5/4/06

El que avisa no es traidor, es avisador

Si persistís en el marujeo, Hiena Fascista y Catwoman (parece que Susurro se ha tranquilizado), me veré obligado a mandaros al corrector de estilo, que es ese de ahí abajo. Y os advierto que la última vez que se cabreó, mirad como dejó el bar:



Las buenas maneras

Cuando yo era pequeño, padecí un duro entrenamiento para ser un caballero el día de mañana. Recuerdo, incluso, haber sido entrenado para pelar las naranjas con cuchillo y tenedor y usar convenientemente la paleta de pescado. Por consiguiente, era obvio para mí que un caballero ( y un niño ocupaba en la escala social el único puesto por debajo del caballero) no puede estar sentado mientras haya una dama en pie.
Por suerte, los tiempos cambian, ya que uno está obligado diariamente a compartir espacios limitados en el metro o el autobús y, por simple estadística, no podría sentarse jamás. El feminismo -pues- nos ha rescatado de la grosería o del agotamiento. En cuanto a lo de pelar las naranjas con cuchillo y tenedor, es hoy un arte felizmente en desuso.
Hoy, si uno cede el asiento en el metro a una mujer en buen estado, su gesto será considerado machista -peor- sospechoso: "¿Qué quiere este tío?" o -más grave- sencillamente ridículo.
Por consiguiente, las gentes de buena crianza, como yo, han limitado los sujetos susceptibles de ser amablemente invitados a sentarse en nuestro lugar a:
a) Personas de avanzada edad. En caso de pertenecer al sexo masculino, de bastante avanzada edad o bien en manifiesto mal estado; en otro caso, andarse con cuidado porque pueden mostrarse susceptibles. No insistir.
b) Personas con algún tipo de discapacidad física que afecte al tren inferior. (Hay que tener cuidado en este punto, pues los hay también muy susceptibles; vbgr.: no empeñarse en ceder el asiento a un discapacitado visual contra su voluntad)
c) Madres con niños pequeños (uno se siente especialmente satisfecho de su cortesía en el caso de madres jóvenes y agraciadas o pertenecientes a una minoría étnica. En este último caso, la satisfacción es doble, al mostrar de modo evidente nuestro ideario mestizo y multicultural)
d) Mujeres embarazadas.
Y aquí, en este epígrafe -el de las mujeres embarazadas- es donde podemos tropezar con dilemas angustiosos. Si el estado de gestación es suficientemente avanzado (y, aún así, en invierno es a veces difícil dilucidarlo) no suele haber problema: "Por favor..." etc. Pero, ¿y esos casos -frecuentes, por lo demás- en que la gestante ha repartido su aumento de peso de modo ecuánime por toda su anatomía? ¿Y -a eso íbamos- cuando la mujer no está embarazada sino, sencillamente, gorda?
Desde una óptica rubensiana, no debería haber problema alguno. Ante la duda, se dirige uno educadamente a la dama: "Disculpe, señora: ¿está usted gestante o sencillamente gorda?" "Sencillamente gorda, caballero. Gracias". O bien: "Gestante". Y uno se levantaría cortés- o no. Mas, ¡ay! Las cosas no son tan fáciles: "Disculpe, señora, ¿está usted embarazada?" "Pues no, imbécil: estoy gorda". O, si no dicen nada, te apuñalan con una mirada glacial, con tintes claramente psicopáticos, que te hacen sentir como si el psicópata fueses tú.
Así que no queda más remedio que atender a otros síntomas no volumétricos: si se sujeta la barriga de determinada forma característica, si se empuja los riñones de ese modo claramente delator... Normalmente cualquiera de estas acciones es suficiente para levantarte como movido por un resorte y cederle educadamente el asiento.
Pero hay damas medianamente gestantes que resisten estóicamente sin realizar el más mínimo ademán que desvele su estado. Y tú, en tu asiento, pensando: "¡Cielos!, ¿estaré quedando como un perfecto impresentable?, ¿qué hago? esas señoras de avanzada edad me miran con reproche", etc.
Entonces, no hay más remedio que, sin mirar a la presunta gestante, levantarse y aproximarse a la puerta del vagón, como si nos bajáramos en la próxima. Tu sitio quedará hábilmente libre y ella lo ocupará, sin que nadie sospeche que eres un caballero. Si estaba embarazada, perfecto y, si no, pues has tenido la rara oportunidad de dejar sentarse a una mujer gorda sin que te insulten. En cualquier caso, tu conciencia quedará aliviada. Por supuesto, hay que salir en la primera estación y cambiar de vagón (o esperar el siguiente tren) ya que, en otro caso, la superchería sería fácilmente descubierta.
Este método, con todo, tiene sus puntos débiles: es conveniente que la mujer gestante/sencillamente gorda esté cerca de tu asiento y que, en todo caso, no se encuentre en las cercanías un ejemplar perteneciente a alguna de las siguientes especies:
a) Un/a punki. Pues a ellos suele darles igual que una mujer esté embarazada y permanecen por completo ajenos a tu conflicto íntimo.
b) Una señora de mediana y voluminosa edad (que por lo general leva todo el trayecto lanzándote miradas acusadoras) de las que suelen denominarse "foca" o "señora pánzer", ya que a la mínima oportunidad se lanzará sobre el asiento arrasando cualquier obstáculo a su paso. En cuanto a la agotada gestante piensa: "Que se fastidie, tía guarra; no haber follado. Además, seguro que no esta casada y es comunista y se droga". etc.
