29/11/12

Lo que han demostrado las elecciones en Cataluña

El Tambor del Bruch

 Es que no hay nada como la épica para distraer la atención de lo esencial, oiga.

 Ya sabemos que el súbito ardor independentista del Señor Mas sirvió para que los medios dedicaran a las delicias/horrores de una  eventual independencia de Cataluña el espacio que quitaban a la catástrofe económica y social producida por nuestra casta política. Así han tenido a la gente distraída discutiendo en los bares con sus iguales en vez de pedir cabezas: “Si Mas gana, va a acabar con el cáncer en Catalunya” - “No sé qué hace el gobierno que no saca los tanques a la calle”. A la vista del resultado electoral, me llama mucho la atención que a nadie parezca sorprenderle que Mas haya liado la que ha liado para nada. Bueno, para nada, no: para perder 12 diputados así, sin ton ni son.

Porque, vamos, aunque llegué a pensarlo, he desechado la idea de que Rajoy le mandara a Mas unos albanokosovares diciéndole “¡Venga Artur, monta un pollo o te parto las piernas!”. No, he llegado a la conclusión de que se creyó que iba a arrasar. Pero, hombre de Dios, ¿no vio en la Diada la cantidad de senyeras que tenían una estrellita? En fin…

Esa actuación me parece prueba evidente de que esos señores que se supone que nos gobiernan viven absolutamente al margen de la realidad. Como buenos sátrapas, no tienen la más mínima idea de lo que le pasa a la gente normal, ni les interesa. Su percepción de las cosas está fabricada por una cohorte de asesores y empresas demoscópicas cuya única función es manipular al populacho a la opinión pública, para mantener sus sinecuras y, una vez que han convencido al sátrapa de que es el más listo y el más guapo… ¡hombre!, no van a desilusionarlo contándole que lo que realmente piensa la gente es que es un gilipollas o un delincuente. Igual los despide y pone en su puesto a otros que le laman el culo con más ahínco. En fin, ese es el tipo de gente que nos manda, Y nos gusta, porque los votamos.

A mí, lo anterior me parece evidente per se, pero no debe de ser así para todo el mundo; por lo menos, no para los augures, arúspices y demás creadores de opinión. Porque he leído innúmeras columnas y artículos que hablan de relaciones de fuerzas y errores de cálculo, pero ninguna que describa los hechos con el término que a cualquier persona no alienada le viene inmediatamente a la cabeza: Estupidez. Pura y simple estupidez.

Constatar definitivamente que nuestros amados líderes, no sólo parecen estúpidos, sino que, por lo visto, lo son y que, encima, no se cortan de exhibir su estupidez en público (lo que significa que no son conscientes de ella), me permite albergar cierta esperanza y es que igual cunde el ejemplo y esto sólo es el inicio de una epidemia de suicidios políticos.

Tenue esperanza, en verdad, porque sé que la memoria de pez (ictiomemoria) del pueblo soberano les seguirá permitiendo perpetrar estupideces cada vez más novedosas con los votos de la ciudadani@.

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P.D. Mis mejores deseos desde aquí al Partido Pirata, que ha hecho lo que ha podido en este primer intento.



12/11/12

La independencia de Cataluña, la huelga general del 14-N y el fútbol.

Brigadistas recogiendo rancho en prisión ante guardias civiles

La guerra civil estalló porque los grupitos que en los años treinta detentaban el poder en Hispania no querían compartirlo con los que habían ido surgiendo desde fines del siglo anterior. La república perdió la guerra civil porque nunca existió como tal. Frente al bando nacional, rápidamente sometido a un mando único bajo férrea disciplina, la república nunca dejó de ser un amasijo de obediencias partidistas y lealtades dudosas sin un objetivo común, ni siquiera ganar la guerra.

Si los líderes republicanos hubieran servido al interés nacional en vez de servir al interés particular de su facción, el alzamiento ni siquiera se habría producido porque los generales que lo dirigieron habrían sido fusilados antes del 18 de julio: todo el mundo sabía quiénes eran y lo que estaban tramando, pero nadie hizo nada por pararlos.

