sido, los amos de la pasta, dentro y fuera de Hispania.

Desde entonces se han dedicado a entretenernos, haciendo cada facción lo que le tocaba sin que la gente se levantase más de la cuenta: reconversión industrial, decreto Boyer (que, junto con la falta de actualización de rentas desde el 73, es el origen remoto de la burbuja inmobiliaria), contratos basura, malbaratamiento de las empresas y la banca pública, supresión del derecho de los ciudadanos a aprender a manejar un CETME… en un encadenamiento que nos lleva a la situación actual, cuya finalidad parece ser acojonarnos lo suficiente como para que no nos sublevemos cuando entreguen a empresas privadas la Sanidad y la Seguridad Social, que son los últimos grandes negocios en manos del “Estado”.

Para ello, por cierto, también se admitió a los sindicatos en el reparto del pastel: son muy útiles para desmovilizar a la gente, como han venido haciendo desde que se inició el actual desastre. Desmovilizar el día a día y, de vez en cuando, cuando la tensión parece desbordarse, convocar un paro testimonial, para que la gente se desfogue un poco, tenga la impresión de estar haciendo algo, y no los mande definitivamente a tomar por culo.

¿Cómo puede estar pasando todo esto sin que estalle una insurrección? Pues porque los ciudadanos somos gilipollas y nos dejamos distraer con cualquier cosa. Nos distraemos como se distraen los niños pequeños o los chimpancés. Y así, aparte de llenar cada quince días el Bernabeu o el Camp Nou en vez de llenar la calle pidiendo cabezas, por los mismos motivos zoológicos que llenamos estadios, nos dejamos enfrentar por banderitas. Aunque los que enarbolan las banderitas son los mismos que nos están jodiendo hasta límites que jamás habríamos sospechado: la llamada de la tribu activa los reflejos más atávicos. Ante eso, nada puede la razón.

Los jefes aprendieron que están todos en el mismo barco, que los del antiguo régimen tenían que hacer un poco de sitio a los nuevos y que tienen que llevarse todos bien si quieren seguir viviendo a nuestra costa.

Nosotros, es evidente que no hemos aprendido nada. Así nos va.

___________

P.S.- Me han dicho que doy por supuesto que la gente sabe ciertas cosas, así que, con miedo de ofender a mis lectores, aclaro:

a) Partidos turnantes: sistema político establecido en el llamado régimen de la Restauración, instaurado tras el golpe de Estado militar que derrocó a la primera república (que tampoco se merecía otra cosa, dicho sea de paso) y devolvió a los Borbones a Hispania. Consistía en alternar el Gobierno entre conservadores (Cánovas) y liberales (Sagasta) mediante elecciones fraudulentas, para conseguir un resultado análogo al de PP y PSOE. Bien descrito por Galdós y Valle Inclán.

b) Decreto de Unificación de 1937. Invento de Serrano Súñer, el cuñado de Franco, para crear un partido único en el bando nacional unificando la Falange y el Requeté en algo denominado: “Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”, que pretendía ser algo como el partido nazi alemán o el partido fascista italiano, Aparentemente, resultó algo mucho más cutre, pero el caso es que sobrevivió muchísimo más tiempo que sus modelos. Hasta ahora. Es que los españoles somos la leche, oiga.



23/10/12

La Educación como arma. Nada nuevo bajo el sol.

20100707104356_highschool-of-the-dead-1-anime

Cosas que deberían enseñar en el cole y dejarse de mamonadas. ¿Cómo van a sobrevivir los estudiantes actuales a un ataque zombi?

Hay muchas formas de privar a los humanos de su derecho a la educación y aumentar el número de alumnos por profesor no es la más grave, aunque aumente el paro. Yo estudié con cuarenta y tantos compañeros y me consta que recibí mejor educación que la mayoría de los educandos actuales. Mucho más daño han hecho las sucesivas leyes educativas desde los 90, con su secuela de eliminación del conocimiento como algo secundario y la cantonalización en diversas concepciones de la realidad, cuanto más limitadas mejor, a beneficio de los gobernantes de turno. Y la tendencia actual a limitar el acceso a la enseñanza por motivos económicos, tanto en la Universidad como en primaria, dedicando a las empresas privadas el dinero que se le quita a la enseñanza pública. En mi modesta opinión, los que tuvieron la idea de cobrar por llevarse la tartera al cole deberían haber sido linchados hace tiempo por una multitud enfurecida. En fin, como ya hemos dicho otras veces, cometieron el error de enseñar a leer y escribir a los esclavos, y lo están remediando. Limitar el acceso a la educación es un arma fundamental de contrainsurgencia preventiva. Siempre lo ha sido. Para ilustrarlo, ¿qué mejor que los clásicos?

“¿Cómo es que 200.000 personas son capaces de explotar a 70 millones con impunidad? ¿Tienen esos 200.000 más vigor físico o más inteligencia natural que los otros 70 millones? Es suficiente plantear esta cuestión para obtener una respuesta negativa. El vigor físico está, por supuesto, fuera de duda, y en lo que respecta a la inteligencia natural, si tomamos al azar 200.000 personas del estrato más bajo y comparamos su capacidad mental con la de los 200.000 explotadores nos convenceremos de que los primeros poseen mayor inteligencia natural que los últimos. Pero éstos tienen una enorme ventaja sobre las masas del pueblo: la ventaja de la educación.

Sí, la educación es una fuerza, y por muy mala, superficial y pervertida que pueda ser la educación de las clases altas, no hay duda de que contribuye poderosamente, junto con otras causas, a la retención del poder en manos de una minoría privilegiada. Y aquí surge la pregunta: ¿por qué está educada la minoría, mientras la inmensa mayoría permanece sin educar? ¿Es porque la minoría está más capacitada en este sentido que la mayoría? De nuevo es suficiente hacer esta pregunta para obtener una respuesta negativa. Hay mucha más capacidad de este tipo entre las masas del pueblo que en la minoría. Lo cual significa que la minoría disfruta del privilegio de la educación por razones completamente diferentes.

¿Cuáles son esas razones? Por supuesto, son conocidas por todo el mundo: la minoría ha permanecido largo tiempo en una posición en la que le era accesible la educación, y todavía permanece en dicha posición, mientras las masas del pueblo no pueden obtener ninguna educación; es decir, la minoría está en la situación ventajosa del explotador, mientras el pueblo es la víctima de su explotación. …

Poco a poco, la mayoría de los explotadores por nacimiento o posición social heredada comienza a creer seriamente en sus derechos innatos e históricos. Y no sólo ellos. Las masas explotadas, sometidas a la influencia del mismo hábito tradicional …, comienzan también a creer en los derechos de sus explotadores ; y continúan creyendo en esos derechos hasta que la medida de sus sufrimientos colma el vaso, despertando en ellos una conciencia diferente.

Esta nueva conciencia despierta y se desarrolla en las masas del pueblo muy lentamente. Pueden pasar siglos hasta que comience a agitarse; pero una vez que se pone en movimiento, no hay fuerza capaz de corregir su curso. Por eso, la mayor tarea del arte de gobernar es impedir ese despertar de la conciencia racional del pueblo, o por lo menos retrasarlo al máximo.