En casos como éste, sólo queda una solución. Moralmente no es perfecta y tú lo sabes, pero es justificable: "Yo sacrifico la comodidad de mi asiento para que de dicha comodidad goce una mujer gestante y no un punki o una señora pánzer; ergo: si en lugar de la mujer gestante, va a sentarse un punki o una señora pánzer, no me levanto".
Solución, pues: aguantamos estóicamente nuestro dilema moral y el gesto airado de la señora pánzer y permanecemos en la comodidad de nuestro asiento hasta llegar a nuestra parada. Una vez allí, nos levantamos afectando seria dificultad y muecas de dolor a duras penas reprimido para, a continuación, dirigirnos hacia la puerta cojeando aparatosamente.
El efecto resulta increíble. Incluso ha habido casos de señoras pánzer cuyo ánimo se ha visto conmovido hasta el punto de facilitarte el paso (o, al menos, no ponerse por medio a posta, como suelen hacer). Ni que decir tiene que hay que seguir cojeando aparatosamente hasta haber perdido de vista a cualquier ocupante del vagón (lo que a veces resulta sumamente molesto: cuando alguien se empeña en seguirte hasta la salida; más aún, si además lleva tu misma dirección una vez en la calle)
De hecho, la situación puede complicarse extraordinariamente con la aparición imprevista de un conocido:
-- ¡Chico!, ¿qué te ha pasado?
-- Pes nada, ya ves... esquiando.
Lógicamente, tal excusa es inconveniente si aún estás dentro del alcance del radar de algún ex compañero de vagón -es preferible alegar accidente laboral o atropello-. Y además sólo puede emplearse en invierno. Y, además, es importante mantenerse al corriente del estado de las pistas en las estaciones de esquí cercanas:
-- Y, ¿dónde ha sido?
-- En Cotos.
-- ¿En Cotos? Pero si la cerraron hace tres años.
-- Bueno, en Cotos... Quería decir en Valdesquí.
-- ¿Valdesquí?, pero si estuvimos el sábado y tuvimos que volvernos porque no había ni gota de nieve.
Puede ser peor: se trata de un compañero de trabajo. La situación se complica extraordinariamente (inviable alegar accidente laboral) Hay que mantener la serenidad. Adviertes que la excusa del esquí es muy mala por sus muchos inconvenientes, en especial si, como es tu caso, no has esquiado en tu vida. Pero, ¡ay!, ya es tarde. Encima, resulta que tu compañero de trabajo es un fanático del esquí y comienza a arrinconarte:
-- ¿Y qué tablas tienes?
Por ejemplo. Intuyes que tablas son los esquís y tras unos momentos de angustia (que camuflas con un rictus de dolor), recuerdas una marca:
-- Unas Salomon.
-- Ya.
(No sabes si es bueno o malo tener unas Salomon. A lo mejor son muy baratas, o resulta que ya sólo fabrican botas) El cabrón estrecha el cerco. Está disfrutando. Lo percibes.
-- ¿Qué modelo?, ¿cuánto te costaron?
-- Pues... es que me las regalaron.
En este punto comprendes que tu situación comienza a ponerse jodida: no sólo ese imbécil piensa seguir con el interrogatorio, sino que lleváis el mismo camino y vas a pasar ocho horas en su compañía y seguro que le cuenta lo de tu accidente a todo el mundo, y se empeñará en que vayas al médico para que te dé la baja y querrá saber por qué no quieres hacerlo, y te llamará el jefe para ver qué pasa ("Seguro que quiere decir que ha sido accidente laboral y buscarnos un lío") y tú tendrás que seguir cojeando aparatosamente durante días, y cuando te lleven a la fuerza al médico de la Mutua, verá que tus ligamentos están en perfecto estado (esto, después de una radiografía altamente cancerígena, una resonancia manética y un TAC)
El cabrón del médico se lo comunicará a tu jefe, que pensará que todo era un fraude para pillarte una baja y marcharte de vacaciones y eso va a suponer muchos, pero muchos, problemas, y tu mujer se va a lleva un disgusto de muerte cuando le digas que te suspenden de empleo y sueldo y -con seguridad- ese será el empujoncito que le hacía falta para decirte:
-- Mira: lo he pensado mucho y creo que tenemos que tomar una determinación.
Haces cuentas mentalmente mientras cojeas aparatosamente y te das cuenta de que lo llevas chungo para pagar abogado y procurador, marcharte del piso (que, por otra parte, tendrás que seguir pagando y alquilarte otro sabe Dios cómo, más la pensión que te va a sacar esa guarra de abogada feminista amiga suya (a quien también tendrás que pagar las costas, seguro) y, de pronto, te das cuenta de que estáis parados en un semáforo, en la Castellana, y que ahí viene una hermosa hormigonera de cuatro ejes a toda hostia, mientras ese imbécil sigue hablando de ataduras y nieve polvo chachi, y descubres que la solución de todos tus problemas, lo que va a salvar tu nómina, tu casa y tu matrimonio está llegando, a cinco metros, cuatro -lo ves clarísimo- tres, -te preparas- dos... ¡BUMBA!
Son cosas de la buena educación, que también sirve para solucionar los problemas. Seguro que ese amasijo informe que ha dejado la hormigonera al pasar iba en el metro sentado tan pichi, leyendo el 20 minutos con una mujer embarazada en pie a su lado.