Como sabemos, no se los fusiló, y pasó lo que pasó. Pasó que en el bando republicano cada uno siguió con su política de camarillas intentando mandar en lugar de los que mandaban antes o, por lo menos, mandar más que los demás de su bando, mientras la gente moría en el campo de batalla y en la retaguardia, hasta el desastre final. En un momento dado, la república se dividió en tres estados: Gobierno central, Cataluña y Euskadi (cuatro, si contamos la parte de Aragón controlada por los anarquistas), que se ponían zancadillas entre sí. Para cuando se recuperó algo de control, el PNV ya había rendido Euskadi antes de huir dejando en bragas a Santander y Asturias y entregando a Franco miles de prisioneros para fusilar. Los comunistas intentaban controlarlo todo, mientras los socialistas y anarquistas naufragaban en peleas internas y los trotskistas eran exterminados. Durante la batalla del Ebro, el ejército más eficaz que había conseguido formar la república, fue aniquilado en una batalla de desgaste mientras los generales que mandaban las fuerzas de Levante (en cuyo beneficio se había montado al operación) y Extremadura desobedecían las órdenes y súplicas de Rojo para avanzar en sus frentes tal como habían planeado. Por su parte, mientras las mejores tropas de la república española morían defendiendo Cataluña, Azaña y Besteiro trapicheaban con el enemigo en Londres, a espaldas del Gobierno, para rendirse. En fin, eso: un desastre.

Aconsejados por el Departamento de Estado y el partido social demócrata alemán -gente seria y mayor- los herederos de los años 30 aprendieron la lección y, así, la transición unió a los sucesores del franquismo y de la república en una sola casta política capaz de atender adecuadamente las necesidades de los poderosos del mundo. Metafóricamente, considero la constitución de 1978 como el Decreto de Unificación de los grupúsculos de ambos bandos para, por fin, volver a un sistema racional de partidos turnantes (de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas) libre de las veleidades revolucionarias surgidas en el siglo XIX, para mejor servir a los que importan, que son, como siempre han sido, los amos de la pasta, dentro y fuera de Hispania.

Desde entonces se han dedicado a entretenernos, haciendo cada facción lo que le tocaba sin que la gente se levantase más de la cuenta: reconversión industrial, decreto Boyer (que, junto con la falta de actualización de rentas desde el 73, es el origen remoto de la burbuja inmobiliaria), contratos basura, malbaratamiento de las empresas y la banca pública, supresión del derecho de los ciudadanos a aprender a manejar un CETME… en un encadenamiento que nos lleva a la situación actual, cuya finalidad parece ser acojonarnos lo suficiente como para que no nos sublevemos cuando entreguen a empresas privadas la Sanidad y la Seguridad Social, que son los últimos grandes negocios en manos del “Estado”.

Para ello, por cierto, también se admitió a los sindicatos en el reparto del pastel: son muy útiles para desmovilizar a la gente, como han venido haciendo desde que se inició el actual desastre. Desmovilizar el día a día y, de vez en cuando, cuando la tensión parece desbordarse, convocar un paro testimonial, para que la gente se desfogue un poco, tenga la impresión de estar haciendo algo, y no los mande definitivamente a tomar por culo.

¿Cómo puede estar pasando todo esto sin que estalle una insurrección? Pues porque los ciudadanos somos gilipollas y nos dejamos distraer con cualquier cosa. Nos distraemos como se distraen los niños pequeños o los chimpancés. Y así, aparte de llenar cada quince días el Bernabeu o el Camp Nou en vez de llenar la calle pidiendo cabezas, por los mismos motivos zoológicos que llenamos estadios, nos dejamos enfrentar por banderitas. Aunque los que enarbolan las banderitas son los mismos que nos están jodiendo hasta límites que jamás habríamos sospechado: la llamada de la tribu activa los reflejos más atávicos. Ante eso, nada puede la razón.

Los jefes aprendieron que están todos en el mismo barco, que los del antiguo régimen tenían que hacer un poco de sitio a los nuevos y que tienen que llevarse todos bien si quieren seguir viviendo a nuestra costa.

Nosotros, es evidente que no hemos aprendido nada. Así nos va.

