Constitución Española.
Art. 21.
1. Se reconoce el derecho de reunión pacífica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.
2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.
Como sabéis, ayer la Junta Electoral Provincial de Madrid, acordó:
NO AUTORIZAR la CONCENTRACIÓN-MANIFESTACIÓN convocada en la PUERTA DEL SOL, de MADRID a las 20 horas, por Dª (…) toda vez que en primer lugar no se considera que concurran causas extraordinarias y graves que justifiquen la urgencia de la convocatoria solicitándola en el plazo de 24 horas, ya que las elecciones están convocadas desde el día 29 de marzo de 2011, y en segundo lugar se considera que la petición del voto responsable a que se hace referencia pueda afectar a la campaña electoral y a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto.
(El subrayado es mío) Sobran comentarios.
Escribo de prisa: Yo pensaba ir en cualquier caso, pero la prohibición ya me enardeció, como es lógico: caramba, que a mis años, no todos los días puede uno ir a una concentración prohibida.
A las 20 h. los accesos a la Puerta del Sol estaban tomados por los antidisturbios. Obviamente, la intención del despliegue había sido impedir el acceso a la plaza, pero se habían visto completamente desbordados por la afluencia de gente. La calle Mayor, Arenal, Preciados, Montera… en todas había dotaciones que no hacían más que mirar cómo entraba gente a la plaza y, si acaso, registrar la mochila de algún veinteañero. En la calle Mayor había siete u ocho furgones esperando. Otros aparcados en la puerta de la Comunidad de Madrid. Nadie con el casco puesto.
No paraba de llegar gente. Entre las 21 y las 22, la plaza estaba completamente abarrotada de público. En la acera de La Mayorquina (según miras a casa Espe, a la derecha) había una hilera de furgones antidisturbios, que hasta ese momento bloqueaban el paso y dejaban una pequeña parte de la plaza libre de gente, se retiraron no sabemos dónde porque se quedaban desbordados y rodeados de personal.
Era imposible cualquier intervención de los antidisturbios, porque la masa de personas era ingente, y en cuanto te adentrabas un poco en la plaza prácticamente no se podía avanzar. O sea, 4 personas/m2, apretadas. Una carga policial habría supuesto muertos por aplastamiento. Obviamente, no se podía hacer.
Cuando, a partir de las 23 y pico la plaza fue vaciándose, volvieron a aparecer los antidisturbios. Dejaban salir a la gente de la puerta del Sol, pero a los que salían ya no les dejaban entrar. Mi opinión y la de algunos amigos era que, en cuanto pasara la conexión del telediario de medianoche, la plaza iba a ser desalojada a lo bruto.
Y así parecía que iba a ser: Sobre las 00 h., por la calle Mayor volvieron a aparecer un siete furgones que fueron aparcando en la puerta de Esperanza, y otros tantos, quedaron aparcados en la Calle Mayor. En las caras de los antidisturbios se veía la tensión de no saber qué les iban a ordenar. La gente de la plaza, aparentemente, seguía bastante despreocupada, salvo algún abucheo ocasional cuando los furgones iban entrando en la plaza.
De pronto, a las doce y media, todos los furgones de la calle Mayor habían vuelto a desaparecer y, como se ha visto, no ha habido desalojo.
Mi opinión es que debió haber mucha llamada entre la Policía, la Delegación del Gobierno y el Ministerio del Interior, porque el despliegue no respondía al patrón clásico (que era lo que yo esperaba) Parecía que habían decidido intervenir, luego no, luego sí y, finalmente, no. Alguien debió pensar que era peor el remedio que la enfermedad.
Como anécdota, presencié el intento del equipo de TV1 de grabar desde la Puerta del Sol. Han dicho que no pudieron por las circunstancias que había, pero la realidad es que la pedorra que presentaba se negó a hacerlo porque siempre le ponían detrás algún cartel reivindicativo (por ejemplo: “Amigos policías, el pueblo os necesita”). Después de cambiar varias veces de sitio, de algunos gritos de “Televisión manipulación”, e incluso de tener una trifulca con un señor de 60 años, por lo visto se largaron.
El ambiente de la plaza fue relativamente festivo, pero lo que en todas las caras se leía era la satisfacción de, por fin, estar reaccionando. Los acampados están bien organizados, aunque necesitan con urgencia un servicio de megafonía eficaz. La supuesta asamblea, que no llegó a producirse, es completamente imposible en tales condiciones.
Estoy muy contento con lo que está pasando, para qué negarlo y, sobre todo, porque de momento, se mantiene el buen orden y no se ha permitido que nadie meta sus sucias zarpas, incluyendo, no sólo a políticos y comediantes, sino a los revienta manifas (policías camuflados o no).
Creo que es imprescindible que se articulen unas propuestas/reclamaciones muy concretas y razonables, que se den a conocer a todos los ciudadanos y que se condicione el fin de las protestas a su cumplimiento, recurriendo incluso a la iniciativa legislativa popular prevista en la Constitución. Eso daría un fin claro a la protesta y evitaría que languidezca en cuanto pasen las elecciones y las ganen los de siempre.
También hay que tener cuidadín con la legitimidad de las decisiones que se adopten. Es decir, cómo se adoptan y cómo se acredita que hay un respaldo a las mismas.
Sobre todo, hay que tener previsto qué se va a hacer cuando se desaloje la plaza, lo que es importante porque dudo que permitan seguir ahí el sábado, jornada de “reflexión.”