El retraso en el desarrollo de la conciencia racional en el pueblo se debe a dos causas: en primer lugar, el pueblo está abrumado por el duro trabajo, y más aún por los apuros de la vida cotidiana; segundo, su posición política y económica le condena a la ignorancia.

Saber es poder, y la ignorancia es la causa de la impotencia social. La situación no sería tan mala si todos se hundieran en el mismo nivel de ignorancia. Si así fuera, los dotados por la naturaleza con mayor inteligencia serían los más fuertes. Pero ante la progresiva educación de las clases dominantes, el vigor natural de las mentes del pueblo pierde su significado. ¿Qué es la educación sino el capital mental, la suma del trabajo mental de todas las generaciones pasadas? ¿Cómo puede una mente ignorante, por vigorosa que pueda ser su naturaleza, triunfar en una batalla contra el poder mental colectivo producido por siglos de desarrollo? Por eso, a menudo vemos a hombres inteligentes del pueblo asustados ante cretinos instruidos. Esos idiotas no abruman a los demás por su inteligencia natural, sino por su conocimiento adquirido.

Sin embargo, esta situación sólo se produce cuando un campesino astuto se encuentra con un necio instruido en algún nivel de cosas que desborda su perspectiva intelectual. En su propio medio de asuntos familiares, una persona media educada no puede rivalizar con el campesino. El problema está en que, debido a la ignorancia del pueblo común, el alcance de sus pensamientos tiene límites estrechos. Son raros los campesinos con una perspectiva mental que se extienda más allá de sus aldeas, mientras el más mediocre de los hombres instruidos aprende a abarcar con su mente superficial los intereses y la vida de todos los países. Fundamentalmente es la ignorancia lo que impide al pueblo tomar conciencia de sus intereses comunes y de su inmenso poder numérico. La ignorancia le impide alcanzar un mutuo entendimiento y construir una organización de rebeldía contra el robo organizado y la opresión, contra el Estado. En consecuencia, todo Estado sensato usará cualquier clase de medios para preservar esta situación de ignorancia popular en la que se apoyan el poder y la existencia misma del Estado.

Mijail Bakunin: Tácticas y Métodos de Actuación.

23/9/12

Por qué no voy a ir el 25-S a rodear el congreso.

ocupa-o-rodea-el-congreso

Pasado mañana, martes 25 de septiembre, hay convocada una acción en el congreso de los diputados en Madrid. La convocatoria, en principio titulada “ocupa el congreso” y luego descafeinada a “rodea el congreso” partió de una plataforma (traducción: un grupo de colegas) denominada “En pie” supuestamente compuesta por gente cercana al 15-M y sus grupos antecedentes (DRY, etc.). Con esto de las redes sociales y el ambiente de cabreo general entre la población civil, la cosa se expandió a velocidad de vértigo.

Antes, cuando se convocaba algo, uno sabía a qué atenerse: los partidos de extrema izquierda o derecha tenían nombre y sabías quién estaba detrás de las siglas, aunque fueran siglas tan arcanas para los hoy menores de 50 años como P.O.R.E., P.O.S.I. o A.R.D.E. Abajo del cartel ponía: “Convocan:” y ahí las siglas de esos partidos que al fin y al cabo eran un grupo de colegas y, luego “apoyan:” y ahí iba una retahíla de asociaciones vecinales, culturales, de solidaridad con las causas más enrevesadas que, por lo general, estaban formadas por los mismos de las siglas anteriores. El caso era aparentar que había una multitud detrás. Pero, por lo menos, sabías quienes eran. Incluso con nombre y apellidos.

Ahora la situación es muy distinta. Yo no tengo ni idea de quién ha convocado esto. Y, por más que ha habido noticias sobre asambleas y discusiones en y con las asambleas locales del 15-M que, supuestamente le han quitado el control a los convocantes originales que han tenido que compartirlo con más gente –poca- que yo tampoco sé quién es, sigo sin tener ni la más remota idea de quién convoca el acto del martes que viene, 25 de septiembre. No es lo mismo crear un hashtag en twitter, o largar en un blog (éste, sin ir más lejos) con pseudónimo, que pretender ir de vanguardia del proletariado para derribar nuestro sistema político desde el anonimato, como si se tratara de los rosacruces o los carbonarios. Se juntan cuatro colegas, dicen que son la inmensa mayoría y listo. Hala, ¡a retwittear!

Aquí, enlace a la presentación de la plataforma “En pie”. Son personas humanas.

Aquí, enlace a una explicación bastante detallada del proceso.

Porque el caso es que esta convocatoria pretende rodear el Congreso hasta que dimita el Gobierno en pleno, se disuelvan las Cortes y la Jefatura del Estado, se derogue la Constitución ilegítima de 1978 y se inicie un proceso constituyente que nos conducirá a un mundo idílico en el que todos seremos felices en la República y Yupi caminará sobre la tierra haciendo el bien.

Es decir, que la convocatoria original era para una sedición en toda regla. Luego se ha ido descafeinando, pero el mensaje permanece. Y, ante esto, quiero decir dos cosas:

Primera cosa: En mi opinión, esta convocatoria tiene una finalidad abiertamente imposible (y ni siquiera deseable) que sólo puede deberse a mentes calenturientas absolutamente aisladas de la realidad o a mentes más cabronas que lo que pretenden es que los antidisturbios den mucha caña y haya sangre en la tele y, en todo caso, que haya detenidos a los que se les pidan penas de cárcel. O sea, que se pretende generar la mayor crispación social posible con la clara finalidad de deslegitimar más aún a los políticos y, lo que es el meollo de la cuestión, al sistema democrático como tal.

Claro que el gobierno ayuda mucho a conseguir esto. Están tan nerviosos que hasta han intentado modificar el Código Penal para que convocar manifestaciones por internet fuera delito, o se dedican a detener ilegalmente a cualquiera que pueda ser relacionado con el 25-S, acusándolo de delitos surrealistas. Parece que Fraga siguiera entre nosotros y que Rajoy ensaye delante del espejo lo de “La calle es mía”. Por eso han previsto mil y pico policías para recibir al 25-S como se merece.

Como los que mandan nos están puteando tanto, y el cabreo es tan general, probablemente irá mucha gente. Lo malo de un cabreo tan general, es que cada vez hay más gente dispuesta a asumir un mensaje muy simple: todo lo que hay es ilegítimo y hay que liquidarlo. Llegados a este punto, la línea que separa a un ácrata bienintencionado de un fascista es muy, pero que muy delgada, y uno no se da cuenta de que la ha traspasado hasta mucho después de haberlo hecho. Tenemos la suerte de que en Hispania aún no ha aparecido un líder carismático que unifique todos esos cabreos en un partido fascista. De momento.

