
Pero resulta que, por vía del correo privado y por alguna extraña razón, me están animando a que publique más de mi obra poética, lo que me resulta sorprendente en grado sumo. Así que, en fin, ahí va otra muestra de mi poesía amorosa. Tiene años, pero refleja un hecho relativamente real. Eso sí. Por una buena temporada, basta del tema.
Romance de Carpzovius y la Reina Mahou.
Por no hacer esa llamada
que resulta intempestiva
embriagábase Carpzovius
con su octava cervecilla.
Tomábala caviloso,
pues la idea peregrina
que rondaba sus meninges
no la tiene definida.
Pues que en vaga nebulosa
cabalga su mente herida
de esa sensación extraña,
como primera medida
pedido se ha nueva caña,
se me ha dado a la bebida.
Oiréis su triste lamento,
oíd su pena desmedida:
"¡Escúchame, Padre Zeus,
que en el trueno te regalas!
¡Oyeme tú, Febo Apolo,
que de lejos hiere y mata!
¡Oiga tu llamado, Ares,
para acometer hazañas!
¡Hefesto, disforme herrero,
dame adarga, que no espada!
¡Y tú, Venus Afrodita,
no me hagas meter la pata!"
Así llamaba en su ayuda
toda la Grecia pagana:
"¡Diómedes y tú, Aquiles,
que corres con pies ligeros!
¡Ayax Telamón me cubra
de su escudo gigantesco!
¡Oh, vos, Néstor, Odiseo,
ambos buenos consejeros!
No he yo las grebas hermosas
de melenudos aqueos,
ni aquellas cóncavas naves
que navegaban los griegos,
ni de trípodes di copia
al Oráculo de Delfos;
pocos méritos acopio,
no es grande ninguno dellos,
mas acorredme en mi hora
por el amor que os profeso,
que me encuentro encervecido
sin momento de receso,
con el mal de Lanzarote
y ya sabéis cómo es eso."
Acabose su cerveza
y otra caña se pedía,
después que la hobo bebido
ved que otra tomaría
y, en estado de embriaguez,
bien oiréis lo que decía:
"Yo, pobre iluso, pensé
que por tiempo eludiría
el abrazo del dios ciego,
que, fuerte, no sentiría
de sus flechas el pinchazo
o, aún sintiendo, escaparía;
mas heme aquí demudado;
otra caña aún tomaría
y a los Dioses Inmortales
luego sacrificaría."
Y, dicho y hecho, Carpzovius
otra caña se pedía
y trasegándola estaba
que el prodigio acontecía:
En su carro de panteras
tirado Él aparecía,
de pámpanos los cabellos
cual diademas se ceñía
y el aire como de truenos
sonaba si se reía.
Cien etíopes borrachos
bailaban con alegría
y otras tantas bayaderas
de faunos se perseguían
y aquí, los pechos por tierra,
Carpzovius se protegía
de la visión esplendente
del Dios de la hostelería;
mas levantolo Dionisos
y su mano bendecía
al pobre desaforado
que tanto néctar bebía:
"No temas, mi buen Carpzovius
que me tienes satisfecho;
que si en verso no invocaste,
me invocaste con los hechos.
Y, pues que ni el Padre Zeus,
ni Ares, Apolo ni Hefesto,
ni Afrodita te responde,
ni el Oráculo de Delfos,
Yo respondo a tu llamada
y vengo así, con lo puesto,
a confortar tu desdicha
y lo que te digo es cierto:
no temas, que Lanzarotes
hubo antes que tú cientos
y, aún de amores desdichados,
siempre buenos caballeros.
No hay consejo ni milagro
que te pusiera concierto
al ánima despistada
que hoy albergas en tu pecho.
Y, pues que me gozo en tí,
que no dejas en barbecho
ni un solo barril de priva
mientras que tengas aliento,
alza con mi bendición
y un consejo de provecho:
Nada puedes intentar;
vanas palabras al viento
fueran cuanto te dijera
si no lo hubieras ya hecho:
amigo, bebe y rebebe,
no guardes ningún recelo,
pues que la Natura es sabia,
disfruta del tu embeleso
y, sobre todo, esta noche
que se llame Mahou tu empeño.
No la llames por hoy, no,
y bebe llamando al sueño,
gózate en tu melopea
hasta quedar como muerto.
Mañana será otro día
y será, como hoy, incierto."