4/4/06

El supertorpedo iraní




!Joder, catwoman!, gracias por volver, pero no me hagas estas cosas que yo soy un tipo muy sensible.

El cacharro en cuestión (ver arriba) se llama Shkval , básicamente, es un cohete submarino. Los primeros datos aparecieron en un Jane's de 1995 y es un viejo proyecto soviético. Es de calibre estándar para torpedos (553 mm.) Una vez lanzado desde el tubo de un submarino de forma convencional (creo) se enciende el motor cohete y alcanza una velocidad de cerca de 400 km/h. para un alcance de unos 10.000 m. Esta velocidad la consigue aplicando el principio de la supercavitación, que consiste en crear una burbuja de gas alrededor del fuselaje, lo que reduce el rozamiento al mínmo y le permite ir tan rapido.

La forma del morro crea una cavidad que genera el efecto de cavitación, incrementado al inyectar gas. a partir de cierta velocidad, unos 50 m/s, se genera la supercavidad que hace que en realidad la única parte del arma en contacto con el agua sea el morro. Las primeras versiones no tenían sistema de guiado y estaban pensadas para llevar una cabeza nuclear suficiente para hundir un portaaviones americano clase Nimitz de un solo pepinazo.

Las versiones más recientes, aunque no está claro, se supone que tienen sistema de guiado, cabeza convencional, un alcance muy superior (se habla de hasta 100 km.) y una velocidad también bastante superior (se habla de 700 km/h., pero no es seguro cuánto hay de verdad y cánto de pulicidad)

Se suponía que Rusia le había vendido unos cuantos a China, pero reconozco que lo de Irán es una novedad para mí, aunque me da mucha risa, la verdad. Por cierto, hace poco el FSB pilló a un par de espías estadounidenses intentando comprar los planos, talmente como en los viejos tiempos. Pero como se supone que ya no hay guerra fría, acabaron devolviéndolos (los espías)

En cuanto a lo que supone la prueba iraní, recomiendo la lectura del último libro de Robert Fisk: "La gran guerra por la civilización. La conquista de Oriente Próximo", en el que cuenta la gloriosa actuación de la US Navy en la primera guerra del Golfo (cuando Irak invadió Irán con el apoyo entusiasta de Estados Unidos y casi todos los países occidentales), cuyas fragatas y destructores se colocaban detrás de los petroleros que se suponía estaban protegiendo en cuanto se olían que podía haber una mina cera. Eso lo sabía yo entonces por un antiguo conocido que era oficial de la marina mercante en un petrolero e hizo dos viajes ida y vuelta pasando el estrecho de Ormuz en plena "guerra de los petroleros".

En fin, que alguien está intentando dar otra oportunidad a la diplomacia. O no.

Nota: Al Jazeera dice que no están seguros de si es un Shkval o un desarrollo propio iraní. Pero, en todo caso, la tecnología es evidente de dónde viene.

3/4/06

Grecia, Roma y la revolución Francesa han tenido que servir para algo. Vamos, digo yo...

Pues sí señor. Este aserto dubitativo (cada vez más dubitativo) forma parte del ideario de este blog.

El Profesor Carpzovius mantiene una cruzada personal contra la superstición y el oscurantismo y, en especial contra los horóscopos y los partidarios de que la Evolución no existe.

El otro día, tuve una inquietante conversación en el Enredo acerca de este particular con cierta colaboradora habitual del blog que mantenía básicamente que:

a) Ella no desciende de ningún mono.
b) Ella no es un animal, y
c) "El hombre siempre ha sido hombre", signifique esto último lo que signifique, que no me quedó nada claro.


Una cosa llamativa de los partidarios de la superstición y el oscurantismo es que sus argumentos no van dirigidos contra la ciencia, sino contra los enunciados caricaturescos de los oscurantistas escritores o tertulianos. Por ejemplo ¿quién ha dicho que el hombre desciende del mono? No Darwin, por cierto, sino los detractores decimonónicos de Darwin.

En cuanto a lo de que los oscurantistas no son animales... bueno, supongo que eso es lo que los diferencia del común de los humanos. Independientemente de que hasta el Papa (éste, Ratzi, que es un hombre muy leído; para eso ha sido Gran Inquisidor) y el Arzobispo de Canterbury estén ya de acuerdo con Darwin, aunqe sea Teilhard de Chardin mediante, sólo con mirar a tu alrededor en cualquier bar (el Enredo, mismamente) cualquier fin de semana por la noche, ppermitirá realizar un estudio de campo sobre los rituales de cortejo y apareamiento del humano en ambiente urbano saturado.

Lo que pasa es que los oscurantistas son tan vanidosos que no les gusta lo que ven. Y lo niegan. Punto. Normalmente, esa vanidad está en relación inversa a la autoestima. También la susceptibilidad. Por regla general, los oscurantistas llevan una vida bastante insatisfactoria y, entonces, tienen que agarrarse a cualquier planteamiento iracional que les permita creerse superiores al común de los mortales; de ahí la proliferación de sectas y rollo new age.

Por otra parte, son la mar de relativistas, (cosa muy condenada por el Papa y por el mismísimo Aznar) y, como las cosas realmente existentes en este mundo no les gustan, simplemente se inventan otras y pretenden que por el mero hecho de que ellos digan que "creen" en ellas, van a existir. Y, lo siento, pero no.

No es demasiado preocupante que haya unos cuantos oscurantistas a tu alrededor. Lo que empieza a ser preocupante, es que hay cada vez más. Y algunos incluso llegan a Presidentes. Antes, se limitaban a llegar a señora del Presidente, pero ya han traspasado ese umbral. Entonces es cuando hay que empezar a plantearse actuar y que dicho Presidente deje de poseer entidad física.

Que nuestra colaboradora habitual sea así no importa; incluso añade una nota de colorido a este templo de la polémica, pero no importa porque no es Presidenta del Gobierno. Si lo fuera, habría que hacer algo.

Cuando en estados Unidos, allá por el año 1999 tuvo que empezar a intervenir el Tribunal Supremo para obligar a que en determinados Estados de la américa profunda se enseñase en los colegios la Evolución de las especies en lugar del hecho -para los oscurantistas incontrovertible- de que el mundo fue creado por Dios tal como hoy lo vemos no me acuerdo qué día del año 4.365 antes de Cristo, que era Domingo, a las 9 de la mañana, es que ya había serios motivos para estar acojonado.

Cuando llega el inefable Bush, cuyos actos en el siglo son guiados por telepredicadores y genios estratégicos de la talla de Rumsfeld y Cheney entre otros, y llega a la componenda de que se enseñe eso que llaman "teoría del diseño ineligente" en igualdad de condiciones con la Ciencia, hay motivos para estar seriamente acojonado.

¿Resulta sorprendente que un tío que mantiene públicamente y con toda seriedad que Dios le habla cuando va por los pasillos de la Casa Blanca y le dice lo que tiene que hacer, hable del Islam como una cosa extraña, fanática y oscurantista? No, no resulta sorprendente, porque eso es lo que hacían en la Edad Media. No habla mal del Islam porque considere que la Religión no es racional, sino porque es una religión que considera falsa y enemiga de la suya. No así la judía, que ahora es buena. Bueno. Esto ya es otro tema. Dejémoslo así

1/4/06

Para saciar la curiosidad de nuestros lectores

Para saciar la curiosidad de nuestros lectores, publicamos hoy algunas fotos de la reciente actividad editorial de La Barra Virtual: 1: Una de nuestras unidades móviles dirigiéndose al enredo, donde había sido detectado Federico Jiménez Losantos disfrazado de parapsicólogo. 2: Nuestra Junta directiva antes de una conferencia en la guardería de Héctor. 3:El consejo de redacción preparando la contestación a un comentario de César Vidal en nuestro blog. 4: saliendo del enredo tras una intensa jornada de polémica a buscar más cerveza en alguna parte. 5: El Kit de supervivencia de nuestros redactores.