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P.S.- Me han dicho que doy por supuesto que la gente sabe ciertas cosas, así que, con miedo de ofender a mis lectores, aclaro:

a) Partidos turnantes: sistema político establecido en el llamado régimen de la Restauración, instaurado tras el golpe de Estado militar que derrocó a la primera república (que tampoco se merecía otra cosa, dicho sea de paso) y devolvió a los Borbones a Hispania. Consistía en alternar el Gobierno entre conservadores (Cánovas) y liberales (Sagasta) mediante elecciones fraudulentas, para conseguir un resultado análogo al de PP y PSOE. Bien descrito por Galdós y Valle Inclán.

b) Decreto de Unificación de 1937. Invento de Serrano Súñer, el cuñado de Franco, para crear un partido único en el bando nacional unificando la Falange y el Requeté en algo denominado: “Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista”, que pretendía ser algo como el partido nazi alemán o el partido fascista italiano, Aparentemente, resultó algo mucho más cutre, pero el caso es que sobrevivió muchísimo más tiempo que sus modelos. Hasta ahora. Es que los españoles somos la leche, oiga.



23/10/12

La Educación como arma. Nada nuevo bajo el sol.

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Cosas que deberían enseñar en el cole y dejarse de mamonadas. ¿Cómo van a sobrevivir los estudiantes actuales a un ataque zombi?

Hay muchas formas de privar a los humanos de su derecho a la educación y aumentar el número de alumnos por profesor no es la más grave, aunque aumente el paro. Yo estudié con cuarenta y tantos compañeros y me consta que recibí mejor educación que la mayoría de los educandos actuales. Mucho más daño han hecho las sucesivas leyes educativas desde los 90, con su secuela de eliminación del conocimiento como algo secundario y la cantonalización en diversas concepciones de la realidad, cuanto más limitadas mejor, a beneficio de los gobernantes de turno. Y la tendencia actual a limitar el acceso a la enseñanza por motivos económicos, tanto en la Universidad como en primaria, dedicando a las empresas privadas el dinero que se le quita a la enseñanza pública. En mi modesta opinión, los que tuvieron la idea de cobrar por llevarse la tartera al cole deberían haber sido linchados hace tiempo por una multitud enfurecida. En fin, como ya hemos dicho otras veces, cometieron el error de enseñar a leer y escribir a los esclavos, y lo están remediando. Limitar el acceso a la educación es un arma fundamental de contrainsurgencia preventiva. Siempre lo ha sido. Para ilustrarlo, ¿qué mejor que los clásicos?

“¿Cómo es que 200.000 personas son capaces de explotar a 70 millones con impunidad? ¿Tienen esos 200.000 más vigor físico o más inteligencia natural que los otros 70 millones? Es suficiente plantear esta cuestión para obtener una respuesta negativa. El vigor físico está, por supuesto, fuera de duda, y en lo que respecta a la inteligencia natural, si tomamos al azar 200.000 personas del estrato más bajo y comparamos su capacidad mental con la de los 200.000 explotadores nos convenceremos de que los primeros poseen mayor inteligencia natural que los últimos. Pero éstos tienen una enorme ventaja sobre las masas del pueblo: la ventaja de la educación.

Sí, la educación es una fuerza, y por muy mala, superficial y pervertida que pueda ser la educación de las clases altas, no hay duda de que contribuye poderosamente, junto con otras causas, a la retención del poder en manos de una minoría privilegiada. Y aquí surge la pregunta: ¿por qué está educada la minoría, mientras la inmensa mayoría permanece sin educar? ¿Es porque la minoría está más capacitada en este sentido que la mayoría? De nuevo es suficiente hacer esta pregunta para obtener una respuesta negativa. Hay mucha más capacidad de este tipo entre las masas del pueblo que en la minoría. Lo cual significa que la minoría disfruta del privilegio de la educación por razones completamente diferentes.

¿Cuáles son esas razones? Por supuesto, son conocidas por todo el mundo: la minoría ha permanecido largo tiempo en una posición en la que le era accesible la educación, y todavía permanece en dicha posición, mientras las masas del pueblo no pueden obtener ninguna educación; es decir, la minoría está en la situación ventajosa del explotador, mientras el pueblo es la víctima de su explotación. …

Poco a poco, la mayoría de los explotadores por nacimiento o posición social heredada comienza a creer seriamente en sus derechos innatos e históricos. Y no sólo ellos. Las masas explotadas, sometidas a la influencia del mismo hábito tradicional …, comienzan también a creer en los derechos de sus explotadores ; y continúan creyendo en esos derechos hasta que la medida de sus sufrimientos colma el vaso, despertando en ellos una conciencia diferente.

