El pasado sábado 25 de abril, estuve en el local de unos amigos que tienen un grupo de teatro con el que se lo pasan muy bien. Como la directora es una sentimental, y compartimos algunos sentimentalismos, iban a proyectar "Capitanes de abril", la película de María de Medeiros sobre el golpe de Estado del 74 en Portugal. La vi cuando la estrenaron y es una buena película. María de Medeiros (me encanta) se reserva el papel más repugnante: el de progre trepa que acaba de diputada socialista. El estudiante trotskista que le gusta a ella termina siendo diputado de derechas. Recomiendo la peli.
En discusiones posteriores yo decía que lo mejor que le puede pasar a una Revolución es terminar como la portuguesa; es decir, entregando pronto el poder a esos trepas profesionales que hemos convenido en denominar "políticos". No digo que sea lo más deseable, ni que me guste especialmente, sino que entre las diversas opciones posibles, es la menos mala. Ahí hay que darle la razón a Churchill. Si él en los años 20 disolvía manifestaciones obreras a cañonazos, no es que no fuera demócrata, es que ese era el espíritu de los tiempos. En cambio, si las cosas amenazan con cambiar de verdad, en seguida se te echa todo el mundo encima y tienes que ser más cabrón de lo que pretendías. Además, los revolucionarios siempre se empeñan en que te impliques y a mí ya no me apetece.
Me echan en cara mi falta de idealismo. ¡Joder! es que ya no tengo edad. Yo soy más vieja que tú y sigo teniendo ideales. No: ideales los tengo yo, tú vives en los mundos de Yupi, que es distinto. Y, ¡hala! ya está liada. Bueno, para qué os voy a contar... Como ya sabía que la tertulia iba a terminar con alguien llamándome fascista, decidí echar el resto y di unos empujoncitos hacia el tema de la Memoria Histórica, que, puestos a levantar la voz, es muy agradecido.
Los portugueses, por lo menos pueden decir que su democracia burguesa actual viene de un golpe de Estado contra la dictadura, cosa que nosotros no podemos: Nuestra democracia burguesa es la evolución natural del franquismo.
Por lo visto, esto es una especie de herejía horrorosa. Se supone que aquí no hay más sucesores del franquismo que el PP. Y sin embargo, la transición consistió, ni más ni menos que en hacer evolucionar -de la Ley a la Ley, en palabras de Torcuato Fernández Miranda- el régimen del 18 de julio hacia una democracia burguesa estándar. Evolucionar de acuerdo con sus propias leyes y haciendo uso de sus propias instituciones.
La Ley para la Reforma Política, aprobada en referéndum y que preveía la legalización de los partidos políticos y la celebración de elecciones "a Cortes" por sufragio universal, se aprobó por las Cortes franquistas como una nueva Ley Fundamental del Reino, de acuerdo con el sistema franquista y su función era ni más ni menos que modificar otras Leyes Fundamentales del Reino anteriores, para introducir en el sistema los partidos políticos y el sufragio universal. Por eso el rey no fue perjuro. Ni él, ni ninguno de los demás que habían jurado "cumplir y hacer cumplir" las Leyes Fundamentales del Reino.
La actual tendencia "Memoria Histórica", tenía, en principio, una finalidad razonable, que es reconocer oficialmente que el 18 de julio de 1936, una gente que se sentía ilegítimamente privada de lo suyo (o sea, de España) por haber perdido unas elecciones, dio un golpe de Estado contra la República, dando lugar a una guerra civil que destruyó el país, seguida de una represión despiadada. El franquismo enterró la memoria de la República, falsificó la historia y mancilló legalmente la memoria de los que defendieron la legalidad. En estos últimos años, asistíamos a una proliferación de pseudohistoriadores que estaban divulgando nuevamente esa historia inventada, por lo que el reconocimiento formal de tales hechos no era ninguna barbaridad; lo que pasa es que determinados medios de derechas, se lo tomaron como un ataque personal -el que se pica, ajos come- y la cosa ha degenerado en una polémica salida de madre y, ahora, como cada cual quiere ser más papista que el Papa, hasta desmontan las vidrieras de la Academia de Toledo (yo he estado debajo de ellas) porque a algún alma sensible le traumatiza el aguilucho.
Como en España tenemos serios problemas para comprender que en el justo medio está la virtud, hay quien pretende obviar lo anterior y retrasar el reloj para fundar la legitimidad del sistema actual en la II República, que ahora resulta que fue una Edad Dorada en que florecieron todas las virtudes, mientras Yupi andaba sobre la Tierra haciendo el bien, hasta que fue sumergida por la negra noche del fascismo. Todos los españoles son buenos y benéficos (es decir, republicanos) y sólo merced a una salvaje represión de la Falange, el Ejército y la Iglesia los españoles tuvieron que vivir durante cuarenta años bajo Franco.
Eso es rigurosamente falso. La guerra civil no fue librada (o no sólo) por las fuerzas del fascismo, cuyo ejército estaba compuesto de falangistas, mercenarios, moros, alemanes e italianos. Fue librada por media España contra la otra media. Otra cosa es que no nos guste. Pero España estaba rota en dos mitades (y cada mitad en trozos diversos) y, como vemos, lo sigue estando. No hay más que recordar la legislatura anterior y el grado de aberración sectaria al que llegó la trifulca político-mediática.
Si aún hay gente que piensa que detrás de las bombas del 11-M está el PSOE, ¿cómo dudar que la gente que se alistaba voluntaria para luchar contra la República creía que en el levantamiento de Asturias del 34 los mineros habían sacado los ojos a los niños de los guardias civiles y en el mercado se vendía carne de cura al peso?
La República, aparte de ser muy de derechas durante la mayor parte de su existencia prebélica, no pasó -no pudo pasar- de ser un cúmulo de buenas intenciones gobernado por una banda de incompetentes y acosado por los que veían peligrar lo que consideraban de su propiedad. Se dieron algunos pasos en la dirección correcta, en Educación y secularización, por ejemplo, pero actuando como un elefante en una cacharrería. En cuanto a la libertad de prensa, la censura no desapareció casi en ningún momento.
¿Alguien se imagina en este mundo políticamente correcto que un tipo que sugería a los militantes de su partido entrar en los claustros y elevar a las monjas a la categoría de madres, llegara a presidente del Gobierno? Pues llegó, y para más regocijo, era de derechas.
La República fue ferozmente anticlerical (yo lo soy bastante, ojo) en un país mayoritariamente católico. Sus actuaciones encendieron a buena parte del país. La reforma agraria, la modernización de la economía, no se pudieron hacer, porque no basta con el voluntarismo; pero habían despertado -y frustrado- la esperanza de millones de trabajadores explotados, reprimidos y, literalmente, hambrientos. España era un país del siglo XIX. La razón faltaba bastante entre los políticos, y muchos de los que más o menos eran
razonables, eran cobardes o incompetentes: Azaña.
Es un ejemplo: Azaña expulsando a los Jesuitas. Azaña viendo tembloroso cómo le quemaban conventos. Azaña poniendo orden: Casasviejas. Azaña negándose a declarar el Estado de guerra. Azaña pidiendo paz, piedad y perdón mientras la República de la que por desgracia era presidente luchaba por su existencia. Azaña traicionando a la República y buscando la rendición a espaldas del Gobierno de Negrín, mientras lo mejor del Ejército republicano se desangraba en la batalla del Ebro, defendiendo esa misma República. Azaña muriéndose de tristeza en Francia mientras miles de republicanos españoles morían de otras cosas en los campos de concentración franceses, ahí al lado. Pobre.
La guinda de esa costumbre de inventarnos la Historia como nos habría gustado que fuera, la puso Bono el otro día al recibir a Sarkozy en el Congreso. Agradeció a Francia la acogida de los exiliados españoles tras la guerra civil. Es para abofetearlo. Imagino que habrá por ahí gente cuyos padres o abuelos padecieran la hospitalidad francesa en Argélès sur Mer, o en Argelia.
Cuando Franco tuvo a bien morirse, la mayoría de los españoles habíamos nacido después de la guerra, bastante después. El régimen era una cosa bastante ridícula, aunque muy molesta. La sede clandestina del PSOE ilegal en la calle Jacometrezo de Madrid tenía discreta escolta policial. Escolta, no vigilancia. Bueno, o las dos cosas.
La mayoría de los españoles nunca se enfrentó al régimen. Un régimen es algo que se da por supuesto. Lo que intentas es adaptarte a lo que hay y vivir lo mejor posible. Y por eso las dictaduras intentan mantener la paz social: casas baratas, comida, seguros sociales, bares, fútbol... esas cosas.
Había quien militaba, básicamente en el PCE, "el Partido" por antonomasia, o en la CNT, luego en Comisiones o UGT, bueno y bajo otras mil siglas. Gente que se sacrificó por algo en lo que creía (que, por cierto, no era precisamente esta democracia) Pero el grueso de los españoles no se planteaba nada. Una de las razones de que la economía estuviera hecha unos zorros en el 75 fue que el régimen se había dedicado al proteccionismo que impidió la modernización, y que cuando llegó la crisis petrolera del 73, se hizo todo lo posible para que no llegara al bolsillo de la gente, aún a costa de arruinar al Estado y a las empresas. Todo para que la gente no se calentase.
Esa es la clave: Mientras la gente viva medio bien, no tiene motivos para jugársela. ¿Qué provocó la Revolución de los claveles? En Portugal se vivía más o menos como en España y el régimen era bastante similar. Sí, pero tenían tres guerras coloniales imposibles de ganar y a los chicos los mandaban allí a hacer la mili. Los capitanes de abril sabían lo que eran esas guerras, porque las libraban ellos y, además, sabían que ellos eran los malos y no querían serlo. Y los civiles de casa, estaban hartos de recibir los cadáveres de sus hijos, o lo que quedaba de ellos. Era una buena razón para jugársela. Aquí no la teníamos.
(De todas formas, aprenden: por eso el siguiente paso en la democracia moderna es suprimir la mili y hacer ejércitos profesionales)
Al morir Franco, la mitad, pongamos, de la población española se identificaba más o menos con el régimen, aunque fuera por inercia. Y a mucha más de esa mitad, le daba lo mismo a qué jugaran los políticos mientras sus hijos pudieran encontrar una colocación y asegurarse un sueldo. La mayoría de la gente tenía tanto miedo a lo que podía pasar al morir Franco, que acogió con bastante alivio el hecho de que no pasara nada. Y no pasó nada, precisamente porque casi nadie quería que pasara. Si hubiéramos vivido como se vivía en el 36, habría pasado. Todo lo demás, 23-F incluido, son anécdotas.
¿Cuál es la diferencia más importante entre el régimen franquista y el actual? Básicamente, que puedo poner a parir al Gobierno en el bar sin que el parroquiano de al lado me enseñe una placa y me lleve a la comisaría a que me den unas hostias, o me metan la cabeza en la bañera. Que no es poco.
Otra cosa buena es que se meten mucho menos en tu vida; en nuestro caso, la Iglesia se mete mucho menos en tu vida. Y así, puedes ser homosexual sin que te metan en la cárcel, follar sin estar casado, divorciarte y no pasa nada... en fin, esas cosas. Se sustituye el Tribunal de Orden Público por la libertad de prensa y muchas cadenas de tele y radio. Que no es poco.
En cuanto a tener alguna intervención en el gobierno del país, mis posibilidades son exactamente las mismas que entonces. Antes, tenías que ser afecto al régimen, conseguir acercarte a la camarilla de alguien que estuviera situado, ser sumiso, darte a conocer, medrar a su sombra... Ahora, tienes que empezar por afiliarte a un partido. Hemos pasado del monopolio al oligopolio.
En democracia se vive mucho mejor, eres más libre... Claro, en un país rico, esa es la evolución natural de las cosas. En Francia o en Bélgica, que eran democracias, en los 60-70 todavía se mataba a tiros a la gente en las manifestaciones y se torturaba sin demasiados problemas.
La diferencia es sobre todo de marketing. Una dictadura es más tosca. El que manda, manda, por la gracia de Dios, y te dice: esto es así porque lo digo yo. Eso puede humillarte y hacerte desafecto, en cuyo caso tienes serios problemas. En una democracia, lo hacen mejor: nada de gracia de Dios: Puedes votarme a mí o a éste. En cuanto a las órdenes, te las dan por tu bien y casi como que te ordenan por favor y, sobre todo, te dejan quejarte, que es lo bueno, ya digo. Como te puedes desfogar en el tasco, no sientes el impulso de ponerte a conspirar.