Esta convocatoria va contra el sistema democrático y no contra unos políticos que no nos representan. Por eso se ataca el Congreso en lugar de, pongo por caso, las sedes del PP y del PSOE (en Cataluña y Euskadi, podían incluirse las sedes de CiU y PNV). Además, tiene la ventaja de que muchísimos ciudadanos que saldrían a manifestarse exigiendo sus derechos (yo, sin ir más lejos) no se reconocen en este disparate, que va dirigido a gente con una ideología muy concreta. Divide y vencerás.

Yo ya tengo edad suficiente como para llevar más de treinta años viendo las mismas caras cada vez que se monta una de éstas. A veces, las mismas caras que hundieron Izquierda Unida de mi barrio en los 90 y que luego me encuentro susurrando maldades al oído del moderador en una de las primeras asambleas del 15-M, justo antes de que hubiera renuncias porque las actas no coincidían con lo que se había acordado en la reunión anterior. Por ejemplo.

La misma gente que capó el 15-M echando de allí a cualquiera que no estuviera dispuesto a escribir compañerxs o sólo pretendiera que la crisis la pagaran los que la habían organizado, se juzgara a los banqueros y políticos corruptos y que se estableciera un sistema electoral más justo; para lo cual no hace falta hacer aplausos mudos ni ser feminista. Gracias a esa gente, especialista en okupar oportunidades ajenas para liquidarlas, a estas alturas los medios hablan tranquilamente del 15-M, que ya no es más que un montón de terapias de grupo donde cuatro gatos fantasean con los nuevos colegas del barrio, hacen talleres de marcapáginas para los niños, pasacalles para los mayores y solucionan la subida del gasoil echando aceite de girasol al depósito, que el coche funciona mejor. Eso sí, con mucho movimiento en facebook y en twitter para que parezca que pasa algo.

 Risasguay

15-M: Así acaban las revoluciones cuando uno se dispersa

Segunda cosa (una lleva a la otra): En realidad, me importa un pito quién esté detrás de esto. Lo que me importa es que aparte de para generar mala leche, todo este montaje sólo sirve para seguir teniendo a la gente distraída de lo que realmente importa. Mientras se delira sobre procesos constituyentes, no se está a lo que hay que estar, que es, ni más ni menos, que a defender nuestras lentejas, las de todos.

Los que mandan, o sea, los gobernantes, los banqueros y grandes empresas y los medios de comunicación financiados por éstos, se dedican a asustarnos, a desmoralizarnos mientras aplican la estrategia del shock delante de nuestras narices. Nos tienen acogotados, aguantamos que nos despidan, que recorten nuestros derechos, que se privaticen los servicios públicos, porque estamos asustados. Nos dicen que es que no hay más remedio, que es que no hay dinero, ya sabemos, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y toda esa mierda. Nos dejan en la calle y, ¿qué hacemos? Exigir procesos constituyentes. ¡No me jodas!

Bueno, pues sí que hay dinero. Y no hablo ya de implantar un sistema fiscal que grave a los ricos que hoy no pagan, ni de que el gobierno deje trabajar en paz a la Inspección de Hacienda cuando encuentra fraudes multimillonarios de según quién (cosa que hasta ahora nunca ha ocurrido). No. No hablo de que los que no pagan (vbgr. la Iglesia o las SICAV) paguen . Que también.

Hablo de lo que ocurre con el dinero que ya hemos pagado y estamos pagando todos. Si la Administración deja de tirar ese dinero en subcontratas, no sólo innecesarias, sino mucho más caras que si el trabajo lo realizara la propia Administración; si se dejara de pagar un sobrecoste que a menudo es del mil por cien (y me quedo corto) por servicios innecesarios o que perfectamente podrían realizar gratis los empleados públicos que en teoría están para eso (vbgr. proyectos de obras, licencias de Microsoft); si alguien controlara (¿la Intervención General del Estado, por ejemplo?) que en las adjudicaciones de obras públicas, no sólo se cumplen los formalismos burocráticos, sino que los precios que se pagan (con nuestros impuestos) son los normales de mercado; si se hiciera eso, se ahorrarían millones y millones y millones de euros. Si se eliminaran los cientos de supuestas empresas públicas y oenegés ridículas cuya única función es justificar facturas por servicios con sobrecostes demenciales o, sencillamente, inexistentes; si liquidáramos observatorios, Agencias y demás, si los millones en subvenciones para crear empleo se dedicaran a eso y no se las quedaran… en definitiva, si elimináramos el saqueo del dinero público con el que se financian los partidos políticos y la corrupción de cargos públicos, con la que muchos se llenan el bolsillo, habría mucho –pero mucho- dinero que no habría que recortar de donde no se debe. Dejémonos de procesos constituyentes y denunciemos esto. Y, cuando digo denunciar, me refiero a acopiar datos y llevárselos a la Fiscalía o al Juzgado de guardia.

Pero, en lugar de estar exigiendo eso, que evitaría el marrón que nos estamos comiendo, parece que mola más reclamar procesos constituyentes. Por mí, perfecto. Seguid así. Mientras os dejen.

P.D. Por si alguien con vocación de antropólogo cultural es capaz de tragarse este  vídeo hasta el final, contiene un ejemplo tan largo, tedioso y descorazonador como el striptease de una lagarterana de la retórica 25-S. La voz de contestador automático le añade viveza e interés.

17/5/12

Bananas: Llevar los calzoncillos por fuera.

 

MPW-6916

 La higiene es revolucionaria

En Bananas, aquella peli de cuando Woody Allen hacía películas serias (sin Penélope Cruz y con Sylvester Stallone de figurante) triunfa La Revolución y su primera medida es obligar a todos los ciudadanos a cambiarse a diario de ropa interior. Para poder comprobarlo, todo dios deberá llevar los calzoncillos por fuera de los pantalones.

Ya conocerán la noticia de la normativa sobre basura en algunos ayuntamientos.Ya saben: en cada casa hay que separar cinco clases de basura y colocarla en según qué días en cubos distintos colgados de la fachada. A mí no me interesaría más allá de lo anecdótico (por suerte -de momento- en una gran ciudad es imposible, salvo que pusieran a los bomberos a recoger cubos de desperdicios a la altura del piso 14. Vale: no es descartable) Lo bueno es que la basura está personalizada “con un código numérico” para saber quién la ha producido y poder multarlo por los inspectores cotilleadores de basura (I.C.B.) ¿Se imaginan los partes al Ayuntamiento: “Fulanita ha tirado en el cubo de polímeros una bolsa con cartas de su ex. Las cartas muy reveladoras, por cierto: resulta que Menganito, el de La Panadera…” O bien: “Vaya, vaya, En el cubo de residuos orgánicos de Perenganito, había siete condones. El látex, ¿es orgánico?, jeje”. En realidad, la noticia no es tal. El sistema, por sorprendente que parezca, lleva años en vigor en algunos pueblos. Ahora lo han sacado para poder llamar nazis a los de Bildu, que lo han heredado en algunos ayuntamientos de Guipúzcoa.