Esta nueva conciencia despierta y se desarrolla en las masas del pueblo muy lentamente. Pueden pasar siglos hasta que comience a agitarse; pero una vez que se pone en movimiento, no hay fuerza capaz de corregir su curso. Por eso, la mayor tarea del arte de gobernar es impedir ese despertar de la conciencia racional del pueblo, o por lo menos retrasarlo al máximo.

El retraso en el desarrollo de la conciencia racional en el pueblo se debe a dos causas: en primer lugar, el pueblo está abrumado por el duro trabajo, y más aún por los apuros de la vida cotidiana; segundo, su posición política y económica le condena a la ignorancia.

Saber es poder, y la ignorancia es la causa de la impotencia social. La situación no sería tan mala si todos se hundieran en el mismo nivel de ignorancia. Si así fuera, los dotados por la naturaleza con mayor inteligencia serían los más fuertes. Pero ante la progresiva educación de las clases dominantes, el vigor natural de las mentes del pueblo pierde su significado. ¿Qué es la educación sino el capital mental, la suma del trabajo mental de todas las generaciones pasadas? ¿Cómo puede una mente ignorante, por vigorosa que pueda ser su naturaleza, triunfar en una batalla contra el poder mental colectivo producido por siglos de desarrollo? Por eso, a menudo vemos a hombres inteligentes del pueblo asustados ante cretinos instruidos. Esos idiotas no abruman a los demás por su inteligencia natural, sino por su conocimiento adquirido.

Sin embargo, esta situación sólo se produce cuando un campesino astuto se encuentra con un necio instruido en algún nivel de cosas que desborda su perspectiva intelectual. En su propio medio de asuntos familiares, una persona media educada no puede rivalizar con el campesino. El problema está en que, debido a la ignorancia del pueblo común, el alcance de sus pensamientos tiene límites estrechos. Son raros los campesinos con una perspectiva mental que se extienda más allá de sus aldeas, mientras el más mediocre de los hombres instruidos aprende a abarcar con su mente superficial los intereses y la vida de todos los países. Fundamentalmente es la ignorancia lo que impide al pueblo tomar conciencia de sus intereses comunes y de su inmenso poder numérico. La ignorancia le impide alcanzar un mutuo entendimiento y construir una organización de rebeldía contra el robo organizado y la opresión, contra el Estado. En consecuencia, todo Estado sensato usará cualquier clase de medios para preservar esta situación de ignorancia popular en la que se apoyan el poder y la existencia misma del Estado.

Mijail Bakunin: Tácticas y Métodos de Actuación.

23/9/12

Por qué no voy a ir el 25-S a rodear el congreso.

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Pasado mañana, martes 25 de septiembre, hay convocada una acción en el congreso de los diputados en Madrid. La convocatoria, en principio titulada “ocupa el congreso” y luego descafeinada a “rodea el congreso” partió de una plataforma (traducción: un grupo de colegas) denominada “En pie” supuestamente compuesta por gente cercana al 15-M y sus grupos antecedentes (DRY, etc.). Con esto de las redes sociales y el ambiente de cabreo general entre la población civil, la cosa se expandió a velocidad de vértigo.

Antes, cuando se convocaba algo, uno sabía a qué atenerse: los partidos de extrema izquierda o derecha tenían nombre y sabías quién estaba detrás de las siglas, aunque fueran siglas tan arcanas para los hoy menores de 50 años como P.O.R.E., P.O.S.I. o A.R.D.E. Abajo del cartel ponía: “Convocan:” y ahí las siglas de esos partidos que al fin y al cabo eran un grupo de colegas y, luego “apoyan:” y ahí iba una retahíla de asociaciones vecinales, culturales, de solidaridad con las causas más enrevesadas que, por lo general, estaban formadas por los mismos de las siglas anteriores. El caso era aparentar que había una multitud detrás. Pero, por lo menos, sabías quienes eran. Incluso con nombre y apellidos.

Ahora la situación es muy distinta. Yo no tengo ni idea de quién ha convocado esto. Y, por más que ha habido noticias sobre asambleas y discusiones en y con las asambleas locales del 15-M que, supuestamente le han quitado el control a los convocantes originales que han tenido que compartirlo con más gente –poca- que yo tampoco sé quién es, sigo sin tener ni la más remota idea de quién convoca el acto del martes que viene, 25 de septiembre. No es lo mismo crear un hashtag en twitter, o largar en un blog (éste, sin ir más lejos) con pseudónimo, que pretender ir de vanguardia del proletariado para derribar nuestro sistema político desde el anonimato, como si se tratara de los rosacruces o los carbonarios. Se juntan cuatro colegas, dicen que son la inmensa mayoría y listo. Hala, ¡a retwittear!

