16/3/08

Venceréis pero no convenceréis


(La imagen no corresponde al acto -ésta es del 31- He encontrado una, pero no hay forma de subirla y que se quede aquí. Ya lo intentaré)

Hace unos postios, hablé de lo último que escribió Unamuno. Fue una carta al director de ABC, en respuesta a una información falsa sobre él que había sido publicada el día anterior. 11 de diciembre de 1936. En aquel momento, Unamuno llevaba desde el 12 de octubre en arresto domiciliario y le quedaban unos días de vida. Dice así (en Carlos Rojas, "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte! Salamanca 1936", Planeta, 1995.)

Aunque conozco de antiguo, señor mío, su característica mala fe, esta vez quiero decírselo. En el número de ese ABC sevillano de ayer, día 10, leo un suelto que dice: "Carta de don Miguel de Unamuno a todos los centros docentes extranjeros." Pues bien, eso es mentira y usted lo sabe. Primero, hace tiempo que no soy rector de la Universidad de Salamanca desde que esta gente me sustituyó.

Esa carta, acordada en claustro, no es mía sino de la universidad. No la redacté yo. Luego la puso en latín macarrónico un cura cerril.

Y ahora debo decirle que por muchas que hayan sido las atrocidades de los mandos rojos, de los hunos, son mayores las de los blancos, los hotros. Asesinatos sin justificación. A dos catedráticos a uno en Valladolid y a otro en Granada por si eran... masones. Y a García Lorca.

Da asco ser ahora español desterrado en España.

Y todo esto lo dirige esa mala bestia ponzoñosa y rencorosa que es el general Mola.

Yo dije que lo que había que salvar en España era la civilización occidental cristiana, pero los métodos no son civilizados sino militarizados, no occidentales sino africanos, ni cristianos sino católicos a la española tradicionalista, es decir anticristianos.

Esto procede de una enfermedad mental colectiva, de una verdadera parálisis general progresiva espiritual, no sin base de la otra, de la corporal. Sobre todo ahí, en esa corrompida Andalucía -de una parte y de otra- este estallido de repugnantes pasiones, resentimientos, envidias. Odio a la inteligencia, se manifiesta en invertidos, sifilíticos y eunucos masturbadores.

No es éste el Movimiento al que yo, cándido de mí, me adherí creyendo que el pobre general Franco era otra cosa que lo que es. Se engañó y nos engañó. (...)

Entre los hunos -rojos- y los hotros -blancos (color de pus)- están desangrando, ensangrentando, arruinando, envenenando y -lo que para mí es peor- entonteciendo a España. En la España que proclama como caudillo a Franco -personalmente un buen hombre víctima y juguete de la jauría de hienas- cabrá todo menos franqueza. Ni amor a la verdad. Pero ustedes, los de ABC, podrán seguir envenenando con mentiras, insidias, calumnias...

Le escribo esta carta desde mi casa donde estoy desde hace días encarcelado disfrazadamente. me retienen en rehén no sé de qué ni para qué. Pero si me han de asesinar, como a los otros, será aquí, en mi casa.

Y no quiero seguir. Aún me queda por decir.

Miguel de Unamuno

Salamanca, 11-XII-36.



A propósito de la frase -sí: de Goering- "cuando oigo la palabra cultura, saco mi pistola", se mencionó a Millán Astray y su escenita con Unamuno en Salamanca en el 36.

Juan Eslava Galán, en su libro "Una historia de la guerra civil española que no va a gustar a nadie" ( Planeta, 2006), nos cuenta la situación de modo muy gráfico: 12 de octubre de 1936, día de la raza. Zona nacional, celebración académica:

Salamanca, 12 de octubre

A media mañana no cabe un alma en el paraninfo de la universidad. Se va a conmemorar la Fiesta de la Raza. La noble sala presenta un animado aspecto, con los vivos colores universitarios, que contrastan con los vestidos de fiesta de las señoras, las camisas azules y los uniformes blancos de los falangistas, los uniformes verdes de los legionarios, los caqui de los soldados de tierra y los azul marino de los aviadores.