Lo interesante es cómo determinados delirios de algunos pueden llegar a afectar a los demás en su vida cotidiana. No todo el mundo puede dirigir un banco, o el Fondo Monetario Internacional, pero… no es tan difícil llegar a concejal de tu pueblo y, como hay personas unidireccionales que atraviesan la vida con unas anteojeras puestas y no ven más que lo que tienen enfrente, o sea, lo que están mirando; o sea, lo que quieren ver; o sea, lo que les interesa; como ese tipo de personas limitaditas son las que necesitan llegar a algo en la vida para demostrar su valía a sus vecinos y suelen ser los peores, nos vemos en éstas.

Vale: todos tenemos el impulso biológico de defender nuestra tribu, también de formar parte de un grupo (lo que el Prof.. von Drake llama: “tener El Gen”) Pero, por su función biológica, ese grupo estaba determinado por los lazos familiares más o menos extensos, por la cercanía y por la utilidad para la supervivencia. Esa cercanía familiar se ha ido disolviendo –en los países civilizados- de forma que el individuo está cada vez más sólo frente a un mundo ancho y terrible. Ante esa soledad, las sociedades actuales ofrecen una amplia gama de grupos sustitutivos que permiten dar salida al citado impulso de forma convenientemente inútil: seguir a un equipo de fútbol, simpatizar con un partido político, gustar de cierta clase de música, vestirse de según qué forma, hacerse vegano, antiterrorista, feminista, hipotequista, racista o ecologista (ecópata).

Esa adscripción a una tribu artificial, que suele surgir en la primera juventud, cuando se manifiesta el impulso vital de hacer algo, se mantiene en muchos casos hasta la edad adulta y, ahí, aparece el problema: cuando la persona en cuestión focaliza toda su atención en un solo aspecto de la realidad y dirige todas sus energías hacia un fin parcial. Por ejemplo, la igualdad  lexicográfica de género (@x), la defensa del medio ambiente o ganar más dinero que su vecino.

Si el tipo unidireccional se queda pillado con su tema pasados –digamos- los veinte años y sigue interpretando la realidad a través del prisma de su manía particular, ignorando el resto de la susodicha realidad, la cosa se pone fea, porque esta tara (síntoma evidente de inmadurez biológica) le conduce a extremar sus posiciones hasta niveles irracionales. Como lo habitual es que se relacione sólo con quienes tienen sus mismas creencias, no puede contrastarlas (sus creencias) con lo que realmente es el mundo, y su fijación particular se retroalimenta indefinidamente. Salvo que esa persona cambie radicalmente de ambiente y de relaciones. Cualquiera que haya tratado con yonkis, o con gente captada por una secta, sabe esto.

Esa retroalimentación, generada por la falta de contradicción con nuestras estúpidas fijaciones, o sea, por la falta de trato con otros que vean el mundo de manera distinta, lleva a creer que uno está en posesión de la verdad y a la correlativa certeza de que los otros están equivocados. Vamos, que uno se vuelve apodíctico, con todo lo que eso significa.

Mientras esta clase de gente no tenga poder, el problema es suyo; porque, claro, vivir en un mundo equivocado y perverso los hace sufrir. Lo peor que puede pasar es que sean unos coñazos en su trato con los demás e insoportables cuando estamos en el bar intentando hablar de algo.

Pero, cuando esa gente llega a tener poder, por pequeño que sea: madre, policía, profesor, juez, médico, gurú económico, concejala, ministra o presidenta del gobierno, pasan, de ser molestos, a ser peligrosos. Porque, como están en posesión de la verdad absoluta, no vacilan en imponérnosla a los demás. No tratarán de convencer, sino que adoctrinarán y sancionarán (o sea, toda la gama entre multar y fusilar) Por nuestro bien.

Así, te obligan a morir de forma lenta y dolorosa lleno de tubos en un hospital porque su convicción de lo que es una buena muerte significa eso (para todos); te condenan a diez años de cárcel, porque ellos tienen la íntima convicción moral de que eres un terrorista (aunque ser algo no exista en el Derecho Penal civilizado); eliminan la base legal de la autoridad de los padres respecto de los hijos porque ellos adoran a Yupi; imponen el sistema de consenso en las asambleas no vaya a ser que la gente vote y pueda hacer algo, o te hacen convertirte en clasificador de basura y convertir tu vecindario en una exposición de desperdicios pestilentes con nombre y apellidos porque hay que salvar al planeta.

Ante esto, el sentido común se queda a la defensiva ya que, como sabemos, para llegar a tocar poder, hay que carecer de sentido común. ¿Qué podemos hacer las personas normales?: Poco. Mantener viva la curiosidad ante todo lo que pasa en el ancho mundo (Muy bueno contra el Alzheimer) Reducir al mínimo nuestra necesidad de reconocimiento social (= comportarse como un gilipollas). Tratar de arreglar nuestros problemas por nosotros mismos. Hablar con cuanta más gente, mejor y, cuanto más alejados sus planteamientos de los nuestros, también mejor; tratar de encontrar en qué estamos de acuerdo y exponer lo que pensamos de forma razonable.

Si esto no nos sirve para nada –lo que es probable- y nos genera demasiada frustración, siempre nos queda como terapia robar un tanque y hacer justicia.



23/3/12

La Corrupción en el Fútbol y la Inteligencia Empática.

 

Anoche estaba yo en el Ávila viendo el fútbol –que últimamente tengo muy descuidada la cosa de integrarme- y me sobresaltó la efusión de odio en estado puro suscitada por la actuación del árbitro. O, para ser más exactos, por su no actuación. Al parecer, nada más empezar el Madrid-Villarreal, debiera haber expulsado a, por lo menos, dos tripulantes del Submarino Amarillo y no lo hizo. No lo hizo, según explicaba el personal echando espumarajos por la boca y con la vena del cuello a punto de estallar, por algo relacionado con la mafia del Barça. O sea, cosas que a mí se me escapan porque, con todo lo listo que soy, no estoy atento a lo que realmente importa. Como que me fui en el descanso ante las miradas de estupor de la concurrencia y, visto el resultado (1-1, como sabemos) no me atrevo a aparecer por el bar sin haber visionado en Youtube varias escenas de jugadores expulsados ignominiosamente por pegar patadas a Messi, a fin de poder hablar con alguien y no sentirme un inadaptado.

Todo esto me dice que no vivo rodeado de oligofrénicos, como pudiera parecer a simple vista. Una gente capaz de retener las alineaciones completas de no sé cuántos equipos desde primera hasta Segunda B, reservas incluidos, con su correspondiente historial de goles, pases de la muerte, triangulaciones, lesiones sufridas e inferidas, intervenciones quirúrgicas, y cagadas en las que no-se-sabe-cómo-pudo-fallar-eso, posee una capacidad intelectual de la que yo carezco por completo.

Pero es que, encima, están al corriente de todas las vicisitudes económicas de los distintos clubes y de los negocios de sus presidentes, así como de la circulación subterránea de maletines y toda clase de actividades delictivas entre clubes, árbitros y jugadores; actividades que, según tengo entendido, están todas directamente encaminadas a joder al Madrid y que –imagino- no ponen inmediatamente en conocimiento de la Fiscalía porque la Fiscalía también está involucrada en todo este trasiego y, lo que es peor, en el fondo, es del Barça.

