27/6/09

Gomorrra




Estos días por fin me he leído Gomorra, el famoso libro de Roberto Saviano
sobre la Camorra napolitana. Estoy sorprendido. El auge mediático del libro,
sobre todo después de la película, entra en la mecánica del mercado; pero el
entusiasmo de gente cercana a mí, incluida la amiga que me lo ha prestado,
me asombra. Resulta que no tienen claro en qué mundo viven. Como decía
uno de mis camellos predilectos, llevan toda la vida en el Oeste y no conocen a
Buffalo Bill.

Yo esperaba algo importante, al estilo de Bob Woodward o John Fisk, o incluso
Loreta Napoleoni; pero qué va, qué va... No hay nada en la obra que no haya
salido en los periódicos o en las sentencias de los procesos antimafia que,
imagino, en Italia estarán disponibles en internet, igual que en España (con
cualquier sentencia de la Audiencia Nacional sobre la mafia rusa o el terrorismo
yihadista podría escribirse una novela del copón). Creo que en el libro no se
menciona un sólo nombre de camorrista que no esté en la cárcel o muerto, así
que las amenazas de muerte no entiendo a qué obedecen, tanto más cuanto
que al parecer la venta de CD piratas de la película ha proporcionado
interesantes ingresos a la Camorra.

El libro es deslavazado, atravesado de reflexiones personales del autor para
excitar el ánimo del lector sin terminar de concretar nada sobre el
funcionamiento concreto del "Sistema", la relación entre negocios legales e
ilegales, el blanqueo de capitales, la corrupción política y administrativa... se
mencionan, hay referencias continuas, pero sin explicar nada. El objetivo del
libro, más que informar, es facilitar sensaciones y para eso lo propio habría sido
escribir una novela.

El último capítulo, que parece un añadido de última hora, sobre el mercado de
los residuos, aunque da algunos datos interesantes aunque muy generales, es
un ejemplo del estilo hiperbólico del autor:

"Si los desechos que escapan al control oficial -según estimaciones de la
asociación ecologista Legambiente- se unieran en un solo montón, su conjunto
formaría una cordillera de catorce millones de toneladas: prácticamente como
una montaña de 14.600 metros de altura con una base de tres hectáreas.
Pénsese que el Mont Blanc tiene 4.810 metros y el Everest, 8.844, de modo
que esa montaña de residuos que han escapado a los registros oficiales sería
la mayor existente en toda la tierra."

¿Por qué una base de tres hectáreas? ¿El Everest tiene tres hectáreas de
base? Yo soy así, no me imaginé una montaña como dos Evereses, sino una
tambaleante columna de unos 170 metros de lado por 14 kilómetros de altura.

Dato: al igual que se escandaliza de que un pobre capo haya amasado merced
a su actividad delincuencial la inenarrable fortuna de ¡35 millones de euros!
(angelito):

Vertedero comarcal de la Vega Baja del Segura:

Residuos urbanos: 327.000 toneladas/año.
Residuos de la construcción: 57.000 toneladas/año.
Residuos voluminosos: 7.300 toneladas/año.

Una obra tan "documentada" llama AK-47 a todo chisme derivado del invento
de Kalashnikov. Mejor llamarlo cuerno de chivo. En internet están disponibles
todas las versiones para reconocer los materiales y, entre otras cosas, su lugar
de fabricación, algo la mar de interesante para seguir el rastro desde su origen
hasta el usuario final. Así se descubrieron los manejos de los servicios secretos
franceses para armar de tapadillo al ejército ruandés que estaba cometiendo el
genocidio tutsi ya antes del 94, aunque, obviamente, nadie ha hecho una
pelicula sobre eso. Fíjate, qué lástima de oportunidad perdida. En cambio, ya
se sabe: los arsenales abandonados a su suerte de los países del Este ¿De
qué países, qué arsenales, cómo se consiguen las armas, cómo llegan a
Nápoles?