En discusiones posteriores yo decía que lo mejor que le puede pasar a una Revolución es terminar como la portuguesa; es decir, entregando pronto el poder a esos trepas profesionales que hemos convenido en denominar "políticos". No digo que sea lo más deseable, ni que me guste especialmente, sino que entre las diversas opciones posibles, es la menos mala. Ahí hay que darle la razón a Churchill. Si él en los años 20 disolvía manifestaciones obreras a cañonazos, no es que no fuera demócrata, es que ese era el espíritu de los tiempos. En cambio, si las cosas amenazan con cambiar de verdad, en seguida se te echa todo el mundo encima y tienes que ser más cabrón de lo que pretendías. Además, los revolucionarios siempre se empeñan en que te impliques y a mí ya no me apetece.
Me echan en cara mi falta de idealismo. ¡Joder! es que ya no tengo edad. Yo soy más vieja que tú y sigo teniendo ideales. No: ideales los tengo yo, tú vives en los mundos de Yupi, que es distinto. Y, ¡hala! ya está liada. Bueno, para qué os voy a contar... Como ya sabía que la tertulia iba a terminar con alguien llamándome fascista, decidí echar el resto y di unos empujoncitos hacia el tema de la Memoria Histórica, que, puestos a levantar la voz, es muy agradecido.
Los portugueses, por lo menos pueden decir que su democracia burguesa actual viene de un golpe de Estado contra la dictadura, cosa que nosotros no podemos: Nuestra democracia burguesa es la evolución natural del franquismo.
Por lo visto, esto es una especie de herejía horrorosa. Se supone que aquí no hay más sucesores del franquismo que el PP. Y sin embargo, la transición consistió, ni más ni menos que en hacer evolucionar -de la Ley a la Ley, en palabras de Torcuato Fernández Miranda- el régimen del 18 de julio hacia una democracia burguesa estándar. Evolucionar de acuerdo con sus propias leyes y haciendo uso de sus propias instituciones.
La Ley para la Reforma Política, aprobada en referéndum y que preveía la legalización de los partidos políticos y la celebración de elecciones "a Cortes" por sufragio universal, se aprobó por las Cortes franquistas como una nueva Ley Fundamental del Reino, de acuerdo con el sistema franquista y su función era ni más ni menos que modificar otras Leyes Fundamentales del Reino anteriores, para introducir en el sistema los partidos políticos y el sufragio universal. Por eso el rey no fue perjuro. Ni él, ni ninguno de los demás que habían jurado "cumplir y hacer cumplir" las Leyes Fundamentales del Reino.
La actual tendencia "Memoria Histórica", tenía, en principio, una finalidad razonable, que es reconocer oficialmente que el 18 de julio de 1936, una gente que se sentía ilegítimamente privada de lo suyo (o sea, de España) por haber perdido unas elecciones, dio un golpe de Estado contra la República, dando lugar a una guerra civil que destruyó el país, seguida de una represión despiadada. El franquismo enterró la memoria de la República, falsificó la historia y mancilló legalmente la memoria de los que defendieron la legalidad. En estos últimos años, asistíamos a una proliferación de pseudohistoriadores que estaban divulgando nuevamente esa historia inventada, por lo que el reconocimiento formal de tales hechos no era ninguna barbaridad; lo que pasa es que determinados medios de derechas, se lo tomaron como un ataque personal -el que se pica, ajos come- y la cosa ha degenerado en una polémica salida de madre y, ahora, como cada cual quiere ser más papista que el Papa, hasta desmontan las vidrieras de la Academia de Toledo (yo he estado debajo de ellas) porque a algún alma sensible le traumatiza el aguilucho.
Como en España tenemos serios problemas para comprender que en el justo medio está la virtud, hay quien pretende obviar lo anterior y retrasar el reloj para fundar la legitimidad del sistema actual en la II República, que ahora resulta que fue una Edad Dorada en que florecieron todas las virtudes, mientras Yupi andaba sobre la Tierra haciendo el bien, hasta que fue sumergida por la negra noche del fascismo. Todos los españoles son buenos y benéficos (es decir, republicanos) y sólo merced a una salvaje represión de la Falange, el Ejército y la Iglesia los españoles tuvieron que vivir durante cuarenta años bajo Franco.
Eso es rigurosamente falso. La guerra civil no fue librada (o no sólo) por las fuerzas del fascismo, cuyo ejército estaba compuesto de falangistas, mercenarios, moros, alemanes e italianos. Fue librada por media España contra la otra media. Otra cosa es que no nos guste. Pero España estaba rota en dos mitades (y cada mitad en trozos diversos) y, como vemos, lo sigue estando. No hay más que recordar la legislatura anterior y el grado de aberración sectaria al que llegó la trifulca político-mediática.
Si aún hay gente que piensa que detrás de las bombas del 11-M está el PSOE, ¿cómo dudar que la gente que se alistaba voluntaria para luchar contra la República creía que en el levantamiento de Asturias del 34 los mineros habían sacado los ojos a los niños de los guardias civiles y en el mercado se vendía carne de cura al peso?
La República, aparte de ser muy de derechas durante la mayor parte de su existencia prebélica, no pasó -no pudo pasar- de ser un cúmulo de buenas intenciones gobernado por una banda de incompetentes y acosado por los que veían peligrar lo que consideraban de su propiedad. Se dieron algunos pasos en la dirección correcta, en Educación y secularización, por ejemplo, pero actuando como un elefante en una cacharrería. En cuanto a la libertad de prensa, la censura no desapareció casi en ningún momento.
¿Alguien se imagina en este mundo políticamente correcto que un tipo que sugería a los militantes de su partido entrar en los claustros y elevar a las monjas a la categoría de madres, llegara a presidente del Gobierno? Pues llegó, y para más regocijo, era de derechas.
La República fue ferozmente anticlerical (yo lo soy bastante, ojo) en un país mayoritariamente católico. Sus actuaciones encendieron a buena parte del país. La reforma agraria, la modernización de la economía, no se pudieron hacer, porque no basta con el voluntarismo; pero habían despertado -y frustrado- la esperanza de millones de trabajadores explotados, reprimidos y, literalmente, hambrientos. España era un país del siglo XIX. La razón faltaba bastante entre los políticos, y muchos de los que más o menos eran
razonables, eran cobardes o incompetentes: Azaña.
Es un ejemplo: Azaña expulsando a los Jesuitas. Azaña viendo tembloroso cómo le quemaban conventos. Azaña poniendo orden: Casasviejas. Azaña negándose a declarar el Estado de guerra. Azaña pidiendo paz, piedad y perdón mientras la República de la que por desgracia era presidente luchaba por su existencia. Azaña traicionando a la República y buscando la rendición a espaldas del Gobierno de Negrín, mientras lo mejor del Ejército republicano se desangraba en la batalla del Ebro, defendiendo esa misma República. Azaña muriéndose de tristeza en Francia mientras miles de republicanos españoles morían de otras cosas en los campos de concentración franceses, ahí al lado. Pobre.
La guinda de esa costumbre de inventarnos la Historia como nos habría gustado que fuera, la puso Bono el otro día al recibir a Sarkozy en el Congreso. Agradeció a Francia la acogida de los exiliados españoles tras la guerra civil. Es para abofetearlo. Imagino que habrá por ahí gente cuyos padres o abuelos padecieran la hospitalidad francesa en Argélès sur Mer, o en Argelia.
Cuando Franco tuvo a bien morirse, la mayoría de los españoles habíamos nacido después de la guerra, bastante después. El régimen era una cosa bastante ridícula, aunque muy molesta. La sede clandestina del PSOE ilegal en la calle Jacometrezo de Madrid tenía discreta escolta policial. Escolta, no vigilancia. Bueno, o las dos cosas.
La mayoría de los españoles nunca se enfrentó al régimen. Un régimen es algo que se da por supuesto. Lo que intentas es adaptarte a lo que hay y vivir lo mejor posible. Y por eso las dictaduras intentan mantener la paz social: casas baratas, comida, seguros sociales, bares, fútbol... esas cosas.
Había quien militaba, básicamente en el PCE, "el Partido" por antonomasia, o en la CNT, luego en Comisiones o UGT, bueno y bajo otras mil siglas. Gente que se sacrificó por algo en lo que creía (que, por cierto, no era precisamente esta democracia) Pero el grueso de los españoles no se planteaba nada. Una de las razones de que la economía estuviera hecha unos zorros en el 75 fue que el régimen se había dedicado al proteccionismo que impidió la modernización, y que cuando llegó la crisis petrolera del 73, se hizo todo lo posible para que no llegara al bolsillo de la gente, aún a costa de arruinar al Estado y a las empresas. Todo para que la gente no se calentase.
Esa es la clave: Mientras la gente viva medio bien, no tiene motivos para jugársela. ¿Qué provocó la Revolución de los claveles? En Portugal se vivía más o menos como en España y el régimen era bastante similar. Sí, pero tenían tres guerras coloniales imposibles de ganar y a los chicos los mandaban allí a hacer la mili. Los capitanes de abril sabían lo que eran esas guerras, porque las libraban ellos y, además, sabían que ellos eran los malos y no querían serlo. Y los civiles de casa, estaban hartos de recibir los cadáveres de sus hijos, o lo que quedaba de ellos. Era una buena razón para jugársela. Aquí no la teníamos.
(De todas formas, aprenden: por eso el siguiente paso en la democracia moderna es suprimir la mili y hacer ejércitos profesionales)
Al morir Franco, la mitad, pongamos, de la población española se identificaba más o menos con el régimen, aunque fuera por inercia. Y a mucha más de esa mitad, le daba lo mismo a qué jugaran los políticos mientras sus hijos pudieran encontrar una colocación y asegurarse un sueldo. La mayoría de la gente tenía tanto miedo a lo que podía pasar al morir Franco, que acogió con bastante alivio el hecho de que no pasara nada. Y no pasó nada, precisamente porque casi nadie quería que pasara. Si hubiéramos vivido como se vivía en el 36, habría pasado. Todo lo demás, 23-F incluido, son anécdotas.
¿Cuál es la diferencia más importante entre el régimen franquista y el actual? Básicamente, que puedo poner a parir al Gobierno en el bar sin que el parroquiano de al lado me enseñe una placa y me lleve a la comisaría a que me den unas hostias, o me metan la cabeza en la bañera. Que no es poco.
Otra cosa buena es que se meten mucho menos en tu vida; en nuestro caso, la Iglesia se mete mucho menos en tu vida. Y así, puedes ser homosexual sin que te metan en la cárcel, follar sin estar casado, divorciarte y no pasa nada... en fin, esas cosas. Se sustituye el Tribunal de Orden Público por la libertad de prensa y muchas cadenas de tele y radio. Que no es poco.
En cuanto a tener alguna intervención en el gobierno del país, mis posibilidades son exactamente las mismas que entonces. Antes, tenías que ser afecto al régimen, conseguir acercarte a la camarilla de alguien que estuviera situado, ser sumiso, darte a conocer, medrar a su sombra... Ahora, tienes que empezar por afiliarte a un partido. Hemos pasado del monopolio al oligopolio.
En democracia se vive mucho mejor, eres más libre... Claro, en un país rico, esa es la evolución natural de las cosas. En Francia o en Bélgica, que eran democracias, en los 60-70 todavía se mataba a tiros a la gente en las manifestaciones y se torturaba sin demasiados problemas.
La diferencia es sobre todo de marketing. Una dictadura es más tosca. El que manda, manda, por la gracia de Dios, y te dice: esto es así porque lo digo yo. Eso puede humillarte y hacerte desafecto, en cuyo caso tienes serios problemas. En una democracia, lo hacen mejor: nada de gracia de Dios: Puedes votarme a mí o a éste. En cuanto a las órdenes, te las dan por tu bien y casi como que te ordenan por favor y, sobre todo, te dejan quejarte, que es lo bueno, ya digo. Como te puedes desfogar en el tasco, no sientes el impulso de ponerte a conspirar.