Así pues, no me queda más remedio que llegar a la conclusión de que, si personas dotadas de tal capacidad de memoria, inferencia, deducción y agilidad combinatoria para relacionar datos y componer el panorama organizado de una situación compleja y sujeta a múltiples variables en perpetua evolución; personas capaces, además, de realizar predicciones impecablemente fundadas y establecer con toda claridad la línea que deberían seguir un montón de empresas multimillonarias; si esas personas, digo, ven cosas que yo no veo, es que son ellos los que tienen razón y yo el que no entiende nada de La Vida.

De igual modo, no me queda más remedio que admitir que, si gente que concurre a las asambleas del 15-M se abraza y espumarajea con otra que añora al Generalísimo y ambas categorías sufren y gozan juntas con socialistas acérrimos, todos hermanados por unos colores, es que ahí hay Algo Grande. Algo muy grande de lo que yo no formo parte.

Y es que yo, creo, soy un egoísta. Sólo miro por mí y no por El Grupo. No empatizo (el odio gratuito compartido es lo más empático que existe) y, además, como soy memo, no me había dado cuenta de que, si todas esas personas con superdotación intelectual que analizan el Deporte Rey hasta en sus más mínimos pormenores, dedicaran su ingente capacidad a cosas tan absurdas como calcular si van a poder seguir pagando la hipoteca cuando se jubilen, a enterarse de en qué se gastan su dinero los políticos a los que votan y luego, claro, ahorcarlos en las farolas o a, pongo por caso, quemar los registros de la propiedad, este mundo sería ingobernable.

17/2/12

Qatar: marca país y despotismo ilustrado.

persiangulfmap1

 Situación de Qatar en el Golfo Pérsico

 

Ayer asistí en la Casa Árabe, de Madrid, a la última conferencia del ciclo Las primaveras árabes en evolución, sobre El papel de Qatar en las revoluciones árabes. El conferenciante, era el profesor Mehran Kamrava, director del Center for International and Regional Studies de la School of Foreign Service, en la Qatar Georgetown University. Es especialista en Política Comparada de Oriente Medio y Relaciones Internacionales. Es autor de un número importante de obras entre las que cabe destacar los libros The Modern Middle East: A Political History since the First World War (2005, 2011), Iran’s Intellectual Revolution (2008) y The International Politics of the Persian Gulf (2011), y sus últimos artículos “The Arab Spring and the Saudi-led Counterrevolution”, en Orbis 56.1 (2012) y “Mediation and Qatari Foreign Policy”, en The Middle East Journal 65.4 (2011).

El prof. Kamrava nos ilustró de forma clara y concisa sobre su idea de qué es el Qatar actual y las razones por las que, de un tiempo a esta parte, un pequeño país del Golfo esté jugando en las grandes ligas de la política internacional. Trataré de resumir el contenido de la conferencia para los amables lectores de la barra virtual.

En primer lugar, los factores que diferencian a Qatar de sus vecinos, que serían:

1º) Su cohesión social. Si bien aproximadamente un 20% de su población es de confesión chií, frente a una mayoría de sunís, mayoritariamente de rito wahabí (igual que en Arabia Saudí), en Qatar los chiís no están discriminados. Muy al contrario, algunas de las principales familias que dominan el comercio, son chiís y apoyan al establishment gobernante. Se rumorea que el propio Ministro de Economía es chií.

2º) Los qatarís son famosos en el Golfo por su apatía política. El profesor Kamrava considera que esa apatía tiene su origen en el hecho de que la renta per cápita de Qatar es la más alta del mundo: 92.000 $ anuales que, sin purgamos al 85% de la población compuesto por inmigrantes o expatriados, dejaría la RPC de los ciudadanos qatarís en unos escandalosos 435.000 $/año. Si a esa renta le añadimos que no existen impuestos, y que los qatarís no tienen necesidad de trabajar mucho porque, prácticamente, viven de las rentas del petróleo y del gas, y los impuestos sencillamente no existen, así que, ¿por qué no van a ser políticamente apáticos?

3º) Qatar tiene un liderazgo muy dinámico, comprometido y, sobre todo, centralizado. ¿Se trata de una dictadura? Para los cánones occidentales, sí. Estamos ante un liderazgo con una gran visión de futuro, visionario, ejercido en la práctica por cinco personas. No se ha producido la introducción de un parlamento en el que se reflejan las grandes familias y que ha conducido a la paralización política, como en el vecino Kuwait.

Las cinco personas que dirigen el país son: El Emir, Hamad al Thani, la segunda esposa del emir, Sheikha Mozah (que ejerce un poder real y se encarga del perfil cultural y educativo; tanto en cuanto a la imagen internacional de Qatar como al propio sistema educativo: es la responsable de que se hayan asentado en el emirato sucursales de cinco de las universidades más prestigiosas del mundo) el príncipe heredero, Tamim bin Hamad Al Thani, que es el presidente del Comité Olímpico de Qatar; el primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores, Hamad bin Jassem bin Jabr Al Thani;  el ministro de Energía, Abdullah bin Hamad al-Attiya, que a la vez dirige el Diwan u oficina del Emir: este ministerio es el que consigue los ingresos que luego gastarán los demás.

4º) Lo que ha hecho Qatar con su dinero: al contrario que otros países de la zona, Qatar ha primado la inversión nacional, tanto en Asia como en Occidente.

 La política exterior de Qatar, aunque a un observador no avisado le pueda parecer incoherente,  tiene una lógica brillante y estratégicamente calculada cuyo principal objetivo es la supervivencia del emirato, con la que sus dirigentes están “emparanoiados”. El prof. Kamrava cree que hay tres factores fundamentales que la diferencian de sus vecinos:

1º) Qatar tiene muchísimo dinero y no le da vergüenza usarlo en público. Los miles de millones de dólares de los que disponen sus fondos soberanos son inferiores a los de otros países del Golfo, pero los emplea de forma muy agresiva en inversiones estratégicas, como su compra de puertos en Estados Unidos o los 10.000 millones de dólares que tenía invertidos en Libia antes del derrocamiento de Gadafi. [y que pueden explicar –añado yo- su actuación de liderazgo en el apoyo con diplomacia, dinero, armas y fuerzas militares a los rebeldes, apostando por el futuro en vez de cometer el habitual error de empecinarse en mantener al tirano anterior]

2º) Toda la política exterior qatarí está orientada a protegerse: trata de asegurarse de no tener enemigos. En lugar de buscar la alianza con una gran potencia regional (como el caso de Bahrein con Arabia Saudí) lo que inevitablemente conduce a verse envuelto en conflictos por tener que seguir la línea de la potencia dominante, Qatar mantiene buenas relaciones con todo el mundo y se ocupa de mantener muchas líneas de comunicación abiertas, tratando incluso de mantener relaciones íntimas con los líderes correspondientes. Así, sus relaciones con Occidente son óptimas, albergando una gran base militar norteamericana y, a la vez, mantiene abiertos todos los contactos con Irán, facilitando la actividad diplomática, o permite la apertura de una oficina de los Talibán y, así, es en Doha donde Estados Unidos negocia con ellos.