En la presidencia, en mesa corrida sobre el estrado, se acomodan doña Carmen Polo de Franco, don Miguel de Unamuno (el enteco rector magnífico que preside el acto en nombre de Franco), el cardenal Pla y Deniel, gordo y mofletudo, con su grueso anillo y su esclavina morada, y el general Millán Astray, descarnado, con su parche en el ojo, su horrible cicatriz en la cara y la manga vacía de su manquedad. Asisten, de público, otras autoridades de menor significación, y la inevitable cohorte de barandas y arrimados.

Don Miguel se sienta con gesto serio. Como está en desacuerdo con casi todo lo que está ocurriendo en el país, ha decidido no hablar más de lo estrictamente necesario. Se limitará a conceder la palabra a los oradores previstos.

El viejo pensador lleva en el bolsillo, y le quema, la carta desesperada de la esposa de su amigo, el pastor protestante Atilano Coco, al que van a fusilar por masón (en efecto, lo fusilarán el 8 de noviembre).

Uno de los oradores, Francisco Maldonado de Guevara, pronuncia una especie de mitin en el que denuncia a Madrid, Barcelona y Bilbao como vértices de la anti-España roja opresora de la parte sana del país. Unamuno, nervioso, crecientemente indignado por lo que oye, saca la carta de la mujer de Atilano y anota en el sobre los conceptos más peregrinos que el orador expresa.

- ¡No aguanto más! -se le oye rezongar-. ¡No quiero aguantar más! ¡Esto es una vergüenza!

Cuando termina el turno de oradores, el rector de Salamanca se yergue flaco, quijotesco y un punto tembloroso. Pasea su mirada de águila miope por el auditorio.

- Dije que no quería hablar porque me conozco -advierte, en medio del impresionante silencio-. Pero se me ha tirado de la lengua y debo intervenir. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (...) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva, mas no de inquisición.

"Se ha hablado también de catalanes y vascos llamándolos la anti-España; pues bien, por la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis. Ése sí es un Imperio, el de la lengua española, y no...

En ese punto, el general Millán Astray suelta un bufido, da un puñetazo sobre el tablero de la mesa y se levanta gritando:

- ¡¿Puedo hablar?! ¡¿Puedo hablar?!

Uno de los legionarios de escolta apresta su fusil ametrallador. Entre el público alguien grita la divisa de la Legión: "¡Viva la muerte!" Los espectadores, acojonados, se hunden en sus asientos. Millán Astray toma la palabra que nadie le ha otorgado:

-¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña son dos cánceres en el cuerpo de la nación! El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en carne viva y sana como un frío bisturí. La carne sana es la tierra; la enferma, su gente. ¡El fascismo y el ejército arrancarán a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional...!

El general legionario, repetidamente remendado, prosigue su parlamento con voz atropellada que espurrea saliva. Alude a los valientes moros que lo mutilaron, pero que hoy merecen su gratitud porque combaten contra los malos españoles. Se atropella al hablar, pierde el resuello.

El público prorrumpe en vivas a Franco, a España y al ejército. Unamuno adelanta una mano en solicitud de palabra. Se hace el silencio. El rector, con voz firme, explica su postura:

- A veces callar significa mentir; porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia (...) Quisiera comentar el discurso, por llamarlo de algún modo, de Millán Astray (...) Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes (...) Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de "¡Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que ¡muera la vida! Esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y no otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma (...) Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad del espíritu, suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él.

El general Millán Astray no es uno de los espíritus selectos (...) el general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía ver a España mutilada, como inconscientemente lo dio a entender...

Millán Astray, que se ha mantenido erguido, en posición de firmes, lanzando la mirada asesina de su único ojo al filósofo, no puede contenerse más y grita:

-¡Muera la inteligencia!

Acude al quite, con la pomada, José María Pemán, el fino escritor gaditano arrimado al séquito de Franco:

-¡No!- exclama conciliador-. ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!

Sobre el murmullo de la sala truena nuevamente la voz apocalíptica de Unamuno:

-¡Éste es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto (...) ¡Venceréis, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho.

En el salón, la gente se ha levantado. Se escuchan voces indignadas contra Unamuno. Llueven los insultos. Un tumulto de puños amenazadores se levanta hacia el filósofo. Esteban Madruga toma a Unamuno de un brazo e indica a doña Carmen Polo, que ha asistido al rifirrafe pálida y hierática, que le tome el otro. El obispo los acompaña con gesto de comparsa. Al salir, Unamuno tropieza y doña Carmen Polo lo sostiene.