Aquí, enlace a la presentación de la plataforma “En pie”. Son personas humanas.

Aquí, enlace a una explicación bastante detallada del proceso.

Porque el caso es que esta convocatoria pretende rodear el Congreso hasta que dimita el Gobierno en pleno, se disuelvan las Cortes y la Jefatura del Estado, se derogue la Constitución ilegítima de 1978 y se inicie un proceso constituyente que nos conducirá a un mundo idílico en el que todos seremos felices en la República y Yupi caminará sobre la tierra haciendo el bien.

Es decir, que la convocatoria original era para una sedición en toda regla. Luego se ha ido descafeinando, pero el mensaje permanece. Y, ante esto, quiero decir dos cosas:

Primera cosa: En mi opinión, esta convocatoria tiene una finalidad abiertamente imposible (y ni siquiera deseable) que sólo puede deberse a mentes calenturientas absolutamente aisladas de la realidad o a mentes más cabronas que lo que pretenden es que los antidisturbios den mucha caña y haya sangre en la tele y, en todo caso, que haya detenidos a los que se les pidan penas de cárcel. O sea, que se pretende generar la mayor crispación social posible con la clara finalidad de deslegitimar más aún a los políticos y, lo que es el meollo de la cuestión, al sistema democrático como tal.

Claro que el gobierno ayuda mucho a conseguir esto. Están tan nerviosos que hasta han intentado modificar el Código Penal para que convocar manifestaciones por internet fuera delito, o se dedican a detener ilegalmente a cualquiera que pueda ser relacionado con el 25-S, acusándolo de delitos surrealistas. Parece que Fraga siguiera entre nosotros y que Rajoy ensaye delante del espejo lo de “La calle es mía”. Por eso han previsto mil y pico policías para recibir al 25-S como se merece.

Como los que mandan nos están puteando tanto, y el cabreo es tan general, probablemente irá mucha gente. Lo malo de un cabreo tan general, es que cada vez hay más gente dispuesta a asumir un mensaje muy simple: todo lo que hay es ilegítimo y hay que liquidarlo. Llegados a este punto, la línea que separa a un ácrata bienintencionado de un fascista es muy, pero que muy delgada, y uno no se da cuenta de que la ha traspasado hasta mucho después de haberlo hecho. Tenemos la suerte de que en Hispania aún no ha aparecido un líder carismático que unifique todos esos cabreos en un partido fascista. De momento.

Esta convocatoria va contra el sistema democrático y no contra unos políticos que no nos representan. Por eso se ataca el Congreso en lugar de, pongo por caso, las sedes del PP y del PSOE (en Cataluña y Euskadi, podían incluirse las sedes de CiU y PNV). Además, tiene la ventaja de que muchísimos ciudadanos que saldrían a manifestarse exigiendo sus derechos (yo, sin ir más lejos) no se reconocen en este disparate, que va dirigido a gente con una ideología muy concreta. Divide y vencerás.

Yo ya tengo edad suficiente como para llevar más de treinta años viendo las mismas caras cada vez que se monta una de éstas. A veces, las mismas caras que hundieron Izquierda Unida de mi barrio en los 90 y que luego me encuentro susurrando maldades al oído del moderador en una de las primeras asambleas del 15-M, justo antes de que hubiera renuncias porque las actas no coincidían con lo que se había acordado en la reunión anterior. Por ejemplo.

La misma gente que capó el 15-M echando de allí a cualquiera que no estuviera dispuesto a escribir compañerxs o sólo pretendiera que la crisis la pagaran los que la habían organizado, se juzgara a los banqueros y políticos corruptos y que se estableciera un sistema electoral más justo; para lo cual no hace falta hacer aplausos mudos ni ser feminista. Gracias a esa gente, especialista en okupar oportunidades ajenas para liquidarlas, a estas alturas los medios hablan tranquilamente del 15-M, que ya no es más que un montón de terapias de grupo donde cuatro gatos fantasean con los nuevos colegas del barrio, hacen talleres de marcapáginas para los niños, pasacalles para los mayores y solucionan la subida del gasoil echando aceite de girasol al depósito, que el coche funciona mejor. Eso sí, con mucho movimiento en facebook y en twitter para que parezca que pasa algo.

 Risasguay

15-M: Así acaban las revoluciones cuando uno se dispersa

Segunda cosa (una lleva a la otra): En realidad, me importa un pito quién esté detrás de esto. Lo que me importa es que aparte de para generar mala leche, todo este montaje sólo sirve para seguir teniendo a la gente distraída de lo que realmente importa. Mientras se delira sobre procesos constituyentes, no se está a lo que hay que estar, que es, ni más ni menos, que a defender nuestras lentejas, las de todos.

Los que mandan, o sea, los gobernantes, los banqueros y grandes empresas y los medios de comunicación financiados por éstos, se dedican a asustarnos, a desmoralizarnos mientras aplican la estrategia del shock delante de nuestras narices. Nos tienen acogotados, aguantamos que nos despidan, que recorten nuestros derechos, que se privaticen los servicios públicos, porque estamos asustados. Nos dicen que es que no hay más remedio, que es que no hay dinero, ya sabemos, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y toda esa mierda. Nos dejan en la calle y, ¿qué hacemos? Exigir procesos constituyentes. ¡No me jodas!

Bueno, pues sí que hay dinero. Y no hablo ya de implantar un sistema fiscal que grave a los ricos que hoy no pagan, ni de que el gobierno deje trabajar en paz a la Inspección de Hacienda cuando encuentra fraudes multimillonarios de según quién (cosa que hasta ahora nunca ha ocurrido). No. No hablo de que los que no pagan (vbgr. la Iglesia o las SICAV) paguen . Que también.

Hablo de lo que ocurre con el dinero que ya hemos pagado y estamos pagando todos. Si la Administración deja de tirar ese dinero en subcontratas, no sólo innecesarias, sino mucho más caras que si el trabajo lo realizara la propia Administración; si se dejara de pagar un sobrecoste que a menudo es del mil por cien (y me quedo corto) por servicios innecesarios o que perfectamente podrían realizar gratis los empleados públicos que en teoría están para eso (vbgr. proyectos de obras, licencias de Microsoft); si alguien controlara (¿la Intervención General del Estado, por ejemplo?) que en las adjudicaciones de obras públicas, no sólo se cumplen los formalismos burocráticos, sino que los precios que se pagan (con nuestros impuestos) son los normales de mercado; si se hiciera eso, se ahorrarían millones y millones y millones de euros. Si se eliminaran los cientos de supuestas empresas públicas y oenegés ridículas cuya única función es justificar facturas por servicios con sobrecostes demenciales o, sencillamente, inexistentes; si liquidáramos observatorios, Agencias y demás, si los millones en subvenciones para crear empleo se dedicaran a eso y no se las quedaran… en definitiva, si elimináramos el saqueo del dinero público con el que se financian los partidos políticos y la corrupción de cargos públicos, con la que muchos se llenan el bolsillo, habría mucho –pero mucho- dinero que no habría que recortar de donde no se debe. Dejémonos de procesos constituyentes y denunciemos esto. Y, cuando digo denunciar, me refiero a acopiar datos y llevárselos a la Fiscalía o al Juzgado de guardia.

Pero, en lugar de estar exigiendo eso, que evitaría el marrón que nos estamos comiendo, parece que mola más reclamar procesos constituyentes. Por mí, perfecto. Seguid así. Mientras os dejen.

P.D. Por si alguien con vocación de antropólogo cultural es capaz de tragarse este  vídeo hasta el final, contiene un ejemplo tan largo, tedioso y descorazonador como el striptease de una lagarterana de la retórica 25-S. La voz de contestador automático le añade viveza e interés.

16/7/12

Curiosa fabula moral (por que les quitan la paga extra a los funcionarios y suben el IVA al 21 por ciento)

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El Dos de Mayo: La carga de los mamelucos

Pongamos que yo tengo mucho dinero. Usted me pide que le preste un millón de euros para un negocio que tiene entre manos, prometiéndome que me lo devolverá en cinco años a cambio de un interés del 5% (mi beneficio). Yo me informo sobre la capacidad que tiene Vd. de devolvérmelo y de pagar los intereses. Su idea de negocio me gusta; además, la conozco bien, porque es al que yo me dedico: prestar dinero, así que estoy en inmejorables condiciones para calibrar el riesgo que corro. Después de estudiarlo –un millón de euros es un millón de euros- considero que sí, que Vd. va a poder cumplir; así que firmamos un contrato y le doy un cheque por un millón de euros.

Por desgracia, su negocio no marcha como Vd. creía y al poco tiempo resulta que sus deudores no le pagan y que los bienes que le habían presentado como garantía valían mucho menos de lo que parecía (pero hombre, ¿no los había tasado Vd. mismo?) Deja de pagarme algunos plazos. Yo  debería aplicar el contrato que firmamos, demandarle en el Juzgado reclamándole todo el dinero que le falta por pagar más los intereses que hayan corrido. El Juzgado le embargaría a Vd. sus bienes y los subastaría para reunir el dinero que me debe. Claro que, probablemente, sólo conseguiría cobrar la mitad de la deuda y perdería el resto. Por lo visto, me arriesgué demasiado al confiar en su sentido del negocio y voy a perder medio millón de euros. La verdad es que se me pasó por alto el detalle de que yo le prestaba a Vd. a cinco años para que Vd. prestara mi dinero a cuarenta años. Cosas que pasan.

Como Vd. no quiere que yo le demande, porque no quiere quedarse sin bienes, Habla con el alcalde de su pueblo, que son muy amigos: Oye alcalde, mira lo que me pasa, que tengo un problema temporal de liquidez –pecata minuta- porque mis deudores se retrasan en el pago y los acreedores me están apretando. ¿Tú podrías hacer que me avale el Ayuntamiento? No te cuesta nada, con que me avales todo resuelto. Por cierto, ¿te acuerdas del dinero que te presté para el chalet de Marbella?, nada, hombre, tú no te preocupes. Y he pensado que tu yerno me está trabajando tan bien que le voy a subir el sueldo, nada hombre, se lo merece. Ahora que me acuerdo, a ver si hablas con el interventor del Ayuntamiento, que es que me está preguntando por las facturas esas de la empresa de mi primo, sí hombre, las de tu campaña electoral, te acuerdas, ¿no? Es que el hombre parece que no se entera. Imagínate si sale en los periódicos. Es una tontería, claro, pero ya sabes cómo es la gente.

Su alcalde le dice a Vd. que por supuesto, hombre, para eso estamos y, de paso, la policía municipal encuentra medio kilo de coca en el maletero del Peugeot 206 del interventor, que ya es casualidad. El alcalde sale en la radio local (subvencionada por el Ayuntamiento) diciendo que Vd. es un empresario ejemplar, que su empresa va de puta madre y que el Ayuntamiento está tan seguro, que le avala, que nadie se preocupe, que el pueblo responde por Vd. La verdad es que el alcalde no tiene mucha idea del negocio en el que Vd. anda metido, pero, vaya, si no se fía de lo que Vd. le dice, ¿de quién se va a fiar?

Como yo sé que no soy el único al que Vd. debe dinero, no sé si fiarme, y soborno a su contable para que me diga algo sobre sus cuentas. El contable me dice que no me haga ilusiones, que de cobrar la mitad de la deuda, nada, que con el diez por ciento me puedo dar con un canto en los dientes. Así que, visto que demandarle no me sirve para nada, hablo con la alcaldesa de mi ciudad, que es más grande que su pueblo, por cierto, para que quede con su alcalde en algún sitio turístico y hablen de lo mío.

Después de hablar con mi alcaldesa, su alcalde anda algo preocupado, pero sus asesores encuentran la solución. Mira, te compro la empresa por un euro: tú te quedas como estabas antes de empezar toda esta historia, te damos una indemnización de 100.000 euros por lo bien que lo has hecho, y el Ayuntamiento se queda con tus deudas, ¿te parece bien? A Vd., claro, le parece cojonudo.

Usted se va a su casita de Miami a relajar el estrés y su alcalde contrata un contable de la empresa de un cuñado suyo, que es de confianza (el interventor está en la cárcel acusado de narcotráfico) para que revise las cuentas de su empresa, a ver si puede rebajar algo la deuda, que seguro que no es para tanto. Pero el contable se encuentra con que, efectivamente, Vd. debía más millones a otra gente de la ciudad y, vaya por Dios, ahora es el Ayuntamiento el que los debe. Bueno, no importa: metemos algo de dinero del presupuesto y sacamos la empresa adelante, que hasta nos va a dar beneficios en cuatro días, según dice el alcalde por la radio local.

Pero el alcalde no había caído en que, cuando las últimas elecciones habían hecho una casa de la cultura que iba a ser la hostia (para que los del pueblo de al lado se muriesen de envidia) con el arquitecto ese amigo del secretario, que cobró una pasta; bueno, también está lo del metro a la era, que también salió más caro de lo que pensábamos, aunque mereció la pena, joder, porque ser el único pueblo que vas a la era en metro da mucho prestigio. Vale, aún estamos pagando el crédito, pero merece la pena. Además, con lo que sobró por ahí pagamos los carteles de las elecciones, a la empresa de publicidad y el Audi que quería la mujer del alcalde. Bueno, también está y la subvención al grupo de teatro, que era obligada, que luego los de la ciudad dicen que en el pueblo no defendemos la cultura.

Mi alcaldesa ve todo esto con cierta preocupación, porque está viendo que, si su alcalde no afloja la mosca, mis socios y yo le vamos a decir a ella que la próxima campaña electoral se la paga Rita y, eso, no. Así que vuelve a quedar con su alcalde en otro sitio turístico y le dice que ya puede ir sacando la pasta de donde le parezca pero que, o paga o le manda a unos kosovares que ella sabe que hacen trabajitos finos. Por suerte, a Vd. todo esto ya se la refonfinfla, porque sigue en Miami con dos pedazo mulatas.

Así que su alcalde se junta con los concejales y descubre que hay un montón de sitios de donde sacar dinero para pagarnos a mí y a mis colegas: vamos a ver, ¿para qué coño queremos un ambulatorio en el pueblo? Hasta hace cuatro días nos apañábamos con don Justino, el practicante, y tan felices que estábamos, ¿no? ¿Y el colegio? Pero si aquí nunca hemos tenido colegio, ¿qué pasa, que necesitamos un maestro para que enseñe a los críos a segar la cebada? ¡Vamos, no jodas! Fuera, fuera. Y los de la basura… pero si antes pasaba el tío Nicasio con el carro mulas y todo iba de puta madre, y además servía de abono. Fuera. Y mira todo lo que se ahorra en personal. Por cierto, hablando de personal, vamos a despedir a los dos administrativos y al pregonero. MI otro yerno ha montado una gestoría y nos hace el trabajo por sólo el triple de lo que pagábamos a esos parásitos de mierda. La fuente de la plaza: en el pueblo de al lado han puesto una modernísima, que va con monedas, si es que parecemos gilipollas, joder, ¿qué es eso de que la gente ponga el morro y beba gratis? Por cierto, ahora que hemos vuelto al carro mulas, ¿por qué no ponemos un impuesto a la alfalfa? De ahí nos sacamos unos euros también, y controlados, que como se la tienen que pagar al primo del teniente alcalde… Y, como las mulas se tiran un montón de pedos y contaminan un huevo, vamos a poner una tasa ecológica y también sacamos algo y, además les callamos la boca a los ecologistas, que mira que rajan. Esto hay que decirlo en la radio, para que la gente se cabree con los de las mulas y los ecologistas nos apoyen. Y ¿los de las tiendas? cada vez pagan menos impuestos los cabrones. Dicen que es que, como la gente no tiene curro, gasta menos. ¡Ya! Lo que hay que hacer es subirles los impuestos, para que sean solidarios y compartan con el pueblo toda esa pasta que ganan, que aquí todos tenemos que hacer sacrificios, que no se crean que el Ayuntamiento les va a seguir pagando los vicios.

¿Y la policía local? ¡Ah, sí!, joder, ahí hay que convocar plazas nuevas que, como ahora la gente tiene mucho tiempo libre, andan mucho por la calle y le insultan a mi señora cuando se la encuentran en la plaza. Hay que tenerlos a raya. Vamos a sacar una ordenanza para que los municipales puedan detener a los paisanos si hay más de tres en el bar al mismo tiempos. Que es que, como son unos vagos que no les sale de los cojones trabajar, se juntan, hablan y, se les ocurren muchas gilipolleces, que parece que se creen que el pueblo es suyo.