3º) La marca Qatar. La política de Qatar es darse un nombre, hacer que Qatar sea conocido en todo el mundo con una visión positiva. Para ello emplea tres herramientas:

a) Al Jazeera. Por supuesto. La cadena televisiva desempeña un papel fundamental en la proyección del emirato, aunque no suele saberse que no cubre las noticias internas del propio Qatar. En las primaveras árabes su papel ha sido clave.

b) La mediación: En los conflictos regionales, antes mediaban las potencias clásicas de la zona, básicamente los egipcios y los saudíes. Qatar lleva años haciendo grandes esfuerzos para hacerse imprescindible. Desde que, durante la crisis libanesa de 2008-2009 consiguió con el apoyo saudí que no estallara la guerra civil, se ofrece de mediador en todos los conflictos

c) Sus proyectos estrella: Proyectos que atraen las miradas de todo el mundo, como El Mundial de fútbol (el prof. Kamrava se pregunta cómo van a hacer para que se pueda jugar al fútbol en el desierto en verano), Qatar Airways, la Qatar Foundation (que “ayuda al mundo a pensar”) o el Museo de Arte Islámico de Doha, que se a convertido en referente mundial.

Respecto a la intervención de Qatar en la primavera árabe: Ha actuado de forma coordinada con Arabia Saudí. Ni Arabia Saudí ni Qatar querían cambios; pero, si va a haberlos, ¿por qué no dirigirlos? En Egipto se intentó que el cambio fuera limitado, o, si no, moderado o, si no, controlado.

La labor desarrollada en este sentido por Al Jazeera fue decisiva para llegar a los corazones y las mentes de los pueblos. Durante las revueltas, en Túnez o Egipto, la gente no veía sus propias televisiones: veían al Jazeera.

Por otra parte, que él sepa, no ha habido directrices claras del gobierno sobre la actuación de la cadena y cree que se ha debido más bien a la mentalidad de sus periodistas, en general panarabistas. No obstante, la actuación de Al Jazeera ha coincidido con la del gobierno qatarí: limitar el cambio. Por ejemplo, las revueltas de Bahrein y su represión no existieron en Al Jazeera hasta que ya resultó vergonzosa la falta de cobertura, cuando las cadenas occidentales y en especial la BBC daban mucha más información.

La cobertura de Bahrein contrasta con la de la guerra civil Libia, donde el gobierno qatarí tenía tomada su decisión: quería que Gadafi se fuera. Tenían 10.000 millones de dólares invertidos allí y un futuro post Gadafi para invertir más. Al Jazeera fue tan importante como el envío de cazabombarderos, armamento y militares qatarís.

En cuanto a la actual situación en Siria, Qatar no quiere otra Libia. Siria es un caso distinto: es el corazón del mundo árabe. Qatar querría que Assad se fuera y que hubiera un cambio moderado.

Los retos a los que se enfrenta Qatar en los próximos cinco o diez años:

1º) Ir más allá. ¿Se han involucrado demasiado en Libia? ¿Y en Siria? ¿Y si las cosas cambian en Siria y “da la vuelta la tortilla”? ¿Qatar está haciendo más de lo que puede manejar?

2º) El sistema es completamente personalista. El liderazgo del actual emir es brillante, pero un simple infarto puede cambiarlo todo por completo. Una de las premisas del auge de Qatar es que el emir consiguió poner fin a los conflictos internos de su familia y mantenerla unida. ¿Podría hacerlo su heredero?

3º) El proceso de toma de decisiones está concentrado, como hemos visto, en sólo cinco personas. Con la facilidad de ejecución de que gozan, las decisiones se toman muchas veces de forma visceral. ¿Qué va a pasar cuando todos estos universitarios que ahora estudian en sucursales de las universidades más prestigiosas del mundo empiecen a hacer preguntas?

 

El turno de preguntas fue muy interesante aunque breve por lo avanzado de la hora. Hubo alguna mención a la falta de democracia, pero yo añado un reto del que no se habló y que es común a Qatar y sus vecinos: ¿es viable un país en el que el 85% de la población es extranjera y no tiene derechos? No se habló de la situación real de los trabajadores inmigrantes más allá de los técnicos bien pagados. Más aún cuando en Qatar, como en la mayor parte de sus vecinos (si no en todos) se mantiene el sistema de clientelazgo por el que los trabajadores extranjeros están sometidos a la tutela de un ciudadano qatarí. Este sistema oscila entre una especie de vasallaje simbólico y algo muy parecido a la esclavitud.

Lógicamente, el conferenciante es profesor en una universidad qatarí y le paga su sueldo el gobierno qatarí. Manifiesta que jamás ha recibido ninguna indicación sobre la línea de sus cursos, que versan sobre las revoluciones como medio de cambio político, aún teniendo entre sus alumnos a jóvenes de la familia real. Y el embajador de Qatar estaba en la sala de conferencias.



10/1/12

Entrenando para el desastre II.

 

Treasure_Island-Scribner's-1911

La del pirata es la vida mejor

 

Cuando yo iba al colegio, sabía perfectamente que ciertos comportamientos estaban prohibidos y que infringir la prohibición implicaba castigos terribles. Eso era así. Como es lógico, todo lo que estaba prohibido molaba: si no, no lo habrían prohibido.

Ante tal situación, la mayoría nos buscábamos la vida para burlar la prohibición, mientras que otros la acataban por miedo al castigo. Esforzarse en burlar la prohibición suponía desarrollar esas capacidades de sigilo, vigilancia, planificación y búsqueda de información sobre el enemigo y el campo de batalla que tradicionalmente se consideran necesarias para la supervivencia de la especie. En realidad, muchas veces, lo prohibido no molaba tanto; lo que verdaderamente molaba era –eso- que estaba prohibido: molaba el riesgo, notar ese cosquilleo en las tripas, sentir que te atrevías.

Pero había otros que acataban la prohibición, ya digo. Éstos se escudaban en criterios morales: si la autoridad había decidido prohibir algo, es que ese algo era malo. Como reconocer que, por ejemplo, no entraban en la capilla a deshoras a ver si de verdad había un fantasma por miedo a que los castigaran, debía de ser muy duro para su autoestima (palabra que, por cierto, aún no existía), pretendían hacer creer que ellos no lo hacían, no porque fueran unos gallinas, sino porque eran buenos, no como nosotros. Como solían compensar su cobardía estudiando mucho, cuando el profesor elogiaba en público su asqueroso comportamiento, ellos en lugar de avergonzarse, se esponjaban cual gato persa mientras los demás vomitábamos mentalmente. Con el tiempo, a fuerza de comportarse así, llegaban a creerse que poseían un elevado sentido moral del que nosotros carecíamos y que les evitaba remordimientos por su nulo compañerismo, incluso cuando se despeñaban por la más baja sima de lo abyecto, que era -claro está- chivarse.