-¡Dele usted el brazo a la señora! -Le grita Millán Astray.

En el pasillo doña Carmen suelta el brazo de Unamuno y se retrae discretamente del tumulto.

Juan Crespo, afiliado al partido monárquico, acompaña al rector a su casa. A partir de este momento, Unamuno estará vigilado por un policía de paisano que seguirá sus pasos en sus raras salidas. Prácticamente es un arresto domiciliario.

8/3/08

Reflexión del día




Ayer ETA llevó a cabo una brillante acción de guerra contra el opresor estado español matando a un currante en Mondragón. La mejor reflexión la escuché en la radio de boca de un amigo de Isaías Carrasco, con el que acababa de tomarse unos vinos: "Si pillo yo a esos hijosdeputa..."

Llevo toda mi vida oyendo a los políticos condenar atentados y hablar del fin de ETA y, la verdad, ya no queda margen para la originalidad. Sólo sería deseable que abandonaran la única novedad de esta legislatura, es decir, tirarse los muertos a la cabeza.

Prueba de que ETA está en fase terminal y ha perdido el Norte, si alguna vez lo tuvo, es que el asesinato, en términos políticos, a quien más perjudica es a la autodenominada izquierda abertzale.

Por una parte, porque muchos de quienes se perciben a sí mismos como izquierda abertzale están hartos de una violencia que, consideraciones éticas aparte, saben que los tiene metidos en un callejón sin salida. Están hartos de no poder defender sus ideas en el terreno político sin que su estrategia venga impuesta desde la banda. Esto ya llevó en su día a la escisión que dio origen a Aralar y, de seguir así las cosas, podría derivar en más defecciones.

Por otra, porque como es evidente, este asesinato lo único que consigue es aumentar su aislamiento y su pérdida de legitimidad. Por legitimidad entiendo -obviamente- su propia percepción de la misma.

¿Por qué ETA ha hecho esto? Por hábito. Tienen que recordar en campaña electoral que existen y que pueden seguir chantajeando -o intentando chantajear- a la población. Han atacado un "objetivo blando", un trabajador que no tomaba especiales precauciones, que no tenía escolta y cuya única relevancia consistía en haber sido concejal de su pueblo y militar en un partido y un sindicato. El mero hecho de la cantidad de disparos realizados marca la diferencia entre los asesinos profesionales de antaño y los aficionados de ahora. El objetivo y la ejecución del crimen, aunque exitosa, deja patente las carencias de la banda.

¿Por qué se empecinan en seguir haciendo estas cosas? Porque son su única razón de ser. La única razón de ser que tiene ETA es seguir arrastrando su miserable existencia. Un terrorista que vive en la clandestinidad ha renunciado a llevar una vida normal. Diga lo que diga una propaganda de primero de guerra psicológica que a mi juicio es errónea, un terrorista vive mal: con pocos medios (como han revelado las últimas operaciones policiales), en un estado de estrés perpetuo y, sobre todo, sin relacionarse con nadie que no pertenezca a su entorno. Son, antes que nada, una secta.

Sólo alguien con el cerebro lavado puede considerar seriamente que Euskal Herria es un país oprimido, sujeto a la ocupación militar de España y Francia. Y, sin embargo, muchos lo consideran así. Durante un tiempo, pudo hablarse de ello. Pero eso se acabó en los años 80. Muchos de quienes en tiempos fueron dirigentes de la banda o algunos de sus más eficientes asesinos han llegado a la conclusión, tras largos años de cárcel, de que los asesinatos no llevan a ninguna parte. Eso es porque han adquirido perspectiva. Aunque no se arrepientan (debe ser muy duro asumir que durante muchos años de tu vida has sido un asesino sanguinario por nada y que estás en la cárcel por nada) al menos enfocan la situación política de un modo realista, compatible con la manera de pensar de una persona relativamente normal.

Muchos de los antiguos militantes de ETA tenían una honda motivación política. Incluso formación política. Reaccionaban ante una situación que, en su momento, existió. Cualquiera podía percibir que, hace ya mucho tiempo, el Estado ejercía violencia. Violencia, todo hay que decirlo, provocada en buena medida por la propia banda según el clásico esquema acción-reacción. Pero hoy ya no es así de ninguna manera.