La Camorra está en el negocio de las armas, pero sólo aparece como
vendedora. Así, la Camorra adquiere carros Leopard del ejército de Alemania
Oriental para vendérselos a Arkan, el señor de la guerra serbio durante el
conflicto balcánico. Primera noticia que tengo. Si me dices T-72, vale, pero
ignoraba que el ejército de la RDA tenía Leopard. Eso sí: los carros iban
desmontados. Da la impresión de que tú coges un carro de combate de 50 o 60
toneladas y lo desmontas como si fuera un CETME para pasar la aduana. Me
gustaría que explicara el procedimiento ¿lo cortaron en trozos con una lanza
térmica y luego pensaban volver a soldarlo? Este tipo de cosas abonan la
impresión de charlas de bar no confirmadas.

Lo de probar el corte de la droga en los yonkis no te vayas a cargar a algún
cliente, era una práctica tan extendida en Madrid que me sorprende que
alguien se sorprenda de ello a estas alturas y, cuando trata sobre la distribución
de sustancias al por menor, me da la impresión de que ese hombre no se ha
fumado un porro en su vida. Parece haberse inspirado directamente en los
folletos de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (que, por cierto, la
propia FAD ha comprendido que no sirven para nada)

Los talleres donde se confeccionan las vestimentas de la alta costura italiana...
¿Acaso alguien pensaba que se cosían en fábricas versallescas por modistos
vestidos de etiqueta? El mercado. Punto. ¿Quién es responsable, la Camorra,
Versace o el estado italiano?

La impresión general que queda (no digo que sea la realidad, digo que es la
impresión que me ha dejado a mí) es que los camorristas son una amalgama
de aficionados que hacen el trabajo sucio a las grandes empresas, a las de
verdad y que, como por esos lares el Estado no existe salvo en forma de
Carabinieri, la única que consigue algún tipo de trabajo a la gente es la
Camorra y por eso existe.

Lo único que son tan primarios que son muchos y se dedican a darse
puñetazos en el tórax y a pelearse entre sí a tiros en lugar de centrarse en el
negocio. Si al final el autor se viene a vivir a España, podrá ver cómo trabajan
los profesionales en un país civilizado. Todo ordenado, pocas familias,
respetables, y los tiros (de plomo) como último, último último recurso. Y todo
legal, joder, como debe ser.

28/5/09

Sustancias




A mediados del s. XIX, el Imperio Británico entró en guerra con el Imperio Chino. En aquella sazón, el Emperador de China, el Imperio del Centro, aún tenía la curiosa idea de que Victoria, Regina Imperatrix, cuyos casacas rojas se disponían a desmantelar su Imperio, era una pintoresca vasalla que gobernaba en su nombre a unos bárbaros feísimos de caras coloradas que comerciaban en sus puertos.

El sistema empleado por el Gobierno chino para designar al general que indefectiblemente habría de derrotar a los bárbaros, fue ordenar a los candidatos la redacción de una composición poética sobre los fastos de celebración de la victoria. Como es sabido, tal victoria nunca tuvo lugar y China dejó de ser una potencia mundial para deslizarse a velocidad uniformemente acelerada por la pendiente que lleva al muladar de los estados fallidos.

Aquella guerra se produjo porque los honorables comerciantes anglosajones consideraron inaceptable para Las Reglas del Libre Comercio que el Gobierno chino decidiera prohibir la importación de la principal mercancía occidental: unas bolas parduzcas que proporcionaban paraísos artificiales: opio.

El Gobierno chino estaba alarmado por el creciente número de súbditos suyos enganchados al opio; pero más alarmado estaba por el insoportable desequilibrio que ese tráfico producía a su balanza comercial.

El Gobierno de Su Graciosa Majestad se alarmó, a su vez, ante la previsible ruina de sus honorables comerciantes y de que el rentable saqueo de la plata y demás productos chinos pudiera tocar a su fin.

Resultado: el derecho inalienable de los chinos a drogarse fue garantizado por las armas frente a su gobierno inicuo, que pretendía prohibírselo.

Durante los siguientes 100 años, poco más o menos, las diversas sustancias estupefaccientes y psicotrópicas fueron una cuestión neutra y hasta literaria; hasta que en los años 20 del siglo pasado, los sucesores de aquellos honorables comerciantes acometieron lo que podríamos llamar un "ensayo general con todo" en los Estados Unidos de América. Rescataron del olvido los argumentos del gobierno chino de mediados del XIX, y, mirando por el bienestar de los súbditos de la Unión, prohibieron la elaboración, comercio y consumo de bebidas alcohólicas.

Resultado: altamente satisfactorio. Se demostró empíricamente que la demanda de sustancias para colocar al personal es inelástica y que no decrece apreciablemente por más que encarezcas su precio o dificultes el acceso a las mismas.

Por otra parte, al eliminar la carga impositiva sobre las sustancias, el beneficio de los honorables comerciantes se incrementa proporcionalmente, generando grandes fortunas; lo que se traslada con limpieza al flujo circular de la renta, que será dedicada a cosas prácticas en lugar de a esas tonterías en las que los gobiernos acostumbran a malgastar el dinero de los impuestos que roban a la gente. Además, no hay problema, porque el dinero obtenido del tráfico ilegalizado debe ser blanqueado y, al final, genera ingresos fiscales quieras que no.

Más ventajas adicionales:

- Se crean muchos puestos de trabajo en los sectores relacionados con la represión.

- Se justifica el incremento descontrolado de dicha represión con una excusa tan moral como es la salud física y espiritual de la ciudadanía.

- Se incrementa la delincuencia, lo que produce un efecto de retroalimentación, asustando mucho a la gente, que reclama más represión y más merma de libertades perfectamente inútiles para la vida ordinaria.
- Se genera un nivel saludable de corrupción de forma que los funcionarios públicos puedan mejorar su nivel de vida y gastar más.

- Como la ciudadanía lo reclama, se reducen democráticamente más libertades inútiles y se aumenta el control sobre la población: incluso aumenta la estabilidad laboral: Edgar Hoover estuvo más de 40 años al frente del FBI, lo suficiente como para conducir la transición desde la prehistoria a la situación actual.

¿Por qué la Ley Seca sólo fue un ensayo? Supongo que por tres motivos:

a) Se prohibió una droga socialmente aceptada, de hecho, se prohibió una de las bases de la Civilización Occidental; lo que -obviamente- molestaba a casi todo el mundo, generando desafección al Gobierno y, como cada cuatro años los ciudadanos de la Unión tenían que votar, la cosa era insostenible.

b) Sólo se prohibió el alcohol en Estados Unidos, por lo que el tráfico de drogas de calidad, por ejemplo, Johnnie Walker o Moët Chandon, quedó en manos de empresas perfectamente legales de terceros países que, aparte de incurrir en prácticas de competencia desleal con la Cosa Nostra, proporcionaban jugosos ingresos a sus respectivos fiscos.

c) Los Estados Unidos se convirtieron en el hazmerreir del mundo. (De hecho, lo mejor de la Ley Seca fue catapultar a Concha Piquer al estrellato)

Visto lo visto, los honorables comerciantes reflexionaron sobre los resultados del experimento y extrajeron sus conclusiones:

Se dieron cuenta de que no podían garantizar el apoyo de los electores, bebedores en su mayoría, a la prohibición con el sólo auxilio de unas cuantas sufragistas histéricas y algunos predicadores más bien heterodoxos.

Por otra parte, comprendieron también que la siguiente prohibición, para que fuera eficaz, habría de ser a escala mundial.

Así, hubo que esperar a que

a) Se inventaran instancias internacionales que fueran, al menos temporalmente, consideradas unánimemente como guays: la ONU y la OMS.

b) Se generalizaran sistemas eficientes de indoctrinamiento: la tele y el cine en (sonoro y en tecnicolor) que saturaran a la población target hasta que asumiera por simple inercia la situación.

Entonces, aplicando lo aprendido, se concentró la prohibición en sustancias no tradicionales en el mercado occidental (básicamente, opiáceos, cannabináceos y cocáceos), por tanto, no defendidas socialmente y cuya extracción del comercio de los hombres generó escasa alarma social y afectó poco a las grandes empresas. Se esperó a que fueran ilegales para promover su consumo como algo socialmente prestigioso.

Resultado: óptimo. Como mínimo, decenas de miles de puestos de trabajo represivos, sistemas penitenciarios saturados de gente que en los años 40 no habrían hecho nada ilegal, incremento exponencial de la delincuencia violenta generada por la prohibición, corrupción rampante, estados fallidos, excusas perfectas para intervenir en terceros países (pobres) financiación autónoma por los servicios de sus guerras subterráneas, control de la población hasta unos niveles insospechados, pero la mar de útiles: ¿derecho a la intimidad? ¿habeas corpus? ¿secreto de las comunicaciones? Como había dicho anteriormente el último jefe de la Ojrana, a la única gente que le preocupa que la policía le lea las cartas antes de que el cartero se las eche en el buzón, es a los delincuentes. Oposiciones políticas desmanteladas casi sin esfuerzo; miles y miles de muertos: miedo, que es lo que necesitan los que mandan para que el populacho les exija que hagan precisamente aquello que están deseando hacer.

A día de hoy, si los cárteles de las sustancias decidieran sacar su pasta del banco, nos enteraríamos de lo que es una crisis, y no esta moñigada.

A pesar de lo dicho, la experiencia me ha llevado a creer más en las coincidencias y en la infinita estupidez humana que en las conspiraciones. En este caso, la situación, salvo por parte de núcleos de moralistas muy activos, se mantiene más que nada por inercia; como una guerra de guerrillas enquistada e imposible de ganar. A pesar de todo, o precisamente por ello, resulta que el gramo de coca en Madrid, hace 20 años costaba, si no eras amigo del camello, unas 12.000 pesetas, o sea, unos 72 €; a día de hoy, en las mismas condiciones, cuesta 50 €. Teniendo en cuenta que, si esos 72 € hubieran correspondido al alquiler de una vivienda, en 20 años se habrían convertido en 148,25 €, se plantean cuanto menos algunos interrogantes sobre la eficacia de la prohibición y las prioridades sociales.

21/5/09

Contrastes culturales




Mis mayores me educaron para que mirase siempre por algo denominado "el día de mañana", concepto éste que parecía aludir a una especie de consumación de los tiempos customizada. El día de mañana incluía dos conceptos: "colocarte" y "ser alguien", que, contra lo que pueda parecer a los descarriados usuarios de estos tiempos de perdición, eran casi sinónimas; digamos que lo uno conllevaba lo otro. He de decir que "colocarte", carecía por aquel entonces de cualquier connotación politoxicómana (de hecho, el término "politoxicomanía" no existía en nuestro diccionario).


Para convencerte de que estudiaras, te remitían con insistencia al cuento de la cigarra y la hormiga o a la parábola evangélica de los talentos. Obviamente, yo pensaba que lo que les dejaba el amo cuando se piraba eran talentos de otro tipo, o sea, 2 o 3 inteligencias. Por cierto, que en esta parábola está el germen del pensamiento liberal. Una vez que estaba pedo sostuve que se trataba de una interpolación de Adam Smith. Por desgracia, un conocido que estaba haciendo el doctorado en semíticas (y tan pedo como yo) me sacó de mi error, prorrumpiendo, a renglón seguido, en maldiciones en Siríaco y posteriormente haciendo que nos echaran del bar porque el hombre, aunque erudito, es karateka y nos pusimos a hacer Kumite y... bueno, eso da para otra historia.


A lo que iba: lógicamente, el día de mañana que uno esperaba era otro. Más que administrador de fincas o jurídico militar, yo me decantaba por ser un afortunado conquistador (de naciones ignotas, ojo, que en aquella época las niñas eran todavía unos coñazos con coletas que entretenían sus ocios con juegos aberrantes, como la goma o el maiselfo yuti) o, al menos, intrépido explorador de igualmente ignotos territorios.


Ahí empecé a apuntar maneras, creo yo: la primera vez que me visualicé a mí propio, no abriéndome paso a esforzados machetazos de parang o kampilang (según fuera con malayos o dayaks) por los manglares, ni exterminando para beneficio del género humano a los malvados tughs de los Sunderbunds, (con mi kriss envenenado con jugo de upas -o baba de bis cobra- y mi carabina de mar cargada de metralla hasta la boca) sino contándolo luego en sesión solemne de la Real Sociedad Geográfica ante un público erudito y entregado.


Pero bueno, el tiempo pasa y, aunque tú sigues pensando que "el día de mañana" debe estar ya a la vuelta de la esquina, en realidad, según tus cálculos infantiles debe de haber pasado hace por lo menos 15 o 20 años y, un buen día, descubres que tu cara se va convirtiendo en una caricatura de si misma y, ni has conquistado nada, ni has exterminado para beneficio de la humanidad a los puñeteros tughs del tal Suyoddahnna (mírame: yo también soy un tigre) y, lo que es peor: es que ya ni te interesa, así que tampoco es que lo eches de menos.


Eso sí, uno tiene su consuelo, aunque sea un poco ruin: lo de "colocarse" (o sea, tener un curro fijo y bien pagado, para toda la vida) ya sabemos que pertenece a un pasado que no ha de volver: era un sueño para generaciones de posguerra y autarquía. En cuanto a lo de "ser alguien"... bueno, resulta que lo que hacía la gente que "era alguien", o sea, lo lógico: llenarse los bolsillos, hacer favores a los colegas, enchufar a los hijos de los colegas (y hasta a las hijas, si era para secretarias), tener coche oficial (en el avión ni se pensaba entonces) para usos particulares... (mi abuelo tenía un Seat 800 oficial, con chofer, también usado como micro-taxi) o sea, todas esas prebendas a que aspira toda mentalidad feudal (o sea, normal) va y resulta que hoy día son delito. Y no sólo son delito, sino que te sacan en los periódicos y te ponen a parir y hasta te graban las charlas con los colegas.


Y, oye, uno será lo que sea, pero también le educaron para ser una persona de orden y, de eso de delinquir, nada; hasta ahí podíamos llegar.






17/5/09

Mitos fundacionales





Las ideas, o los ideales, políticos son construcciones superestructurales inventadas para dar un barniz intelectual a los instintos básicos que compartimos con los demás primates: hembras que fecundar y territorio donde alimentarse. Unos mandan y el resto obedece. La guerra sirve para quitar ambas cosas al enemigo o para evitar que nos las quite. Todo lo demás es farfolla.

Las ideas -o ideales- republicanos, se basan en la historia de la República romana inventada por Tito Livio y, con anterioridad, en una Atenas también inventada. A continuación, el texto inaugural: parte del discurso fúnebre de Pericles en honor de los primeros muertos atenienses en la guerra del Peloponeso, según Tucídides.

Propaganda de guerra ateniense. Tan buena que ha sobrevivido hasta hoy, cimentó la idea de que los europeos éramos superiores al resto del mundo y, entre la gente semiculta que queda, la especie de que Atenas era una democracia y Esparta una tiranía. La guerra del Peloponeso duró 27 años, arrasó Grecia y la carnicería se extendió desde el Asia Menor y Egipto, hasta Sicilia. La empezó Atenas. Y la perdió.

La inventiva política no ha introducido novedades en 2.400 años. En esta sarta de mentiras, bellamente discurseada por un Estrategos Autokrator que, de acuerdo con los parámetros actuales, sería cliente para el Tribunal de Nüremberg, se basa nuestra actual mitología política y la extraña pervivencia de republicanos entre nosotros. Con todos ustedes, los mundos de Yupi :

(...)

Nuestro régimen político no trata de imitar las instituciones de los pueblos vecinos, porque nosotros somos más bien modelos que imitadores de otros. En cuanto a su nombre, es una democracia, porque la administración está en manos no de unos pocos, sino en las de la mayoría. Más si la ley es igual para todos en los intereses privados, es con arreglo a la consideración de cada ciudadano en alguna cosa y no por razón de su clase social, sino por la de sus méritos personales, que se prefieren para las funciones políticas; e, inversamente, la pobreza no traerá la consecuencia de que un hombre que sea capaz de prestar un servicio al Estado se vea entorpecido por su oscura condición social. Nosotros practicamos la libertad no sólo en la norma de gobierno en la vida pública, sino también en lo que viene a constituir recíproca sospecha en la vida cotidiana; nosotros no nos irritamos con nuestros vecinos si obran a su gusto, ni les ponemos mala cara, que no daña pero duele. Sin molestias en nuestras relaciones privadas, el temor nos retiene a ejecutar cualquier acto fuera de la ley, porque nosotros cumplimos con exactitud las disposiciones públicas obedeciendo siempre a los magistrados y las leyes, en especial las establecidas para proteger a las víctimas de la injusticia y las no escritas, cuya transgresión lleva consigo el desprecio general.

Además de esto, para descanso de las fatigas, hemos proporcionado al espíritu numerosos esparcimientos: tenemos concursos y fiestas religiosas que se suceden con regularidad a lo largo de todo el año, así como instalaciones lujosas, y el placer cotidiano que nos producen estas cosas aleja las contrariedades. Vemos llegar a nuestro país, gracias a la importancia de nuestra ciudad, todos los productos de todo el mundo, y así nos resulta tan familiar el gozar de los bienes de los otros países como de los de la misma Ática.

Nos diferenciamos también de nuestros adversarios por la manera de prepararnos para la guerra. Nuestra ciudad está abierta a todo el mundo y nunca expulsamos a un extranjero o le privamos de aprender a ver alguna cosa que, al no estar oculta, puede ser vista por un enemigo y serle útil; porque nuestra confianza se basa menos en los armamentos y las estratagemas que en el valor que poseemos en el momento de actuar. Y en cuanto a la educación, contrariamente a estas gentes, que establecen desde la juventud un entrenamiento penoso para conseguir la fortaleza viril, nosotros, con nuestro modo de vivir en libertad, no dejamos de hacer frente, por eso, con menos valor a los peligros proporcionados a nuestras fuerzas. Y aquí la prueba: los lacedemonios no vienen solos, sino con todos los aliados, a atacar nuestro territorio; nosotros, en cambio, vamos solos al país vecino y, a pesar de que luchamos en territorio extraño contra unos enemigos que defienden su patria, generalmente les vencemos sin grandes dificultades. Jamás todas nuestras fuerzas reunidas se han visto comprometidas contra un enemigo, puesto que hemos de atender a la vez a nuestra marina y enviar por tierra a nuestros soldados a numerosos objetivos; pero ellos, si tienen un encuentro con una parte de los nuestros y los derrotan, se envanecen como si las hubiesen rechazado a todas y, cuando son vencidos, proclaman que lo fueron por la totalidad. Sin embargo, si nosotros queremos afrontar los peligros más con despreocupación que no con una penosa instrucción y con un valor que proporcionan más los propios hábitos que no el regulado por las leyes, sacamos la ventaja de no anticiparnos a los sufrimientos que nos esperan y cuando nos llega la hora no nos mostramos con menos valor que los que se atormentan continuamente. Éste es uno de los aspectos por el que nuestra ciudad merece la admiración, aspecto al que hay que añadir otros todavía.

Nosotros amamos la belleza con simplicidad, y somos amantes de las cosas del espíritu sin dejarnos llevar de la molicie. Nosotros hacemos uso de la riqueza más para obrar convenientemente que para hablar con arrogancia, y la pobreza para nadie constituye una vergüenza, sino que es deshonroso el no hacer nada para salir de ella. Una misma persona, entre nosotros, se preocupa igual de sus asuntos privados que de los del Estado, y cuando ocupaciones diversas ocupan a personas diversas, pueden llegar a tener un juicio sobre política que no deja nada por desear. Pues somos los únicos que consideramos no como un tranquilo, sino como una persona inepta, al ciudadano que no toma parte en los asuntos públicos; y nosotros mismos juzgamos o consideramos detenidamente los asuntos, porque creemos que no son las palabras las que perjudican a la acción, sino el no haberse informado con anterioridad, por medio de la discusión, de lo que debe hacerse. También nos distinguimos porque demostramos la mayor audacia y calculamos a fondo la empresa que vamos a emprender, mientras que, en los otros, la ignorancia les arrastra a la audacia y el cálculo a la irresolución. Pues son los de espíritu fuerte los que, poseyendo una idea clara sobre las penas y placeres de la vida, no rehuyen los peligros. También en cuanto a generosidad nos diferenciamos de la mayoría, puesto que nos ganamos los amigos no recibiendo, sino haciendo favores. El bienhechor es un amigo más seguro, porque quiere con continuas muestras de afecto perpetuar la deuda de reconocimiento así creada; en cambio, el que es deudor es más débil, porque se da cuenta de que, al devolver el favor, no adquiere reconocimiento alguno, sino que simplemente se limita a satisfacer una deuda. Y somos los únicos que hacemos el bien siguiendo menos un cálculo de interés que la confianza propia en la libertad.

En resumen, afirmo que Atenas es en todo la escuela de Grecia, y me parece que cada uno de nosotros tiene en sí el poder de adaptación a las más diversas formas de actividad de modo gracioso. Y que lo que digo no es una baladronada inspirada por el momento, sino la verdad objetiva, lo indica el poder de nuestra ciudad, poder que hemos adquirido por nuestras cualidades. Sola entre todos los Estados actuales, se revela en la prueba como superior a su reputación; la única que no despierta entre los enemigos que la atacan irritación por sufrir una derrota en manos de tal adversario, ni queja en sus súbditos por ser gobernados por personas indignas. Y por las grandes pruebas, y ciertamente no sin testimonio, que hemos ofrecido de nuestro poder, seremos admirados por las generaciones presentes y futuras; no tenemos necesidad de las alabanzas de Homero ni de otros cuyos acentos pueden agradar de momento, pero que la verdad de los hechos destruye sus ficciones; hemos obligado a todos los mares y a todos los pueblos a ceder ante nuestra audacia, y por doquier hemos dejado monumentos imperecederos, recuerdos de fracasos y de éxitos. Tal es, pues, nuestra ciudad, por la que éstos han luchado y han muerto heróicamente, por no permitir que les fuera arrebatada, y asimismo, de entre los que quedan, cada uno debemos naturalmente aceptar el sufrir por ella.

(...)



13/5/09

Las revoluciones molan etc. II

Como los comentarios del postio anterior se iban alargando, abro uno nuevo.
Vamos a ver, Alberto, Fer, Pau, Hans...

Pues yo sí creo que la guerra civil empezó con una sublevación de una parte importante del Ejército, casi todas las formaciones de derecha no nacionalistas con el apoyo de casi toda la Iglesia (especialmente desde el púlpito y la escuela) contra un gobierno legítimo. Calvo Sotelo, que era el líder reconocido de los que negaban la legitimidad, no ya del gobierno del Frente Popular, sino de la propia República, se calificó a sí mismo de fascista en las Cortes, eso sí, con la habilidad dialéctica que le caracterizaba. Desde luego, su comportamiento lo era.

Otra cosa es la situación de caos existente en los meses previos al así llamado alzamiento, el Gobierno había perdido el control de la situación y, realmente, no volvió a recuperarlo. Pero ese caos fue en buena medida provocado por la misma derecha que se sumó gozosa al alzamiento: los terratenientes dejando pudrir las cosechas en lugar de recogerlas para doblegar por hambre a los jornaleros levantiscos, los pistoleros de Falange o de la patronal (a veces eran lo mismo)... hay bastante de qué hablar.

Por su parte, la CNT andaba, por ejemplo en Andalucía, en estado de práctica insurrección. El PSOE también tenía sus milicias armadas (hasta sus tropas de choque "la motorizada") El Ejército y las Fuerzas de Seguridad estaban totalmente politizadas... no hay más que recordar que a Calvo Sotelo se lo cargó un capitán laureado de la Guardia Civil. Ya se sabe, acción - reacción.

Yo creo (no soy muy original) que podemos tomar como punto de no retorno para estas cosas el desastre de Annual.

En cuanto al postio anterior, yo me refería a la última época del franquismo y creo que se me entendía. De ninguna manera he dicho que fuera una época estupenda, sino que, en general, la represión se dirigía contra los que más se movían y que la mayoría de la gente pasaba.

Sí que se torturaba, era algo normal. Uno de mis mejores amigos (Capazorros lo conoce) lleva plantillas ortopédicas desde el 73 en que disfrutó de la hospitalidad de la Brigada Político Social en la Puerta del Sol. No sólo le destrozaron los pies, sino que le adiestraron en apnea con el viejo truco de la bañera. Claro: era de la CNT. Leyó el postio anterior antes de colgarlo y estaba bastante de acuerdo.

La figura del estudiante volador era algo muy típico en los 60. De todas formas, en cuanto a las barbaridades de las dictaduras latinoamericanas (la argentina y la chilena son sólo las más mediáticas) no hay que compararlas con el franquismo terminal, que era casi civilizado en comparación, sino con los primeros cinco o diez años del régimen franquista. Ahí gana Franco por goleada. Oye, y sin asesores de la CIA.
En mi modesta opinión, el turismo y la emigración tuvieron un papel más relevante en el advenimiento de la democracia en España que los partidos o grupos de oposición.