Un chivato era lo peor. Para no sentirse un mierda, se había identificado con el poder hasta creer que el profesor era su amigo, y que sus enemigos éramos nosotros. Así que se hundían en la mierda sin posibilidad de redención: no cabía el perdón para el chivato, sólo el vacío y la venganza.

Ha pasado una eternidad, miro a mi alrededor y ¿qué veo? Un mundo donde los chivatos imponen su ley. Han aprendido, por ejemplo, que no hay que quitar la vista de encima a sus hijos ni un momento, no vayan a hacer lo que hacen los niños sanos, o sea, desobedecer. Por eso, se pasan la vida en el colegio, para vergüenza de sus retoños, cabildeando con los profesores o, si los profesores son personas normales, haciéndoles la vida imposible. Por eso, no dejan a sus hijos salir solos a la calle ¡ni para ir al colegio! Como ellos eran unos cobardes, necesitan que sus hijos lo sean también (igual que antes: para no sentirse unos mierdas) y se pasan la vida asustándolos con lo peligrosos que son los coches y que el mundo es un lugar tenebroso lleno de pederastas que raptan a los niños. Por eso, hacen los deberes con ellos, y supervisan sus juegos, no les vaya a dar por pegarse o por leer algo interesante en vez de los pestiños que les mandan en el cole; les obligan a hacer cosas absurdas cuando acaban las clases – inglés, ballet, lo que sea antes que dejarlos jugar en paz- no porque los niños quieran (que lo que querrían es perder de vista a sus padres por lo menos un rato) sino porque lo quieren ellos (poder decir que su niña es más superdotada que las demás), y, aunque no lo quieran, lo harán de todas formas para no ser escarnecidos por los demás papis y mamis: “Fulanita es una mala madre: su niño no va a ballet.” De ir al colegio solos, ni hablamos, claro. Un niño de 11 años que cogiera el autobús para ir a clase sería algo tan grave como en mis tiempos no estar bautizado. Imagino que el AMPA denunciaría a sus padres para que les quitaran la custodia. Eso sí, para que los niños no protesten por tenerlos presos, los papis y mamis los sobornan, o tratan de sobornarlos, llevándoles las mochilas, comprándoles ropa cara y artilugios cibernéticos de unos precios impropios de su edad. Ya se sabe, es el viejo truco: el objetivo de la cárcel es reinsertar al delincuente, aunque, en este caso, ni siquiera: se trata de insertarlo y luego, claro, salen niños que escriben cartas a El País.

En resumen, que aquellos chivatos que tanto asco nos daban de niños, han tomado el poder y están a punto de dominar el mundo. Ante tal estado de cosas, sólo queda un valladar que salve el futuro de la humanidad: los tíos. Por suerte, casi siempre hay un tío, una oveja negra de la familia, alguien a quien los propios papis y mamis hacen propaganda al revestirlo del atractivo de lo prohibido. Tenemos una responsabilidad: cada encuentro con el tío –escasos: si se pasara la vida con la familia, no sería una oveja negra- ha de ser un refuerzo positivo del comportamiento normal.

A partir de los cinco años, ya podemos hacer grandes cosas. Para empezar, seremos los únicos que hablaremos con el niño como si fuera una persona normal y no un gilipollas; por eso, nos referiremos siempre a mami como es debido, o sea: tu vieja. A esa edad, ya podemos empezar a enseñarles palabras reales, términos que hagan perder los nervios a papi: cosas sencillas como “puta”, “cabrón”, “gilipollas” o “súbete aquí y da pedales.”

A los seis años, (es tarde, pero no siempre estamos ahí) le enseñaremos a nuestro sobrino o sobrina que, realmente, puede cruzar la calle solo, sin sufrir la humillación de ir de la mano de su vieja. Lo único que tienes que hacer, colega, es mirar a izquierda y derecha  y asegurarte bien de que no vienen  coches. El enano lo hará y comprobará que, no lo atropella un coche fantasma surgido de la nada.

A los siete (lo más tardar) le enseñaremos que, si le pega otro niño, lo que tiene que hacer es pegarle también. Da igual que ganes o no; lo que importa es que los demás se enteren de que pegarse contigo no es rentable. De hecho, habrá que enseñarles algunos trucos: cómo se cierra el puño, sitios en los que, si aprietas, duele un huevo, etc.. Pero, sobre todo, nada de chivarse, ni a tu vieja ni al profesor que, no sólo no van a arreglar tu problema, sino que, encima de que has cobrado, aprovecharán para hundirte en la mierda convenciéndote de que eres una pobre víctima acosada y te llevarán al psicólogo para que te lave el cerebro.

A los ocho, ya va siendo hora de que nos camelemos a los padres (asistir a algún evento familiar sin dar la nota puede bastar) y consigamos que nos dejen llevarnos a nuestro sobrino a la montaña. Si hace falta, nos juntaremos un par de tíos y nos usamos mutuamente de coartada: “no te preocupes, Fulanita se trae a su sobrina también.” Los niños fliparán al ver que esos horizontes que salen en las películas cursis que les llevan a ver sus viejos al cine del centro comercial, existen y que ellos pueden ir allí. Aunque es cansado y hace frío, pero mola, ¿a que sí? Comeremos con las manos, haremos concursos de regüeldos y nos tiraremos pedos, lejos de los padres y los profesores. A esa edad, ya se les puede enseñar a rapelar, que es muy disfrutón y los hará sentirse superiores por un tiempo.

Eso sí, a los nueve como muy tarde, (lo suyo sería antes, pero tenemos que luchar contra un sistema educativo que intenta que aprendan poco y despacio) les regalaremos por su cumpleaños La Isla del Tesoro. Cuando conozcan a John Silver El Largo, lo tendrán más fácil.



2/1/12

Urdangarin y los recortes

El_Cid_1311898142

 El Cid, de Nazareno y oro

La opinión cada vez más extendida contra las corridas de toros, viene de que la gente se identifica con el toro. Por lo menos, buena parte de la gente. Es lógico: también nosotros nos dejamos manejar por el engaño -así llaman los taurinos a la muleta-, yendo por donde el torero quiere que vayamos, embistiendo contra el pobre caballo que, con su ojo vendado, está tan ciego como nosotros mientras, desde lo alto, el picador nos hunde una y otra vez la puya inmisericorde en todo el morrillo. Por más que nos duelan los puyazos, no se nos ocurre mirar hacia arriba y seguimos erre que erre, dando topetazos al caballo.

Cuando ya se han cansado de picar y nosotros de embestir el peto, suena el clarín, cambia el tercio y aparecen unos tipos dando saltitos para llamar nuestra atención hacia otra parte. Nosotros nos creemos que podemos cogerlos, pero, justo cuando los tenemos al alcance de la mano –de los cuernos- nos hacen un quiebro y nos plantan en todo lo alto un par de banderillas. Nosotros, en vez de ir a por el tío de los saltitos, nos peleamos con las banderillas olvidando la mano que nos las ha clavado. El resultado final es conocido: después de traernos y llevarnos por el ruedo persiguiendo un trapo rojo, si somos bravos, moriremos de una estocada a la luz del día, entre aplausos del respetable. Si somos cobardes o andamos flojos de remos, seguiremos a una parada de cabestros hasta un sitio donde nadie vea cómo nos liquidan. Bravos o cobardes, nuestro destino es el mismo: la cazuela.

Así terminamos un año y empezamos otro: persiguiendo un trapo rojo cual camiseta de la Selección. Lo perseguimos encantados por su condición de yerno real; de modo y manera que las charlas de los bares tratan de la monarquía y la república –cosas que a nadie importan- y no de la corrupción de los gobiernos de Valencia y Baleares, que son los que malversaban nuestra pasta. Por lo visto, se la regalaban -la pasta- al real yerno por guapo, o por ser quien era; pero nadie habla de qué pasaba luego con ese dinero público que pasaba a manos privadas. Como sabemos, las bandas tipo Noos, Gürtel o Filesa no son más que herramientas para sacar de las arcas del Estado el dinero que pagamos de nuestros impuestos y, después de marearlo más o menos según la habilidad de cada cual, repartirlo con alguien, por lo general relacionado con quien lo ha pagado.

La pregunta debería ser ¿con quién? Pero -¡ay!- las investigaciones judiciales suelen terminar allá donde empieza a peligrar la carrera de los jueces. Y nosotros, mientras sigamos persiguiendo trapos rojos y empeñándonos en embestir al caballo en vez de al picador, no nos vamos a enterar, me temo.



13/12/11

Rescindir el contrato social

nosferatufantomedelanuit1979

El contrato social.

 

Cuando yo estudiaba, mis profesores pretendían venderme una moto consistente en que existía algo que llamaban “Contrato social.” La idea, al parecer, se le había ocurrido a un payaso con peluca del siglo XVIII y había hecho fortuna. Los términos de dicho contrato implicaban que la gente renunciaba a su libertad personal (por ejemplo, la de ejecutar a los saqueadores) y aceptaba delegar sus funciones en el Estado para evitar el caos (por ejemplo, delegar el ejercicio legítimo de la violencia), asumiendo una serie de normas de conducta (por ejemplo, en vez de ejecutar a los saqueadores, denunciarlos, para que el Estado los juzgue y los absuelva o los indulte). A cambio de esta renuncia y aceptación, el susodicho Estado, se comprometía a cuidar de la gente. Formalmente, es un contrato clásico: yo renuncio a hacer lo que me dé la gana y te doy parte de lo que gano, y tú te comprometes a evitar que me roben (por ejemplo, ¿…?) o me asesinen y gastas los impuestos que yo te doy en cosas beneficiosas para todos (por ejemplo, financiar a los partidos políticos o a los bancos).

Hasta ahí, todo bien; el único defecto que le veo es que yo no he firmado ese contrato, ni le he dado poderes a nadie para que lo firme por mí. De hecho, mis padres tampoco lo firmaron, ni ninguno de mis abuelos; ni conozco –la verdad sea dicha- a nadie que conozca a nadie que lo haya firmado. Tampoco conozco a nadie que haya visto la escritura ni me sepa decir cuáles son las cláusulas concretas. Por todo ello, después de mucho pensar, he llegado a la conclusión de que ese contrato no existe. Sí, sí, por asombroso que parezca, creo que se lo han inventado. Hay antecedentes, lo concedo, como la relación clientelar de los romanos o el pacto feudovasallático en época más reciente; pero aquéllos sí que eran verdaderos contratos –con cláusulas conocidas- que, al menos en teoría, podían rescindirse si una de las partes lo incumplía (por ejemplo, si venía una algara de moros y el conde, en lugar de convocar su mesnada y cabalgar a echarte una mano, se encerraba en su castillo hasta que pasara la tormenta) y, si no aceptaba la rescisión, y tú seguías con vida, siempre podías amotinarte, reunir a las gentes del común y, juntos y airados, tomar por asalto la guarida del señor felón, colgarlo de una almena o pasear su cabeza en lo alto de una pica y recuperar todas las provisiones que guardaba en su despensa: era el derecho a la rebelión y al tiranicidio, glosados por Platón, Aristóteles, Cicerón, Santo Tomás de Aquino, Francisco Suárez, Juan de Mariana y muchos pensadores anglosajones. Los tiranos en general son poco dados a reconocer estos derechos, cosa lógica, ya que nadie en su sano juicio aceptaría como justo que el populacho enardecido enarbolara su cabeza en la punta de una pica y pusiera en los caminos sus despojos hechos cuartos. Bueno, lo aceptan si los tiranos son otros y les molestan por algo; pero eso no importa, porque son derechos naturales que uno puede ejercer si la ocasión se presta, independientemente de la opinión del tirano. Además, no siempre hace falta ejecutarlo: puede bastar con meterlo en la cárcel y confiscar sus bienes. En Islandia lo han hecho y no parece que les vaya mal.

El único problema que veo es que, para ejercer el derecho de rebelión (dejemos de momento el tiranicidio para personas menos civilizadas, gobiernos de la OTAN y gente así ) hace falta ser consciente de que hay motivos para rebelarse y, si en algo se gastan la pasta los tiranos, es en distraer al populacho de esos motivos. Para ello, los tiranos se reunieron un día en un castillo de los Cárpatos, junto al sarcófago de su fundador, y acordaron poner en marcha un proceso de ingeniería social con dos vertientes:

a) El proceso de imbecilación.

b) El proceso de blandengación. (ellos lo denominaron “proceso de mariconación”, pero como hay Gays y lesbianas más bestias que Terminator, como Aquiles Pélida o la Monja Alférez, he acuñado “blandengación” como término provisional)

Ambos procesos, para convertirnos en unos imbéciles blandengues, están inextricablemente unidos y a cargo, básicamente de la televisión, la escuela (“cole”, en su lenguaje) y los padres (“papis y mamis”). Su objetivo, a estas alturas a punto de cumplirse por completo, es convertir a los humanos, sobre todo a los de los países ricos, a los que no se puede exterminar impunemente, en borregos aterrorizados por las amenazas más absurdas capaces de creerse que sus saqueadores son buenos y tiemblen ante la sola idea de sufrir algún tipo de dolor o privación, por leve que sea. Pero hay que darse cuenta de que para dolor y privación, los que Ellos nos producen y que, la verdad, no compensa quedarse de brazos cruzados, intentando convencernos a nosotros mismos de que los sicarios que “elegimos” para que nos gobiernen o jueguen con el poco dinero que ganamos son buenos y cuidan de nosotros. Porque no es verdad. Desde su punto de vista, somos presas; y nuestros escasos bienes, son su botín. Por lo menos, habría que  oponer un poco de resistencia.

 

primera-guerra-mundial-ametralladora Oponiendo un poco de resistencia.

 

Resumiendo: que como lo más probable es que el contrato social no exista y, en el improbable caso de que existiera, habría caído en desuso, se puede rescindir. De hecho, si nos quedara un mínimo de dignidad, lo rescindiríamos. Os animo a ello.