Hace mucho que se reproduce el mismo esquema: cuando una generación de etarras se hace mayor y empieza a darse cuenta de que la realidad existe más allá de sus entelequias ideológicas, los jóvenes a los que ellos mismos vendieron la moto en su momento, deciden que son unos traidores y optan por seguir por el mismo camino, dando cabezazos contra el muro y sintiéndose importantes porque pueden matar y dar miedo.

El problema es que en Euskadi, quienes hoy nutren las filas de ETA o sus escalones previos dedicados a la guerrilla de baja intensidad o a la mera propaganda, son meros radicales antisistema. Gente que es incapaz de adaptarse a la sociedad en la que los ha tocado vivir y que en el resto de España se limitarían a ir por ahí con una cresta y una litrona y, de vez en cuando quemar algún contenedor en una manifestación. En Euskadi, hay una infraestructura ideológica que les da cobertura para que piensen que están haciendo algo. Para que se sientan alguien. Un fracasado quiere sentirse alguien. Y ETA, hoy por hoy, no es más que una peligrosa terapia -temporal- para fracasados.

1/3/08

Cuando oigo la palabra cultura, saco mi pistola



La frase del título se atribuye por lo general al Reichsmarschall Hermann Goering (o Göring, según las grafías) y, reconozco que, al igual que le pasa a Mariano Rajoy, he acabado por entender a qué se refería.

La amiga Marisheli, nos ha enviado un tesoro, pero como es tímida y no lo publica ella, pues lo cojo y lo hago yo como vicario in partibus.

Tengo mi anécdota personal con el autor, que todos los clientes se conocen: estaba yo hace cosa de 12 años en mi caseta de la feria del libro antiguo en Recoletos. Era la hora de los profesionales, es decir: un día entre semana a la hora de comer, cuando uno puede huronear apacible y distendidamente , libro por libro sin que nadie te de el coñazo, y ahí estaba José Luis Sampedro en la caseta, mira que te mira.


Al otro lado del mostrador ("tablero" en la jerga del oficio), había un chaval de unos 14 años que lo miraba arrobado. Le sonrío. Me sonríe. Me tiende un cuaderno y un bic y me dice:

-- ¿Le puede pedir un autógrafo?

Yo me quedo impresionado, pero, consciente de mi función de difusor de la cultura y adiestrador de las jóvenes generaciones, le digo:

-- ¿Qué dices? pasa y pídeselo tú.


El mensaje es: aquí todos somos lectores. Somos iguales. Raymond Chandler publicó su primera novela a los 56 años.


El chaval pasa a la caseta, acojonado, y se dedica a seguir con veneración las evoluciones de JLSP a respetuosa distancia, hasta que el eximio autor se percata de que está pasando algo raro y le mira desde su altura (física: el tipo es viejo, pero muy alto)


El chaval le tiende el cuaderno y el bic y a duras penas acierta a balbucear:

-- Autógrafo.

JLSP lo mira, atónito. Coge el cuaderno y el boli y le firma.

El chaval se va encantado de la vida.

JLSP me mira muy extrañado, mientras me tiende el libro sobre el que se apresta a regatear formalmente y me dice:

-- "Debe haberme confundido con un jugador de baloncesto".

Bueno, ya he contado la batallita introductoria y ahora, la chicha:


Creo que firmándolo J.L. Sampedro merece la pena difundirlo


POR EL PLACER DE LA LECTURA: La SGA (Sociedad General de Autores) ataca de nuevo. Escrito y firmado por José Luis Sampedro, escritor, filósofo y buena gente. POR LA LECTURA


Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.



Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.


Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo.


Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio.


b) es objeto de una sanción.


Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?


Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra.


Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.


¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!


José Luis Sampedro


Si estas de acuerdo, pásalo. Por el placer de la lectura.

23/2/08

Reflexiones resacosas


Nueva temporada de charlas insustanciales en el bar acerca de a qué mercenario de los ricos pretende uno dar el visto bueno con su voto. De momento, a ninguno. Sorprende observar que, a estas edades, el principal factor de decisión es el hábito. Contertulios que eran del PC in illo tempore, ahora -por hábito- votan a IU. Ya me dirán ustedes qué coño tiene que ver esa cosa rojiverdefucsiatricolorarcoiris descafeinada con leche semidesnatada y sacarina con la historia de cada cual, pero así es la vida. Bueno, a mí Rajoy no me pone, pero es que, qué le vamos a hacer: es que yo soy facha. ZP es un horror (reconozco en privado) y aborrezco profundamente a Ramoncín, pero... ¡es que uno es "de izquierdas"!

Mientras tanto, los aparatos de los partidos, nuestros parásitos presos de los pedagogos y de los asesores de imagen y mercadotecnia, siguen gastándose la pasta ingente que les han prestado a fondo perdido los bancos, para seguir teniéndolos cogidos por las pelotas, en esas campañas electorales cuya única función es la litúrgica: hay que adornar la coartada electoral con la solemnidad requerida.

Dicho lo cual, mencionaré lo de Kosovo. ZP está perdiendo una formidable oportunidad de escenificar el papel de Führer-Canciller de la octava potencia mundial, según nos cuentan. Si tuviera un poco más de autoestima, habría dado una rueda de prensa con Putin diciendo que no tragan y retiraría las tropas de los alrededores de esa colonia que Estados Unidos se ha fabricado en Europa. Anda que vaya cara que se le iba a quedar al marido de Carla Bruni, que ejerce de Aznar aún con menos complejos.

Me la refonfinfla el tema de la legalidad internacional, terrible ente de ficción que sólo sirve a los intereses del que manda de facto. La legalidad internacional consiste en que el que tiene la fuerza, la ejerce y hace lo que le da la gana si es que puede (o mientras puede)

Si mañana los catalanes o los vascos decidieran por una mayoría razonable (que me confieso incapaz de cuantificar) independizarse del Reino de España, a mí me daría mucha pena, pero no soy capaz de encontrar un argumento decente para oponerme a ello. Lo que me pasa es que entiendo que la burguesía pudiente de ambas zonas quiera dejar de ser plato de segunda mesa. en cambio, me parece hilarante que gente que se proclama "izquierdista" les haga el trabajo sucio.

En mis tiempos había una cosa llamada internacionalismo proletario. Se suponía que el capital no tiene patria (lo que es evidente) y los trabajadores, pues tampoco, oiga. Se suponía que las patrias son conceptos pergeñados para sujetar al populacho por la vía de la pertenencia a la tribu, concepto tan eficaz que me impele a cantar con mucho sentimiento "En tierra extraña" cada vez que nos comemos un cabrito en el Ávila, sobre todo si está la Cheli.

Ahora resulta que las patrias, si son pequeñitas y homogeneas son una cosa progresista.

En realidad, lo que son es un puto manejo de los gestores de las multinacionales (explotando hábilmente impulsos tribales) para reducir los Estados mínimamente controlables por sus ciudadanos y proveedores de sanidad, educación y pensiones, a la mínima expresión a fin de poder apretarlos sin excesivo esfuerzo. Se trata de que el Estado, cuya función original -como no me canso de repetir- es la de tener una Hacienda que robe a los pobres para dárselo a los ricos (vbgr., eximiendo de impuestos a la macrofusiones o rescatando bancos en quiebra y, en nuestro caso particular, financiando sectas de filiación caníbal) y un Aparato Represor (A.P.) que mantenga aquietados a los pobres mientras los ricos les roban, se trata, digo, de que el Estado sea lo más débil posible y que haga lo que tiene que hacer: ser un señuelo para que el vulgo promiscuo se distraiga y le eche la culpa de sus males al actor de turno, que puede ser, tan legítimamente como el seleccionador de fútbol, el presidente del gobierno.

Espero que el 9-M no llueva y haga un día tan estupendo como el de hoy en los Madriles. Para emplear el domingo en un paseíto por la Pedriza.

19/2/08

No pudo resistirlo

Mis atentos lectores recordarán que allá por el mes de julio el Prof. Borodin me envió esta foto tomada por él mismo y que causó cierta sensación:





Pues bien, el mismo Prof. Borodin actualiza la situación. Nadie mejor que él mismo para exponer el caso, así que le cedo la palabra:



"Lo comprendo, yo soy fuerte pero no todos tienen esa fortuna... verlo dia tras dia, varias veces al dia, pensar en ello, notar como la respiracion se te acelera cada vez que lo rememoras. Despertarte una noche pensando, no en tu familia, no en tu trabajo, no en tu hipoteca, no, sino en "ello". Y un dia, en un momento de debilidad los nervios fallan. Tenemos que comprenderlo."


He aquí: